sábado, 31 de enero de 2015

Vascos en la Expansión del Virreinato de la Nueva España


Después de la primera ola de aventureros que conquistaron la Gran Tenochtitlán y fundaron el Virreinato de Nueva España, la actividad expedicionaria y descubridora de los colonizadores españoles continuó dirección norte, gracias a la intervención de linajes vascongados como los de Oñate, Ibarra y Tolosa. La aportación a la colonización por parte de estas familias de origen vasco se basó en la fundación de ciudades, la explotación de las minas de plata de Zacatecas y de Guanajuato (tan importantes para el futuro del Imperio), el desarrollo de las provincias de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo México, la apertura al comercio y la minería, la organización de la administración y el gobierno, y la pacificación y evangelización de las tribus indígenas.

Cristóbal de Oñate natural de Oñate (Guipúzcoa), perteneció por nacimiento a la ilustre Casa de Haro, cuyos orígenes se remontan a la época medieval. Llegó a los territorios que poco después constituirían el virreinato de Nueva España en 1524, con sus sobrinos Juan y Vicente de Zaldívar Oñate.

En 1529, los Oñate acompañaron a Nuño Beltrán de Guzmán en su expedición hacia el noroeste de México, recorriendo Nayarit, Jalisco, Colima, Aguascalientes y parte de Sinaloa, Zacatecas y San Luis de Potosí. Toda esa zona fue llamada Nueva Galicia, siendo Cristóbal de Oñate el vicegobernador. Durante la expedición, Cristóbal Oñate, con el grado de capitán, conquista la ciudad de Zapotlanejo a los tecuexes. Así mismo, intervino en la fundación de varias ciudades: Compostela y Tepic (1530) en el actual estado de Nayarit, y Zacatecas y Guadarajara (1530) con el nombre de Espíritu Santo.


ESTATUA DE CRISTOBAL DE OÑATE


En estas conquistas y fundaciones participaron familiares suyos como Juan de Oñate, algunos de los cuales son protagonistas en futuras expediciones como los hermanos Diego y Manuel de Ibarra, Juan de Tolosa, Andrés de Urdaneta y Ortiz de Zúñiga, y numerosos vascos más: Santiago Aguirre, Jerónimo E. Arceniega, Juan Anuncibay, Iñigo P. de Anuncibay, Domingo Arteaga, Alfonso Gaztañaga, Juan Labastida, Miguel Landeta, Diego Mendoza, Jerónimo Orozco, Martín de Rentería, Juan Salcedo, Juan Samaniego, entre otros.

La búsqueda de metales preciosos fue un gran atractivo y motivación en la actividad expedicionaria de los vascos. Es significativo el hecho de que sean tres vascos entre cuatro españoles, los fundadores reconocidos en la fundación de Zacatecas.

Juan de Tolosa consiguió que en Tlaltenango, algunos indígenas le mostraran piedras brillantes que contenían plata. Después de investigar el origen de las piedras, viajo a tierra de los zacatecos de donde procedían. Con una expedición de 150 hombres, Tolosa comenzó a explorar el Cerro de La Bufa donde descubrió importantes yacimientos de plata, especialmente en lo que hoy es Nochistlán.

El 1548, se unieron Juan de Tolosa, Diego de Ibarra, Cristóbal de Oñate y Baltazar Temiño de Bañuelos para realizar la fundación de la ciudad de Zacatecas y la conquista y pacificación definitiva de Nueva Galicia. Zacatecas fue conocida después como la "Civilizadora del Norte". Esta ciudad se reconoce hoy en día por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad.

Este grupo de expedicionarios comenzaron juntos una próspera explotación minera al descubrir las minas de plata de Zacatecas y de Guanajuato, muy necesarias para el sostenimiento de la economía del imperio colonial. Estas explotaciones permitieron impulsar la colonización hacia el Norte.

Cristóbal de Oñate organizó la actividad administrativa, el régimen de encomiendas para la agricultura y la ganadería de la zona, así como las explotaciones mineras. Como gobernador de la recién conquistada Nueva Galicia, se encontró con una rebelión de indios en la zona que a duras penas pudo resistir durante un año. Para sofocar dicha rebelión acudió un joven Andrés de Urdaneta al mando de un ejército enviado desde la capital, cuya actuación fue decisiva para aplastar la rebelión y pacificar la tierra en 1541.

Aun así, las ciudades por él fundadas lo recuerdan como su fundador y mecenas. Muchas avenidas, calles, empresas, equipamiento urbano y hasta accidentes geográficos llevan su nombre. Se dice que un rasgo de su personalidad fue su gran generosidad en beneficio de quien le requiriera ayuda.

La expedición conquistadora continuó al mando de Diego de Ibarra y Juan de Tolosa que ocuparon y pacificaron el actual estado mexicano de Durango. Diego descubre y explota la más importante veta argentífera de San Bernabé, en 1548, cerca de Zacatecas.

FUNDACIÓN DE ZACATECAS


La empresa descubridora y colonizadora de estas familias vascas continuó liderada por el eibarés Francisco de Ibarra, sobrino de Diego de Ibarra, que delimitó y extendió el estado de Nueva Vizcaya al noroeste de Nueva España. En 1562 fue nombrado adelantado y capitán general de Nueva Vizcaya.

Ocupa y pacifica los territorios de los estado de Chihuahua, Sonora y Sinaloa, funda misiones y ciudades como Durango (Victoria de Durango), Nombre de Dios, San Juan Bautista de Carapoa (El Fuerte) y San Sebastián (Concordia), en un claro homenaje a sus orígenes guipuzcoanos. Pacificando la región de los tepehuanes y chichimecas, también descubre yacimientos mineros de plata. Estas villas conforman las tierras del actual estado mexicano de Durango. También fundó en 1564 la Villa de San Juan Bautista de Carapoa (El Fuerte) en Sinaloa.

Los apellidos vascos dominan toda la historia de la explotación y colonización del Norte de Nueva España en aquel período y aún en el siglo XVII: Francisco de Ibarra y Francisco de Urdiñola en  Nueva Vizcaya; Juan de Oñate en Nuevo México; y Martín de Zavala en Nuevo León. Entre los colonizadores vascos existía la tendencia, más que entre los demás españoles de América, de agruparse con otros que hablaran la misma lengua y tuvieran el mismo origen regional.

