viernes, 26 de agosto de 2016

El peso de la identidad, por J. A. Pérez y F. Molina




El peso de la identidad. Mitos y ritos de la historia vasca
José Antonio Pérez y Fernando Molina, Editorial Marcial Pons, Madrid (2015), 344 páginas
Coeditado con el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda.

La historia contemporánea vasca exhibe un repertorio narrativo en el que pueden detectarse lenguajes, conceptos y relatos estrechamente vinculados a una memoria colectiva caracterizada por el sobredimensionamiento de la identidad territorial y de su peso en el pasado. Las inconsistencias de este repertorio de cara a comprender adecuadamente esta historia tanto en el marco geográfico vasco como, ocasionalmente, en el navarro constituyen la trama principal de este libro. Sus nueve ensayos diseccionan el ritual narrativo generado en torno a la historia contemporánea vasca por historiadores, políticos, periodistas y científicos sociales en el siglo XX y principios del XXI. Comprender este ritual y sus referentes míticos ayuda a entender por qué determinados períodos, tiempos y fenómenos han sido tan enfatizados e, incluso, manipulados de manera artificiosa, mientras otros han sido silenciados o ignorados. El peso de la identidad aborda, en definitiva, la conflictiva relación que mantienen la historia como disciplina científica y la memoria como referente comunitario.


ÍNDICE:

LOS AUTORES

INTRODUCCIÓN. LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE LA NACIÓN EN LA HISTORIA VASCA, por Fernando Molina Aparicio y Jose A. Pérez Pérez

I. NAVARRA, ENTRE MADRE DE EUSKALERRIA Y "NUESTRO ULSTER", por Ángel García-Sanz Marcotegui
-Las dificultades del PNV para establecerse en Navarra
-La descalificación permanente de los restantes partidos políticos
-El escollo de la Ribera, "el Ulster Navarro"
-El profundo significado del rechazo del término "vasco-navarro"
-Viejos y nuevos problemas en la actualidad

II. LOS SÍMBOLOS DEL PAÍS VASCO. ¿CON CUÁLES NOS QUEDAMOS?, por Félix Luengo Teixidor
-Las banderas
-Los escudos
-Los himnos
-Las festividades
-Otros posibles referentes simbólicos

III. EL SÍNDROME DE JERUSALÉN. ¿LOS VASCOS Y LA RELIGIÓN?, por Joseba Louzao Villar
-Y en el principio estaba Túbal: de los orígenes y la filiación
-Quien dice vasco, dice católico
-Un imaginario para dos naciones
-El desplome de un imaginario
-Conclusión

IV. DE LA VIDA RURAL VASCA. CASERÍOS, CASEROS Y CUENTOS, por Pedro Berriochoa Azcárate
-El labrador propietario
-El labrador intrahistórico
-El labrador virtuoso

V. LA ÚLTIMA ETAPA FORAL. UN PAÍS SIN HISTORIA SOCIAL NI GENTE CORRIENTE, por Rafael Ruzafa Ortega
-Historia y memoria
-Sesgaduras de una historia política, ideológica, institucional
-Notables sólo tratados desde la res pública
-La vida local y popular

VI. LOS DERECHOS HISTÓRICOS. ¿UN INSTRUMENTO PARA LA DESARTICULACIÓN DE LA NACIÓN ESPAÑOLA?, por Javier Corcuera Atienza
-Fueros y nacionalismo vasco
-Los derechos históricos en la constituyente
-Derechos históricos y derecho a la diferencia
-Comunidad nacionalista y construcción de la nación
-La racionalización del carisma y sus límites
-Devaluar la autonomía. La vuelta a la radicalización ideological
-Ermua
-Ibarretxe, lehendakari (enero de 1999-mayo de 2009)
-Propuesta de (des)articulación con la nación española
-Una nueva etapa

VII. «EL CONFLICTO VASCO». RELATOS DE HISTORIA, MEMORIA Y NACIÓN, por Fernando Molina Aparicio
-La poética del "corazoncito"
-El problema vasco
-El "conflicto vasco"
-Los tropos del "conflicto"
-Un lugar de memoria abertzale
-Conclusión