Los logros de Francisco de Ibarra fueron continuados por Juan de Oñate, hijo del fundador de Zacatecas del mismo nombre, convertido en un rico criollo minero vasco. Desde muy joven encabezó campañas militares contra los rebeldes indios chichimecas que habitaban en el norte de México y asolaban los asentamientos españoles, al mismo tiempo que se introducía en la búsqueda de minas de plata.

El 21 de septiembre de 1595, el rey Felipe II le concedió permiso para colonizar el actual territorio de los estados de Nuevo México y Texas en Estados Unidos. El principal objetivo era difundir la fe católica entre los nativos americanos. Sin embargo muchos colonos españoles se enlistaron con la intención de encontrar minerales de plata, oro o piedras preciosas. Juan de Oñate pudo invertir gran parte de su fortuna en la consecución de estas exploraciones en las tierras.


TERRITORIO DE NUEVA VIZCAYA EN EL VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA


La expedición de Juan de Oñate es una de las más fantásticas de la epopeya americana, recorrió los actuales estados de Nuevo México, California, Arizona, Texas, Kansas, Nebraska, Oklahoma, Iowa, Missouri y Colorado. Se convierte en el gobernador y adelantado de Nuevo México.

En estas largas expediciones, realizadas durante los últimos años del siglo XVI y primeros del siguiente, lleva centenares de personas en calidad de soldados, misioneros y colonos, y miles de cabezas de ganado. Le acompañaban también Juan y Vicente Zaldívar, parientes suyos, originarios de Vitoria. El primero había sido muerto a traición en la ciudad indina de Acoma. Su hermano Vicente, a pesar de ser considerada como inexpugnable, la tomó y destruyó.

La expedición se inició a principios de 1598. El 30 de abril tomó posesión del territorio más allá del Río Grande y en los primeros días del mes de mayo vadearon el Río Bravo o Grande en el Paso del Norte (El Paso y Ciudad Juárez). A fines de mayo, ya en territorio de la actual Texas, tomaron contacto con los nativos de la región.

Para julio de 1598 la expedición estableció su primer asentamiento en San Juan Pueblo, en el actual estado de Nuevo México, es necesario resaltar que la iglesia católica construida en el lugar fue el primer templo cristiano construido en los Estados Unidos, en los siguientes 25 años 50 iglesias serían edificadas en el hoy estado de Nuevo México.


MONUMENTO A JUAN DE OÑATE EN EL PASO (TEXAS)


En la ciudad de San Gabriel, fundada por Oñate, construyó fray Antonio de Arqueaga la iglesia de San Antonio de Senecu, en 1629.

Al establecer San Juan Pueblo, la expedición de Oñate había extendido el camino real en más de 600 millas. En tanto llegaba el resto de la caravana, Oñate exploró las áreas vecinas para consolidar la posición del asentamiento entre los nativos de las tribus hopi y zuñi e inició la construcción de un templo dedicado a San Francisco y la correspondiente misión.

Amotinamientos, deserciones y disgustos plagaron la nueva colonia cuando las riquezas prometidas no aparecieron a la vista; Oñate enfrentó con mano dura la rebelión. Algunos de los colonos exploraron hacia el este, más allá del pueblo de Pecos en dirección de la frontera de Nuevo México con Texas en busca de búfalos. Es probable que alcanzaran el nacimiento del río Magdalena o Buenaventura (Canadian River) ubicado a 40 kms. al noroeste de la actual ciudad de Amarillo (Texas).

Juan de Oñate visitó los pueblos indios de Acoma Pueblo así como los pueblos de las tribus hopi y zuñi ubicados más al oeste. Una parte del grupo viajó tan lejos como las montañas de San Francisco en Arizona, fundado la ciudad de San Francisco (Chamita). Allí encontraron mineral de plata por lo que reclamaron la posesión de los minerales.

Oñate regresó a Acoma (Nuevo México) para castigar severamente una rebelión indígena que dejó 11 colonos muertos. Allí se produjo la batalla del Peñón de Acoma, de la que el monseñor Zacarías Vizcarra escribió un artículo en la publicación Eclesia que decía:
“el capitán alavés Juan de Oñate, pacificador y gobernador de una de las provincias agregadas a la Nueva España con el nombre de Nueva Méjico, había fundado la ciudad de Santa Fe, capital entonces de ella y capital hasta hoy del Estado norteamericano de Nuevo Méjico, y puso una guarnición española sobre el Peñón de Acoma, entonces inexpugnable, porque estaba verticalmente tajado por casi todas sus partes. Pero los indios paganos sublevados asesinaron a traición a su Maestre de Campo don Juan de Zaldívar y se apoderaron de la plaza. Vicente de Oñate, hermano del gobernador, después de varios encuentros con los indios sublevados, los derrotó completamente en una batalla campal y les hizo entregar la plaza del Peñón el 25 de enero de 1599...”

Partieron más expediciones en busca de minerales preciosos con la intención de traer prosperidad a la colonia, y a fines del año 1600 la colonia fue reforzada. Sin embargo, una serie de dificultades que incluían el frío invernal y la escasez de alimentos continuaron.

El 23 de junio de 1601 Oñate montó una expedición en busca de la mítica Quivira para conseguir riquezas y una salida al mar; siguieron el río Magdalena a través de las llanuras de Texas y cerca de la actual frontera con Oklahoma. Se dirigieron al noroeste, probablemente hasta la región central del hoy estado de Kansas en donde la expedición arribó a unas villas de la tribu wichita que ya antes Francisco Vázquez de Coronado había llamado Quivira.

Gran decepción se llevaron los españoles en el asentamiento indígena de los wichita. Ahí no había riquezas, por lo que se vieron obligados a regresar con las manos vacías. En tanto Oñate andaba en busca de riquezas fáciles las condiciones en la colonia de Nuevo México se deterioraban, la tierra era pobre, los nativos eran problemáticos y no habían encontrado ninguna mina que valiera la pena. Lentamente la colonia fue abandonada por los colonos con excepción de los más devotos seguidores de Juan de Oñate.

Quienes abandonaron la colonia de San Juan Pueblo regresaron a la Nueva España narrando las malas condiciones en que habían vivido y los abusos que habían visto, por lo que el gobierno español inició una averiguación sobre la situación en la colonia de Nuevo México y sobre el trato que Oñate le daba a los indios. En esos días Oñate lanzó su más ambiciosa expedición, ir desde los pueblos zuñi en el actual Nuevo México hasta el río Colorado y de ahí hasta su desembocadura en el golfo de California.


PROVINCIA DE NUEVA VIZCAYA, ACTUAL ESTADO DE DURANGO


En 1606 el rey Felipe III ordenó a Oñate acudir a la Ciudad de México para ser investigado y responder las acusaciones en su contra, por lo cual renunció a su empresa en 1607 por motivos financieros y las condiciones de la colonia. Sin embargo permaneció en Nuevo México hasta establecer el pueblo de Santa Fe de California, y abrir nuevas minas como las de San Luis de Potosí.

Un nuevo gobernador fue nombrado y Oñate tuvo que defenderse en México de las acusaciones de haber usado fuerza excesiva durante la rebelión en Acoma en la que colgó a dos indios y ejecutó amotinados, desertores y adúlteros. El resultado fue el destierro de Nuevo México en 1613.

Después de un tiempo tratando de esclarecer su verdad, el rey le otorgó el nombramiento de inspector de Minas. Murió en Guadalcanal (Sevilla) en junio de 1626.


LIBRO LA EXPEDICIÓN DE JUAN DE OÑATE

jueves, 29 de enero de 2015

Las bienandanzas e fortunas, de Lope García de Salazar

Lope García de Salazar fue un vizcaíno del siglo XV que escribió el códice Las bienandanzas e fortunas, un compendio historial en el que narraba las luchas entre los linajes nobiliarios de las Provincias vascas durante los siglos XIV y XV.

También él era un noble del linaje de los Salazar, cuyo radio de acción estaba en las Encartaciones de Vizcaya, parte oeste del Señorío, y perteneciente al bando de los oñacinos.

Supo manejas la pluma con la misma habilidad que la espada, y reflejar en primera persona las causas, acciones y consecuencias de las llamadas Guerras de Banderizos. Tras estar implicado en varias luchas, fue encerrado por algunos de sus hijos en su torre de Muñatones durante cinco años, hasta que murió en 1475. Aquel tiempo lo empleó a la escritura en un castellano bajomedieval de este relato sobre reyertas, batallas, asedios y muertes entre banderizos vascongados: oñacinos versus gamboinos.


LAS BIENANDANZAS E FORTUNAS, POR LOPE GARCÍA DE SALAZAR


La Guerras de banderizos tuvo un alcance y repercusión de las tres provincias vascongadas durante los últimos siglos de la Edad media que no hubo pueblo, ni aldea, ni torre, que no tomara parte en uno de los bandos, gamboinos y oñacinos. Era imposible desarrollar cualquier tipo de actividad económica, industrial o comercial en esas condiciones de violencia y caos, que afectaba tanto a villas aforadas como a solares rurales. 


Los reyes de Castilla, Enrique II, Juan I, Enrique III, Juan II, Enrique IV y muy especialmente los Reyes Católicos, tomaron medidas al respecto por petición de las Hermandades provinciales, cuya protección paternal suponía un alivio. Los habitantes de las villas aforadas, gracias a sus privilegios y fueros, consiguieron la paz y el orden necesarios.

El cronista Lope García de Salazar vivió en primera persona esta guerra y empleó más de 200 capítulos para narrar las luchas acontecidas en el Señorío de Vizcaya. La descripción de tantas muertes, incendios, tropelías y escándalos dan buena cuenta del estado de descomposición social en que Vizcaya se encontró dominada por aquellos feroces banderizos, sin más freno que la fuerza de sus adversarios.

Salazar, en su crónica de los desmanes de estos parientes mayores, que se habían olvidado hasta de su condición de cristianos, relató varios ejemplos de atrocidades. Estos son dos de los capítulos:

En el año 1330, en Vizcaya la familia de los Ibargoyen fue invitada por la familia rival de los Zaldívar a una comida de reconciliación. Sin embargo, una vez sentados los quince miembros de Ibargoyen, los de Zaldívar pidieron sal para la comida, lo cual resultó ser la señal para que salieran cincuenta hombres bien armados que asesinaron en un momento a todos sus invitados rivales. Este capítulo es conocido como “la Sal de Ibargoyen”.


Otro cruel y trágico suceso aconteció en 1370 cuando el gamboíno Juan López de Gamboa violó las más elementales leyes de hospitalidad, que se tenían entonces por sagradas. Dicho Gamboa se acercó sigilosamente a la casa de sus rivales de la villa vizcaína de Marquina, hoy Markina-Xemein, donde se encontraban el señor principal, dos hijos suyos y ocho de su bando, procedió acto seguido a quemarla, y perecieron dentro de la casa todos sus ocupantes.


CASTILLO DE MUÑATONES, PROPIEDAD DE SALAZAR


El siguiente grupo de episodios de las Las bienandanzas e fortunas ofrece una idea de la gravedad y extensión de estas luchas de banderizos en las villas del Señorío de Vizcaya.

Muchos de estos pasajes históricos son consecuencia de la muestra de su valía y de su fuerza: ”El año 1427 hubo discordia en la Villa de Bermeo entre Fortún Sánchez de Olabarrieta e Juan Ortiz de Arrescurenaga, seyendo un linaje y parientes, sobre qual valería más al poner de los oficios...”.

Al tratar de “como mataron los de Salcedo a Martín Vidal de Gordejuela”, dice: “En el año del Señor mataron los de Alcedo a Martín Vidal, Sobrino de Martín Sánchez de Palacio, en la puente de Sopuerta... e porque Ochoa de Salazar tenía cargo de Martín Sánches de Palacio, e non les ayudaba tan supitamente, fueron a Velasco...”.

En el año 1470, dice: “Todas estas muertes de Galdames e de Sopuerta que aquí son escritas, morieron por causas e intereses de los mismos linajes, seyendo todos en el Solar de Muñatones...”.

Al tratar de las luchas entre los linajes del Solar de Urtubia, que es en la tierra de Labort (Francia) y el Solar de Ugarte (Guipúzcoa), que la causa de ella “fue a qual valria mas, como acaecio en otros muchos lugares”.

Salazar explica como don Tello, tratando de defender a los vizcaínos de las incursiones de los guipuzcoanos, decidió fundar una villa en los llanos de Elorrio en 1356.