VIII. LA MEMORIA HISTÓRICA DEL FRANQUISMO Y LA TRANSICIÓN. UN ETERNO PRESENTE, por José Antonio Pérez Pérez y Raúl López Romo
-El pueblo vasco bajo el franquismo. Dos versiones de un mismo relato
-Un pueblo elegido y martirizado
-La violencia como elemento mítico de la lucha antifranquista
-El (inconcebible) franquismo vasco
-La "memoria autonomista"
-La transición banalizada: usos políticos y vacíos historiográficos
-La transición impugnada: la "reforma" del regimen
-Conclusiones

IX. LAS VÍCTIMAS. DEL VICTIMISMO CONSTRUIDO A LAS VÍCTIMAS REALES, por Luis Castells Arteche y Antonio Rivera Blanco
-La construcción del "nosotros" doliente
-La explotación del "nosotros" doliente
-Las víctimas reales como contradicción del pueblo víctima

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO

lunes, 22 de agosto de 2016

Linaje de Arbelaiz de Irún


El Palacio de Arbelaiz fue la casa nobiliaria más representativa de la guipuzcoana villa de Irún durante la Edad Moderna. Está situado en la calle de la Iglesia, en las cercanías de la plaza de San Juan. Fue construido en el siglo XVI por el arquitecto italiano Tiburzio Spannocchi, renombrado ingeniero militar al servicio de los reyes Felipe II y Felipe III.

Fue la casa nobiliaria del linaje de Arbelaiz de Irún, poderosa familia que permitió que en ella se alojaran reyes de España durante sus viajes con destino a Francia, como Carlos II de Habsburgo, o Felipe V y Carlos IV de Borbón. El palacio tenía un pasadizo secreto que se comunicaba con las marismas de Francia y permitía el paso de confidentes y espías por un postigo que salía a los juncales, que se inundaban en las mareas crecientes.


PALACIO DE ARBELAIZ


Por orden del rey Carlos II, firmada el 9 de marzo de 1685, tuvo el privilegio a colocar en su puerta una cadena como galardón por haber sido estancia real de Isabel en 1679, durante los tránsitos regios fronterizos.

El escudo de armas del linaje Arbelaiz de Irún y Oyarzun consiste en un campo de plata, un rombo rojo cargado de un castillo de plata sobre ondas de agua en blanco y azul. En los dos cantones superiores se sitúa un águila negra, y en los inferiores un lobo.


ESCUDO DE ARMAS DE ARBELAIZ


La familia Arbelaiz mantuvo estrechas relaciones y reconocidos servicios a la Corona española:

Jacobo de Arbelaiz y Anchoarena, natural de Irún, fue gran servidor del rey Felipe II, el cual le nombró correo mayor de su villa. Desde 1560 a 1583, año en el que murió, Acobo de Arbelaiz ofreció reconocidos servicios al suministrarle interesantes confidencias del otro lado de la frontera, en Francia. Además, numerosos contactos escritos entre Felipe II y su hermano Juan de Austria fueron posibles gracias a la intervención de Jacobo de Arbelaiz durante la Guerra de Flandes.

Hijo de Jacobo fue Juan de Arbelaiz y Bulano, miembro de la Orden militar de Santiago desde 1618, continuó ejerciendo el mismo cargo que su padre en el desarrollo de misiones de la mayor confianza. El rey recompensó a Juan de Arbelaiz con un sueldo de 60 ducados al mes, más el cargo de correo mayor de San Sebastián e Irún durante toda su vida, concedido en 1615.

Su hijo Jose de Arbelaiz y Olaiz fue capitán y primer diputado de Irún en 1671. Desempeñó el mismo puesto en la frontera, y ofreció alojamiento en su casa a la reina Isabel en 1679, y por ello le concedió Carlos II la gracia de poner la cadena en la puerta. Ingresó en la Orden de Santiago en 1679.

Hermano de Josef e hijo de Juan fue Lucas de Arbelaiz, también nacido en Irún. Fue marino de guerra que luchó contra la escuadra de Luis XIV de Francia. Después de 28 años de servicios prestados en diversas escuadras y armadas, fue ascendido a almirante honorífico para la recuperación de Mesina (Sicilia) en abril de 1677, aun durante el reinado de Carlos II. Murió en Irún en 1696. La pinacoteca  municipal del ayuntamiento de Irún guarda un retrato de Lucas de Arbelaiz, pintado por F. Guevara. También fue caballero de la Orden de Santiago su hijo Juan de Arbelaiz y Berrotaran en 1705.