“... por que nos dijeron que cada que acaesciere que los de Guipuzcoa han á entrar a robar, é facer mal é daño alguno en el nuestro Señorio de Vizcaya han la entrada por el nuestro llano de Elorrio, é que faciendose una Villa en el dicho llano que non podria haver otra entrada tan presta, é que por esta razon se excusarian de facer muchos robos, é males, é furtos en el nuestro Señorio de Vizcaya.... é porque esto es nuestro servicio tenemos por vien que se pueble la dicha Villa en el dicho llano de Elorrio, é que todos los fijos dalgo é labradores que hi quisieren entrar a morar que vengan e moren... é de estos bos mandamos dar este nuestro previllejio sellado con nuestros sellos de cera colgados: dado en Bilbao a 27 dias de Junio Hera de 1256 años".

Explica cómo don Tello mató a Juan de Avendaño:
"En el año del Señor UCCCLVI (1356) años, mató el Conde D. Tello, Señor de Viscaya, a este Juan de Avendaño, en la Villa de Viluao dentro de su palacio, e echolo de las ventanas a la plaza, e la causa de su muerte fue porque facía muchas osadias en Viscaya no preciaua nada al Señor; e la postrimera causa de su muerte fue porque este Conde D. Tello, que era mucho montero, tenia dose puercos monteses en Alouiña, e echolos a la plaza de Viluao, e cavalgo en un cauallo, e nunca lo pudo meter entre ellos espantandosele dellos, e dixole aquel juan de Avendaño: Señor, dexadme cavalgar en ese cavallo e yo lo faré saltar sobrellos a pesar de sí, e diogelo e cavalgó en él. E como era ome endiablado, pusoles las espuelas e fizole saltar sobre aquellos puercos... E descaualgando, e subido el Conde a comer, no faltó quien le dixo que no era para el mundo si tales cosas soportava... e viniendo este Juan de Avendaño al palacio después de comer, fue luego muerto a porradas, e echado por la ventana a la calle, como dicho es."

Y como Juan de Avendaño y Juan López de Gamboa entraron en Bilbao y tuvieron pelea con los de Butrón:
"En el año del Señor de UCCCCXI (1411) años, entró Juan de Avendaño, fijo de Martín Ruys de Avendaño en la Villa con poderosa gente, e tenía por el al linaje de Liguizamón, e cercó a Ochoa Peres de Arvolancha en la torre de la plaza de Juan Sanches de Aruolancha, su hermano... e fueron muertos e feridos muchos ombres de anbas las partes e fue ferido el dicho Juan de Avendaño con una saeta por los guargueros en lo vasio, e no ovo peligro, e vino doña Maria Alonso, muger de Gonzalo Gomes de Butron con todo el solar en su socorro. por que Gonzalo Gomes era en la Corte e pusose en la Talaya de Viluao e en la Renteria, e vino en su ayuda Ochoa de Salasar con todo su solar, e vino en ayuda de Juan López de Gamboa, su abuelo, y en ayuda de los Butrón, Fortún García de Arteaga, su yerno, obligando a intervenir al Corregidor Doctor Gonzalo Moro, consiguiendo treguas del Rey y volvieron todos a sus comarcas."

Sobre Bilbao y villas de alrededor comentó las peleas que en ellas se entablaron y sus causas:
"En el año del Señor de UCCCLXII (1362) años pelearon los de Vasurto e de Asúa con los Fuertun Ibañes de Urista e con Sancho Ybañes, su hermano, e morieron de los de Vasurto, Sancho de Vasurto, fijo de Diego Sanches, e Diego de Durandi, e Rodrigo de Asua. E morieron de los de Urista, Sancho Sanchez de Urista, e Sancho Artule, e ovo muchos feridos de anbas las partes. En este dia mesmo mataron en la Talaya de Viluao, Juan Sanches Ibarra, e Juan Durieta, e Juan Ochoa de Ybarra, que eran de Liguizamon, a Juan Martines de Loega, el mozo, e esta fue la primera sangre vertida entre Leguizamon e Zurbaran, por donde sucedió e secede enemistad e omecidios fasta oy entre ellos."

POSTAL DEL CASTILLO DE MUÑATONES, PROPIEDAD DE SALAZAR


Las luchas que se entablaron en los campos de Leguizamon y de Zurbarán:
"En el año del Señor de UCCCCXIII (1413) años, pelearon en el cantón de la Tendería de Viluao los de Ligiçamon, e los de Çurbaran, e morieron los de Ligiçamon, Pedro, fijo de Juan Sanches, Esteban, e Martín de Voliuar, e Rodrigo de Çumelçu, e Ochoa de Ybarrasusi, que eran de Ligiçamon, que los mataron los ballesteros que tenían escondidos en la casa del dicho cantón a saviendas, e fueron muertos antes de que se aperçiuiese, e ovo otros muchos feridos, e fue ferido de los de Çurbaran, Juan Martines de Arana, sobrino de Martín Martínes de Çurbaran, por el ojo, que eran alli anbos los mayores de aquel linaje que lo tenian ordenado, e Recudieron a la pelea Tristan de Ligiçamon, e Floristan, e Galas, fijos de Martín Sanches, e todos los otros, e por estas muertes duro la guerra entre aquellos linajes XX años e mas, que nunca ovieron tregua e ayudaban a los de Çurbaran los de Aruolancha, e Vasurtu, e de Anunçibay, e de foranos ayuduan a Ligiçamon los de Martierto, e los de Çangroniz, e los de Aguirre, e de Artunduaga, e de Cariaga ayudauan a los de Çurbaran los de Gecho, e los de Asua, e Susunaga, e los de Arandia, e de Ysasi, e ovieron guerra continua en la Villa, fuendo e veniendo los unos quando los otros."

Las enemistades eran constantes, Juan de la Guerra y Martín de Leguizamón aprovecharon la pesca de un salmón para matar a Diego Sánchez de Zamudio:
“Diego Sanchez de Vasurto, que era manceuo asas e esforzado, demostró un salmón en la presa de las aseñas de Ybayzaval, e los fijos de Martín Sanchez tomaron redes e fueron con los dichos Juan de la Guerra e Martin de Liguizamon, con todos los mancevos del linaje, que fueron XXVII omes, a Yvayzaval por tomar aquel salmon, e como lo sopo Diego Sanches de Vasurto, pusoseles con unos XV omes en unas casas de mucho mal continente, e dixole: Que si salmon o pescado parecia en Ybayzaval, quellos no tenían alli que faser, e sobre esto venieron en palabras, e poniendo manos a las armas, e encerrose el dicho Sanches en la casa primera, e así entrado dentro, posiendose en una ventana pequeña, diole un ballestero que se llamaba Sancho de Durandio, que era criado de Martín Sanches, e mancevo atrevido, por el ojo devaxo a riba, e saliole por los meollas de la caveza ariba, e cayo luego muerto en el sobrado.”

La muerte de Rodrigo Adan de Yarza provocó una oleada de asesinatos en Lequeitio:
"En el año del Señor de UCCCCXIIII 1414) años, mataron los del solar de Arteaga, en la Villa de Liquetio, a Rodrigo Adan de Yarça, nieto eredero de Adan de Yarça, con una saeta por los pechos de esta manera. La Villa desde antigüedad fue a mando e ordenança del solar e linaje de Yarça, e leuantose contra ellos Martín Peres Licona, que era un mercadero mucho Rico, e allego parentela, e fuese al solar de Arteaga, que era vecino, e enemigo de estos de Yarça, e estando algunos lacayos dellos con el, acometieronlos los de Yarça, e pelearon en la calle, e ovo muertos e feridos algunos, e morió aquel Rodrigo Adan de una saeta, que le paso sobre una lóriga de malla a cavo de XX dias, toviendolos çercados en aquella casa con ayuda de los de Aulestia, e de algunos de Muxica, e queriendolos quemar, venieron todos los mejores del solar Arteaga con Juan Peres de Avendaño, el de Urdaybay, que era fijo bastarde de Furtun García, el Viejo de Arteaga, en una madrugada, e con grande osadía e esfuerço, quebrantaron la puerta de la Villa, e peleando e con mucho daño de sus gente, oviendo muchos muertos e feridos, entraron por la villa adelante, e socorrieron a los dichos Martín Peres, e a los que con el estauan de Arteaga, e morio alli Rodrigo de Xagarminaga, que era un buen escudero de los de Arteaga, e otros muchos de anbas las partes, e Recreçiendo gentes con Juan Alonso de Muxica, e con Furtun Garcia de Arteaga, que eran llegados cada uno en defensión de los suyos, e fuendo alli el Dotor Gonzalo Moro, e Ochoa de Salasar, fesieron treguas, e sacaron todos los forasteros de la Villa, e por esta dicha muerte del dicho Rodrigo Adan, que era mayor de Yarça, en edad de XXV años, fue despoblado aquel Martín Peres e los suyos de allí."

Estas crónicas de García de Salazar han servido para el posterior estudio y conocimiento de estos terribles sucesos ocurridos en las provincias vascongadas durante dos siglos.


MUJER CON TRAJE TRADICIONAL DEL VALLE DE SALAZAR

miércoles, 28 de enero de 2015

Esculturas a Juan Sebastián Elcano en Getaria

 
 
 


Esta estatua esta situada en el puerto de Getaria, su villa natal, concretamente en la plaza que lleva su nombre, para sustituir a la  escultura marmórea de Alfonso Giraldo Bergaz con motivo de su desaparición durante la primera Guerra Carlista. En el año 1859, las Juntas Generales de Getaria decidieron encargar esta imagen al escultor aragonés Antonio Palao. Está realizada en bronce y se inauguro el 28 de Mayo de 1861.

Cuando en 1936 estalló la Guerra Civil, fue trasladada a San Sebastián con objeto de fundir su bronce, pero acabó formando parte del conjunto de ermita y monumento en memoria de los caídos del crucero Baleares levantado en el Paseo Nuevo donostiarra. Terminada la dictadura franquista, la estatua volvió a su originario emplazamiento de Getaria.

La mano izquierda de la estatua de Elcano señala el camino que siguió para dar la vuelta al mundo.

 
 
 

Esta otra estatua dedicada a Elcano también está situada en Getaria. Está realizada en mármol en 1888 por el escultor madrileño Ricardo Bellver , más conocido por ser el autor del Ángel caído del parque madrileño del Buen Retiro.

Juan Sebastián Elcano fue navegante y explorador, consiguió dar la primera vuelta al mundo en la Expedición de Fernando de Magallanes a las Indias Orientales, demostrando de forma empírica que la Tierra es esférica. Representa el aventurero y explorador, ahora clásico, del siglo XVI, buscando nuevas rutas y descubriendo nuevas tierras.

 
 

Edificio en homenaje a Juan Sebastián Elcano construido por Victorio Macho en 1925.

martes, 27 de enero de 2015

Juan de Alcega

General de la Flota de Indias y de los Mares del Sur, capitán de Tierra y Mar, y caballero de la Orden de Santiago en el siglo XVI

 
 

Natural de Fuenterrabía, Guipúzcoa, donde nació en 1526. Perteneciente a una dinastía de Alcegas, generales y almirantes de flotas: Pedro, Diego, Juan, Cristóbal. Su padre llegó a ocupar el rango de general en la Armada de Isabel la Católica.

La tradición oceánica familiar permitió que se concentraran en Juan de Alcega amplios conocimientos sobre náutica, matemáticas y astronomía que le posibilitaron brillantes actuaciones contra los piratas y corsarios del Mediterráneo en las primeras etapas de su carrera.

Siendo joven se dedicó a comerciar consiguiendo pronto su primer buque. Desde entonces siguió comerciando y combatiendo, ya que los buques de aquella época eran tanto navales como mercante, consiguiendo apresar otros buques enemigos de la Monarquía española y que pasaron a su propiedad. Pronto reunió una cuantiosa flota, con tripulaciones bien instruidas, ganándose un respeto en el mar Cantábrico.
 
En 1554, pasó a la Flota real de Felipe II, que tenía como misión llevarle hasta Londres para conseguir una alianza con María Tudor y reclamar el trono de Inglaterra. Fue uno de los principales almirantes de la escuadra al mando de Álvaro de Bazán y Guzmán, y comandada por el guipuzcoano Martín de Bertendona.

Nombrado por propios merecimientos el grado de general de la Flota de Indias y de los Mares del Sur, se especializó en las singladuras de las flotas transatlánticas de galeones que gestaban la ruta hacia América, como lo demuestra su Carta al Presidente del Consejo de las Indias. Además, siguió apresando barcos corsarios y piratas que se atrevieron a confiscar sus mercancías en el mar Cantábrico, aumentando aún más su flota.

No obstante, y aun con los servicios otorgados en los derroteros de ultramar, la parte más destacada de su trayectoria estuvo vinculada al golfo de Vizcaya. De este modo, prestó servicio como lugarteniente del capitán general del señorío de Vizcaya Juan de Acuña, amparando a las flotas del Cantábrico.
 