RETRATO DE LUCAS DE ARBELAIZ

jueves, 18 de agosto de 2016

Literatura historiográfica en el Medievo


La temática de la obra historiográfica española de la Edad Media se divide en dos periodos: la Reconquista y el periodo renacentista. Algunos navarros y vascos fueron eminentes cronistas de una Historia común a todos los Reinos hispánicos del Medievo.

El historiador navarro natural de Puente la Reina y arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, fue el alma de la memorable batalla de las Navas de Tolosa en 1212 y un destacado cronista, hasta el punto de haber sido clasificado como "padre de la historia de España". Fundamentalmente, su mérito reside en que utilizó un método crítico como historiador, cuestionando inteligentemente sus fuentes, haciendo uso de la documentación y recurriendo a fuentes árabes para contrastar sus datos, aspecto sumamente valioso, pues entonces sólo la historiografía árabe prestaba aprecio al ámbito económico y social.

Su obra más conocida es De rebus Hispaniae, también conocida como Cronicón de las cosas sucedidas en España, Historia gótica, Rerum in Hispania gestarum libri IX o Crónica del toledano, en la que describe la historia de la península Ibérica hasta 1243. Realizó la primera crónica de la legendaria batalla de Clavijo, escrita en latín, que sigue el modelo de la Crónica najerense, llegando a convertirse en fuente de primer orden para la Estoria de España de Alfonso X el Sabio. La obra fue traducida pronto al romance y, por estas dos vías, influyó enormemente en la concepción de una historia de España unitaria dominante hasta el siglo XV.


DE REBUS HISPANIAE


Asimismo escribió una interesantísima Historia arabum, excepcional en la época por su atención a la cultura arabo-islámica, y un Breviarum Ecclesiae Catholicae.

La expansión de De rebus Hispaniae de Rodrigo Ximénez de Rada por toda la península dio lugar a una difusión general del tema del elogio a la España "perdida" por la invasión árabe en el 711. El laude a esa España en periodo de Reconquista se encuentra en las traducciones de dicha Historia, del latín a las lenguas peninsulares, y en aquellas obras influidas por el tudense o que cuentan con la Historia Gótica de éste entre sus fuentes.

Como ejemplo se encuentra la versión al catalán, abreviada y añadida en otras partes, conocida con el nombre de Crónicas de Mestre Rodrigo de Toledo, y es que Rodrigo Xímenez fue también conocido como "el toledano" por ser arzobispo de aquella ciudad. En un capítulo se dedica a tratar de “com entre les altres partides e provincies del mon sia Spanya en Nobleida de moltes riqueses o de grans nobleses de que fa testimoni un philosoff apellat Lucha”. Con más razón, por cuanto se sigue más fielmente el texto traducido, el tema aparece también en Ribera de Perpejá (s. XIII). Pero más interesante es comprobar la subsistencia del mismo aun en Turell, a pesar de la brevedad de su relato, cuando apenas comenzado éste hallamos la referencia a tanta “bella obra como se mostra en Spanya”.


RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA


Fray García de Eugui, el obispo de Bayona, escribió en el siglo XV, una Crónica de los fechos subcedidos en España, desde sus primeros señores hasta el rey Alfonso XI. Se trata de un cálido elogio ("la tierra que Dios bendijo…"), con elementos tomados a la tradición, pero con una elaboración muy literaria, sin olvidar el tópico del lamento por la pérdida de Hispania bajo el poder de los moros.

La obra de "el Tudense" renueva el sentido hispánico de nuestra historiografía, dota a España de una continuidad que no se quiebra desde los orígenes hasta su momento presente, siendo la invasión árabe, un paréntesis que, por su propia condición de tal, postulaba que un día había de ser cerrado. Desde entonces, España aparece como un todo en el tiempo, como un largo proceso seguido, que tiene un mismo comienzo y un desarrollo común.

A la historiografía de estos dos historiadores navarros y a las Crónicas de Alfonso X, se debe la expansión por la península de la nueva concepción de España. Y a estos tres se debe la aparición en todas partes de manifestaciones de una historiografía española, cuyo objeto propio es España.


PEDRO LÓPEZ DE AYALA


El canciller de Castilla y señor de Ayala, el alavés Pedro López de Ayala escribío unas Crónicas de los reyes Pedro I, Enrique II, Juan I y una parte de la de Enrique III. Entre otros muchos acontecimientos, relató los frecuentes enfrentamientos de la Marina castellana contra ingleses y otros enemigos por la hegemonía en el Atlántico.

A mediados del siglo XV, unos de los más poderosos Parientes mayores Lope García de Salazar escribe las Las Bienandanzas e Fortunas, un valioso documento de carácter histórico y legendario. García de Salazar es una de las figuras más eminentes en la historia de la Vizcaya medieval, gran conocedor de su linaje y de los de Vizcaya, fue el más destacado cronista de las feroces discordias banderizas.

Bienandanzas e Fortunas se trata de una historia en veinticinco libros desde la creación del mundo hasta su propia época, en ella aborda la historia de España y termina describiendo las luchas entre clanes nobiliarios de las provincias vascas durante los siglos XIV y XV. Sus principales fuentes son las crónicas castellanas, pero también se sirve de noticias, tradiciones e informaciones familiares. También aborda hechos legendarios como la batalla de Arrigorriaga.

Otra de sus obras más importantes fue Crónica de siete casas de Vizcaya y Castilla de 1454. Sobre los orígenes de Vizcaya, Lope García de Salazar señala que en un principio perteneció a los reyes de León y luego a los condes de Castilla.


LOPE GARCÍA DE SALAZAR


 El Príncipe de Viana, Carlos de Carlos d'Evereux y Trastámara, rey de Navarra, destacó por su faceta de humanista, mecenas y poeta de cancionero. Tradujo a los clásicos, escribió una Crónica de los reyes de Navarra, compuso obras poéticas, mantuvo correspondencia con los sabios de la época y favoreció a varios poetas navarros, catalanes, valencianos, aragoneses y castellanos, como Ausias March o Joan Roïç de Corella.

Es autor también de Lamentación a la muerte del rey don Alfonso, Tratados de los milagros del famoso santuario de San Millán de Excelsis y Cartas e requestas poéticas. Y redactó una Epístola a todos los valientes letrados de España.

Cerrando el panorama del siglo XV está Francisco de Navarra, nacido en Tafalla a fines del siglo XV e hijo del mariscal Pedro de Navarra. Jurista y cronista a quien se le atribuye una Historiografía general de España, pero cuyo texto no es conocido.


EL PRÍNCIPE DON CARLOS DE VIANA, POR JOSÉ MORENO CARBONERO (1881)


sábado, 13 de agosto de 2016

Juan de Gamboa

Capitán general de Guipúzcoa durante el reinado de los Reyes Católicos y alcalde de Fuenterrabía que lideró la resistencia al sitio de 1476



Juan de Gamboa nació en Motrico en la primera mitad del siglo XV. Era miembro de la nobleza guipuzcoana, perteneciente al linaje de los Gamboa, que encabezaban el bando de los gamboinos. Pero se sabe si tomó parte en su juventud en la fase final de las Guerras de Bandos, ya que su linaje fue expulsado de Guipúzcoa en 1457 tras la petición formalizada por las hermandades municipales de la provincial al rey de Castilla contra los señores feudales. 

Una década más tarde, Juan de Gamboa servía al rey de Aragón, Juan II de Navarra. En 1468, durante la Guerra civil catalana, protagonizó un hecho de armas que le proporcionó fama y honores. Juan II sitiaba el castillo de Peralada, cerca de Figueras, cuando un ejército francés, al mando del duque de Anjou, atacó por sorpresa a los sitiadores. Juan II se halló expuesto a quedar prisionero, pero el valor personal de Juan de Gamboa, con un pequeño grupo de hombres, evitó que el rey aragonés cayese en manos de sus enemigos franceses. Gamboa recibió once heridas. Ante este heroico suceso, Juan II le armó caballero y le concedió un título de nobleza de Aragón.