 


Se destacó posteriormente por su habilidad en maniobrar navíos durante la defensa de Bayona, consiguiendo desembarcar a las tropas que transportaba, acudiendo en su ayuda tantas veces como fuese necesario. Así, se ganó el título de general de marina y caballero de Santiago.

Su carrera se cerró entre dos grandes hitos de la Flota hispana: la batalla de Lepanto y el principio de la decadencia oceánica con la pérdida de la Armada Invencible. Murió en 1574.

Un documento fechado a 2 de enero de 1572, y escrito por los licenciados Martín Pérez, Juanes de Iparaguirre, Juan de Benito y Miguel de Leguía, refleja el buen hacer de Juan de Alcega:
"... persona de mucha cristiandad y gobierno, y que en cualquiera ocasión de importancia que Su Majestad se sirviese dél, tendrá séquito de personas de mar y de tierra para servirle, por la buena opinión en que le tienen todos en general y en particular en la dicha provincia de Guipúzcoa." 

lunes, 26 de enero de 2015

Íñigo Arista Íñiguez, el fundador del Reino de Pamplona

Primer rey de Pamplona entre los años 810-820 y 852, Conde de Bigorra y de Sobrarbe. Se le considera patriarca de la dinastía Íñiga que sería la primera dinastía real de Pamplona.


ESTANDARTE REAL DE ÍÑIGO ARISTA


Conocido también como Íñigo Arista (Enneco Enneconis en latín, Eneko Aritza en euskera) nació 781, siendo hijo de Íñigo Jiménez y Oneca. Muerto su padre, su madre se casó en segundas nupcias con el Banu Qasi Musá ibn Fortún de Tudela, uno de los señores del valle del Ebro, con cuyo apoyo llegó al trono. Este matrimonio dejó bajo la influencia de Íñigo Arista unos territorios considerables: desde Pamplona hasta los altos valles pirenaicos de Irati (Navarra) y Valle de Hecho (Aragón). Los Banu Qasi controlaban las fértiles riberas del Ebro, desdeTafalla hasta las cercanías de Zaragoza.

El advenimiento del primer rey de Navarra no se hizo sin dificultades. Entre los núcleos de población cristiana (minoritaria), algunos dan su apoyo al partido franco, sostenido primero por Carlomagno y más tarde por Luis el Piadoso. La rica familia cristiana de los Velasco está a la cabeza de ese partido.

En 799, unos magnates pamploneses pro-carolingios asesinaron al gobernador de Pamplona Mutarrif ibn Muza, de la familia de los Banu Qasi. En 806, los francos controlaban Navarra a través de un Velasco como gobernador. En 812, Luis el Piadoso mandó una expedición contra Pamplona. El regreso no fue muy glorioso, tomando como rehenes a niños y mujeres de la zona para protegerse durante el paso del puerto de Roncesvalles.

ESTATUA DE ÍÑIGO ARISTA EN MADRID

Íñigo Arista se casó con Oneca Velázquez, hija de Velasco, gobernador de Pamplona, fallecido en 816. Moneto en el cual fue elegido entre la nobleza vascona de la dinastía Íñigo para expulsar a la dinastía Velasco del poder pamplonés, tradicionalmente vinculada a los francos, pero bajo la autoridad de los Omeyas de Córdoba y pagando tributos.

Para asentarse en el poder  y como reacción a esta incursión de los carolingios, Íñigo Arista comenzó una relación de alianzas con la dinastía de los Beni Fortun, descendientes la familia muladí de origen visigodo Banu Qasi. Íñigo era hermanastro de Musa ibn Fortún de Tudela por parte de madre, ya que esta, Oneca, casó en segundas nupcias con un Banu Fortún. Además, su hija Assona Íñiguez casaría más tarde con su tío Muza ibn Muza ibn Fortún, valí de Tudela y Huesca. Estos enlaces matrimoniales entre ambas dinastías permitieron poner bajo la influencia de Íñigo Arista unos territorios considerables: desde Pamplona hasta los altos valles pirenaicos de Irati (Navarra) y Hecho (Aragón). Los Banu Fortún controlaban las fértiles riberas del Ebro, desde Tafalla hasta las cercanías de Zaragoza.

Por otra parte, el nuevo conde de Jaca García el Malo se había aliado con Íñigo Arista tras abandonar a su primera esposa, hija del conde procarolingio Aznar, y casar en segundas nupcias con la segunda hija de Arista, Nunila. El cuarto de los hijos de Arista, Galindo Íñiguez, fue el padre de Musa ibn Galindo, que sería valí de Huesca en el 860. Mientras que García Íñiguez sería su sucesor en el trono.

DINASTÍA ÍÑIGO


En 824, los condes francos Elbe y Aznar dirigieron otra expedición contra Pamplona, pero fueron vencidos por Íñigo con el apoyo de sus yernos Musa ibn Musa ibn Fortún y García el Malo de Jaca.

Ese mismo año de 824, tras esta victoria, Íñigo Arista accedió al control de la ciudad fundando el Reino de Pamplona. La entronización fue efectuada en la Peña de Oroel del Condado de Jaca y en colaboración con trescientos caballeros, principalmente de los Banu Fortún de Tudela y de las dinastías vasconas Jimeno e Íñigo, y con el obispado de Pamplona. Según Eulogio de Córdoba, Íñigo Arista aparecía como un príncipe cristiano (Christicolae princeps).

La dinastía Íñigo, la primera real pamplonesa, organizó el Reino de Pamplona en guerra permanente con Abd al-Rahman II, el cual también fue el principal rival de Alfonso II el Casto, rey de Oviedo. Fue el preludio de una futura alianza navarro-astur, ya que cada año el emir cordobés enviaba expediciones de saqueo contra galaicos y pamploneses.

En 841, Íñigo Arista, debido a una enfermedad que lo dejó paralítico, abdicó en favor de su hijo García I Íñiguez, muriendo al año siguiente. Su sucesor ejerció una fuerte regencia, llevando la dirección de las campañas militares pero continuando la política de alianzas.

MONUMENTO A ÍÑIGO ARISTA EN PAMPLONA

En memoria de Miguel López de Legazpi

 


En memoria de Miguel López de Legazpi, Juan Pérez de Tudela, Editorial Real Academia de la Lengua (2004), 178 págs.

Biografía sobre Miguel López de Legazpi descrita por la Real Academia de la Historia española y publicada en los actos de homenaje en su V centenaria de su nacimiento en Zumárraga. Una exposición de síntesis, sobre cuáles fueron las condiciones históricas antecedentes, en particular a la gesta de Legazpi, los acontecimientos por él protagonizados y sus trascendentales consecuencias.

domingo, 25 de enero de 2015

Participación de los vascos en el Combate de San Miguel de Azores


En la batalla naval de la isla Terceira (o San Miguel de Azores) celebrada el 26 de julio 1582, tuvieron una activa y brillante participación los marinos guipuzcoanos, siendo de esta provincia el núcleo de las naves.

Los galeones de la Armada español, capitaneados por Álvaro de Bazán, derrotaron a la flota francesa que apoyaba las pretensiones de Antonio, prior de Crato, refugiado en esas islas, para convertirse en rey de Portugal, disputando el trono a Felipe II. También fue llamada batalla de la Unidad Ibérica.


SITUACIÓN GEOGRÁFICA DE LAS ISLAS AZORES


La escuadra francesa liderada por el almirante florentino Filippo Strozzi contaba con 64 naves, de las que dos terceras partes eran de tamaño grande o mediano, y el resto eran pataches.

Álvaro de Bazán consiguió reunir una flota de 27 galeones de mayor potencia de fuego y algo más altas, claves en las operaciones de abordaje, y 5 pataches y pequeños buques de exploración. Su teniente general fue el vizcaíno Cristóbal de Eraso, general de la flota de la Carrera de Indias.

Bazán, descendiente de un linaje de navarros del valle del Baztán, lideraba los grandes galeones oceánicos de Portugal, para tomar las islas Azores y despejar de corsarios la ruta de la Carrera de Indias.

Pero también fueron determinantes en la victoria de esta contienda naval los apoyos y colaboraciones prestadas por la Armada de Guipúzcoa, formada por cinco mercantes armados liderados por Miguel de Oquendo, y por la Armada de Vizcaya, formada por refuerzos al mando de Juan Martínez de Recalde. Ambas escuadras estaban integradas en la Armada que dirigía Bazán. Miguel de Oquendo fue destacado para reconocer la flota francesa en las islas Azores y para apoyar el ataque principal español, formado por las naves capitanas de Bazán, el San Mateo y de Eraso, el San Martín.


COMBATE DE SAN MIGUEL

Bazán y Oquendo acordaron acometer a la escuadra enemiga sin tardanza, a pesar de que significase privarse de la presencia de la Armada de Vizcaya, que aún no había llegado a la isla Tercera. Tras varios días de escaramuzas y maniobras en busca de la mejor posición de ataque, el 26 de julio trabaron combate.

El galeón San Mateo, segundo de la escuadra española, al mando de Baztán, se salió de la formación para retar al enemigo en busca de gloria. Esa arriesgada maniobra le convirtió en presa de cinco naves enemigas, con las que trabó cerrado combate durante las largas dos horas que tardó el resto de la escuadra española en virar contra el viento para prestarle ayuda.

Cristóbal de Eraso tuvo mala suerte, durante los momentos antes del ataque, rompió el palo mayor de su buque el San Martín, siendo remolcado posteriormente para no quedar aislado. Ambos eran los buques más grandes de la contienda y formaron la vanguardia del ataque español.




El primero en llegar al San Mateo fue Oquendo, quien lanzó su buque entre el galeón español y la almiranta francesa rompiendo los cables de abordaje que ya habían sido tendidos. Soltó una andanada contra la nave francesa, lanzó los garfios y tras un abordaje, los capitanes Arizabalo y Escorza, dirigidos por Oquendo, se apoderaron del estandarte francés

Así lo relató Oquendo en su informe al secretario del rey:
"El galeón San Mateo tuvo a bordo a dos galeones francesas, Capitana y Almiranta, y le mataron mucha gente y lo tenía muy trabajado. Visto por mí que corría gran peligro, é que si nos le tomaban nos desbarataban a todos, di vuelta para socorrer, y llegé a tiempo de muchísima necesidad, y me encajé con mi nave entre el dicho galeón y la Almiranta del contrario, con todas las velas en el tope, de suerte que con el ínterin se apartaron los dos galeones, y San Mateo se fue libre de su peligro y no poco contento. Yo me amarré con la dicha Almiranta, que era una de las más bravas de toda la armada, y traía 30 tiros de bronce grandes y 300 hombres tiradores y marineros; y la primera ruciada que le dimos en arbolado, le matamos 50 hombres, los mejores que tenía, de que cobraron mucho temor y espanto, porque tenían estos hombres y otros para saltar en el galeón, muy escogidos, armados de punta en blanco, con otros tantos tiradores; (…) y fue saqueada la dicha Almiranta por nuestra gente de mar y guerra, y puesta mi bandera de campo en su popa, y sus insignias en la nuestra, colgadas a uso de guerra (…). Matóse toda la gente, que no le quedaron sino muy pocos, y a nosotros nos mataron e hirieron poco más de treinta, y luego todos echaron a huir, cada uno por su cabo, dejando su Capitana y otra nave en nuestro poder."

El doctor Camino fue expresivo al referirse al combate en 1582: 
"Habiéndose trabado batalla fue horrible el estrago, hasta llegar a abordar los nuestros a la capitana y almiranta francesa, de manera que se peleaba cuerpo a cuerpo, y como si todos combatiesen dentro de un mismo navío. Ensangrentáronse los mares con multitud de cadáveres que caían degollados (...)"

Otras dos naos guipuzcoanas, la Juana de Garagarza y la María de Juan de Villaviciosa de la escuadra de Oquendo respaldaron el ataque principal de Bazán, atacando respectivamente a las de Strozzi y de Brissac.

Los franceses huyeron en retirada, perdiendo un total de 10 buques, entre ellos los de Strozzi y Brissac, más de 1.500 muertos y otros 500 heridos. Frente a esas demoledoras cifras, los españoles muertos sumaban sólo 250, aunque más de 500 heridos. Tan sólo perdieron la nao capitana, el San Mateo de Bazán quedó inservible al recibir más de 500 cañonazos.

Después de la victoria naval, Bazán no quiso desembarcar porque sus fuerzas de infantería estaban muy cansadas y algunos buques muy tocados, decidiendo regresar a Lisboa a reparar unos y recuperarse los otros.