Unos años más tarde Juan de Gamboa pasó al servicio del hijo de Juan II, el infante Fernando de Aragón, que luchaba por defender el derecho al trono de Castilla de su mujer, la reina Isabel I en la denominada Guerra de Sucesión Castellana. También participó en la lucha contra los navarros de Juan de Albret. 

Entonces era coronel de los tercios guipuzcoanos y vizcaínos, liderando a estas tropas en varios sucesos bélicos que se produjeron en dicha guerra, durante 1475 y comienzos de 1476, como el cerco del castillo de Burgos, el suceso bélico de Zamora y la batalla de Toro.

En marzo de 1476 un enorme ejército francés, que acudía en apoyo del partido de Juana la Beltraneja, trató de entrar en Castilla a través de Guipúzcoa cruzando el río Bidasoa. Juan de Gamboa, alcalde de Fuenterrabía, acudió al mando de 1.000 hombres a reforzar la plaza fuerte de esta villa. Durante 3 meses, los franceses, al mando de Alano de Albret trataron de abrirse paso conquistando Fuenterrabía. Los hombres de Gamboa soportaron un sitio de tres meses hasta que en junio los franceses abandonaron su empeño de entrar en Castilla y levantaron el sitio. Esta acción fue clave que el Ejército de Francia concluyera su participación en la Guerra civil castellana, lo que favoreció la victoria final de los futuros Reyes Católicos.



DEFENSA DEL SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1476


Siendo Gamboa alcalde de la plaza, dirigió la construcción del crucero de la iglesia, ganándose a cambio el derecho a ser enterrado en la capilla mayor, donde tenía un túmulo, además de colocar su escudo de armas de la casa de Zarauz y Gamboa, del cual quedan todavía muchos ejemplares labrados en piedra, en las bóvedas del altar mayor.

Isabel y Fernando recompensaron la fidelidad demostrada por Juan de Gamboa y fue nombrado entre otros cargos caballerizo mayor de los Reyes Católicos y miembro del Consejo del Reino, así como capitán general de Guipúzcoa y de las fronteras de Navarra y de Francia. 

Durante este tiempo se encargó de la defensa de la estratégica plaza de Fuenterrabía y de ese flanco de la frontera de Castilla, frente a posibles ataques franceses o navarros. Falleció en 1498 y fue enterrado en la localidad fronteriza de Irún.



ESCUDO DE ARMAS DE GAMBOA EN RENTERÍA

viernes, 5 de agosto de 2016

Joseph Nicolás de Aizpurua

Natal de Usúrbil, Joseph Nicolás de Aizpurua fue biznieto del capitán de Maestranza en Cantabria Gerónimo de Echeveste e hijo del constructor Gerónimo de Aizpurua y Echeveste. Desde su infancia, se dedicó a la construcción de navíos aprendiendo de su padre, Gerónimo de Aizpurua.

Hasta 1750, Joseph Nicolás estuvo empleado en la fábrica de navíos en los astilleros guipuzcoanos. Aquel año, se fue a trabajar con su padre al Real Arsenal de El Ferrol. Su estancia en el Departamento de Marina gallego, aunque corta, fue muy fructífera y provechosa para su formación como constructor. Por una parte, porque le sirvió para estudiar el método de construcción naval inglés con las enseñanzas que in situ le impartió el ingeniero Rooth. Y por otra, porque pudo poner en práctica estos conocimientos, trabajando bajo la dirección de su maestro en la manufactura del navío Gallardo de 72 cañones.

Terminada las obras de esta fábrica, allá por el año 1754, regresó, junto a su padre, a la casa familiar que tenían en Usúrbil. A partir esta fecha, y gracias a la inmensa práctica e inteligencia adquirida en El Ferrol, se dedicó a la manufactura de diferentes navíos para los particulares.

Sin embargo, su anhelo era volver a servir a su magestad, pero hacerlo sin tener que moverse de su lugar de origen. Así, en 1778, expuso al ministro de Marina Castejón su disposición a fabricar en los astilleros de Aguinaga, ubicado en Usúrbil, bien por quinta del rey o bien por vía de asiento, fragatas de 20 a 24 cañones procurando construirlas en las mejores condiciones.

Castejón le contrató como maestro ayudante de construcción de Juan Bauptista de Donesteve para el paquebote San Román que se hizo en el nuevo astillero de Santa Catalina, situado en San Sebastián. Y porque en el siguiente decenio, fue la persona encargada de efectuar las relaciones de los carpinteros que trabajaban para el rey en los astilleros guipuzcoanos, y en concreto, en los de Usúrbil.


NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII

martes, 2 de agosto de 2016

Nacionalismos vasco y catalán en la historia contemporánea





Una historia chocante: los nacionalismos vasco y catalán en la historia contemporánea de España
Pío Moa, Ediciones Encuentro (2004), 679 páginas

Los nacionalismos vasco y catalán, complicado el primero con el terrorismo, constituyen sin duda el reto más arduo y complejo que se presenta a la España democrática en estos principios del siglo XXI. A pesar de ello son muy poco conocidas del público en general, incluso del público culto, las ideas de esos nacionalismos, su evolución histórica y aspiraciones reales. Esta falta de información afecta también a gran parte de los propios nacionalistas. De ahí que las impresiones y opiniones más extendidas al respecto sean a menudo infundadas o contradictorias.

Se han publicado numerosos libros, a menudo muy valiosos, en torno a uno u otro nacionalismo, o en torno a aspectos de los mismos. Sin embargo nunca hasta ahora se había abordado un estudio conjunto de ambos, en sus semejanzas y diferencias. Este libro está enfocado, además, desde el punto de vista de la interrelación de los dos movimientos con otros como el socialismo o los nacionalismos españoles, y de su influencia en la historia general del país.

Por esa razón Una historia chocante constituye una auténtica novedad en el panorama historiográfico español y una contribución clave al conocimiento de la evolución de España en el siglo XX y hasta la actualidad más próxima.

domingo, 31 de julio de 2016

Ortuño Urtíz de Urkullu


Expedicionario del descubrimiento del océano Pacífico en 1513 a las órdenes del capitán Vasco Núñez de Balboa




Había nacido en la villa vizcaína de Baracaldo, por lo que también fue conocido como Ortuño de Baracaldo, costumbre bastante generalizada entre las personas que se trasladaban a América, que cambiaban su apellido paterno por un topónimo del pueblo del que procedía. Sus padres fueron Juan Urtíz de Urkullu y María López de Urkullu, que vivieron en la segunda mitad del siglo XV en el lugar de Urkullu, del que tomaron el apellido, situado en el valle de Baracaldo, y tuvieron cinco hijos: Juan, Sancho, Ortuño, María Sáez, y Juana.

Casado con Marina de Iguliz, tuvo un hijo, también llamado Ortuño, conocido por el apellido materno: Ortuño Iguliz de Urkullu. Este se dedicó al comercio naviero, sobretodo en la ruta que naos de Somorrostro, Portugalete y Sestao hacían en el siglo XVI dos veces al año desde las aguas del Ibaizabal hasta Flandes o Sevilla.

Ortuño Urtíz de Urkullu fue uno de los primeros españoles en navegar a Indias, hacia donde partió en 1508, en los inicios del descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo. Allí pasó a la historia por ser uno de los expedicionarios que acompañaron al capitán Vasco Núñez de Balboa en el descubrimiento del océano Pacífico (Mar del Sur) en 1513. También fue uno de los primeros vecinos de la ciudad de Panamá, que fundó Pedrarias Dávila el año 1519.

Permaneció 33 años en América sin volver a su tierra natal. Allí mantuvo relación con una india y tuvo un hijo al que llamó Juanico de Baracaldo. Murió en la ciudad en 1529.

El cronista Gonzalo Fernandez de Oviedo y Valdéz en su Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano lo incluyó en la relación de hombres que formaban parte de la expedición con el nombre de "Ortuño de Baracaldo; vizcaíno". Siglos más tarde, en 1845, lo citaba Manuel José Quintana en su obra Vida de los españoles célebres, que hacía referencia a la Historia General del cronista Fernandez de Oviedo. Otras Fuentes han citado a Ortuño como Antonio, Urtún, Ortún, Furtún, Hurtún, etc. Por ejemplo, el escribano real Andrés de Valderrábano lo citó como Antonio de Baracaldo.