DESEMBARCO ESPAÑOL EN SAN MIGUEL


Al año siguiente, en una operación anfibia formada por 98 buques y un ejército de 15.000 hombres al mando del maestre de campo alavés Agustín Iñiguez de Zárate, recupera el control absoluto de las islas Azores. Oquendo como capitán general de la Escuadra de Guipúzcoa también tomó parte del operativo naval a las órdenes de Bazán, quienes controlaron el archipiélago en dos semanas. Los franceses no plantaron oposición, pues habían aprendido la lección, obligando al aspirante al trono portugués Antonio a huir a Francia.

Este archipiélago del océano Atlántico tenía una gran importancia estratégica para la protección y avituallamiento de las flotas mercantes de la Carrera de Indias.

Además, concurrieron al combate los almirantes Aguirre (contador de los galeones de Oquendo), Joanot de Villaviciosa, Marcos Aramburu y los capitanes Irura, Arteaga, Evora, Olabarrieta, Isasa, y los hermanos Segura y Urquiola.

El capitán Anduriaga murió en la lucha y lo mismo le pasó a Juanot de Villaviciosa, este último de dos balas de fusil en su propia nave, mientras que Marcos Aramburu repetiría participación en la expedición anfibia de las Azores de 1593, ya como capitán general de la Armada de Guipúzcoa, coincidiendo con el hermano de Juanot, Juanes de Villaviciosa Lizarza. Y este último también formaría parte de la flota de 15 navíos que dirigía el general Pedro de Zubiaurre que derrotó a una flota anglo-francesa de 80 navíos en el combate de Burdeos de 1593.

COMBATE DE SAN MIGUEL

sábado, 24 de enero de 2015

Casa torre de Doña Otxanda

Ubicada en la ciudad de Vitoria, la casa torre de Doña Otxanda fue construido en 1970 sobre los restos de una casa medieval del siglo XV. En la actualidad es sede del Museo de Ciencias Naturales de la capital vasca. Junto a la torre se encuentra un grupo de casas de los siglos XVII y XVIII.


Casa natal de Blas de Lezo en Pasajes

 


La casa de Blas de Lezo está situada en pleno Casco Histórico de Pasajes de San Pedro, en una estrecha calle, cerca de la Cofradía de Pescadores y de la Iglesia Parroquial. La fachada de entrada presenta un magnífico escudo de la familia, conservado de manera impecable.

El edificio, de piedra de sillería, es de planta rectangular y tejado a dos aguas, y toma el nombre del más ilustre marino de Pasajes, al que vio nacer: Blas de Lezo.




viernes, 23 de enero de 2015

Alarde de Fuenterrabia

El 1 de julio de 1638, Fuenterrabia sufrió su asedio más famoso en el marco de la Guerra de los Treinta Años. Las tropas francesas del rey Luis XIII de Francia cercaron la villa al mando del príncipe de Condé. En los primeros días del asedio, los hondarribiarras, reunidos en la parroquia, juraron a la Virgen de Guadalupe que si por su intercesión lograban librarse, se lo agradecerían anualmente yendo en procesión a su Santuario situado en el promontorio de Olearso. La ciudad resistió durante 69 días, levantándose triunfal el sitio el 7 de septiembre de 1638.

Por la exitosa resistencia, el rey Felipe IV concedió a la ciudad el título de "Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel".

Consecuencia de su promesa, los hondarribiarras llevan cumpliendo el Voto año tras año con una procesión cívico-religiosa, escoltada por el Alarde. 
Es una fiesta totalmente militar en que los barrios forman compañías de infantería, además hay gastadores, un escuadrón de caballería y hasta una batería de artillería. Actualmente las uniformidades y la música de pífano y tambor se remontan a la época de la Guerras Carlistas.

El Alarde de Fuenterrabia se celebra cada 8 de septiembre desde el año 1.639. Es la renovación anual del voto que se hizo a la Virgen de Guadalupe en agradecimiento por la liberación del asedio sufrido en 1.638.


Entrada del alarde al casco antiguo por el arco de Santa María y subida por la calle Mayor, año 2014:



 

jueves, 22 de enero de 2015

Diego de Ibarra


Gobernador de Nueva Vizcaya del virreinato de Nueva España y descubridor de las minas argentíferas de Zacatecas en el siglo XVI

DIEGO DE IBARRA


Natural de Éibar, hidalgo guipuzcoano, participante en el descubrimiento de las minas de plata de Zacatecas, pese a lo cual las tribus indígenas chichimecas ofrecían una amplia resistencia al dominio español. Diego de Ibarra junto a Cristóbal de Oñate, Juan de Tolosa y su tío Miguel de Ibarra ocuparon el territorio de Nueva Vizcaya del virreinato de Nueva España, en el actual estado mexicano de Durango.

Diego de Ibarra pasó a ser el principal protagonista en la explotación minera. Había llegado a Nueva España hacia 1540, muy a tiempo para poder participar en la campaña del Mixton con su tío Miguel de Ibarra, expedición liderada por un grupo de exploradores de origen vascongado.

A Diego se debe, principalmente, el hallazgo y explotación de la más importante veta argentífera de San Bernabé, en 1548, a unos cuatro kilómetros al nordeste de Zacatecas y compartió su prosperidad en las décadas de 1550 y 1560.

En 1556, siendo ya rico, casó con Ana de Velasco, hija de Luis de Velasco, segundo virrey de la Nueva España.
 
Sucedió en el cargo de gobernador de Nueva Vizcaya a su tío Miguel de Ibarra desde 1576 y vivió hasta avanzada edad.

En 1600, seguía exigiendo su recompensa por los cuantiosos gastos que había hecho en la conquista de Nueva Vizcaya, que según afirmaba ascendían a más de 200.000 pesos.


EXPLORACIÓN DE NUEVA VIZCAYA

miércoles, 21 de enero de 2015

Vascos en la fundación del Virreinato de la Nueva España

Tras el descubrimiento y la colonización de las primeras islas caribeñas por las expediciones españolas de finales del siglo XV, la siguiente etapa fue la expansión descubridora y la conquista continental, que se desarrolló hasta finales del siglo XVI. Los vascos fueron, no solo participantes, sino protagonistas de las exploraciones y asentamientos colonizadores más extremos.

Las islas de Cuba y La Española se consolidaron como principales bases coloniales, desde allí el radio de acción se prolongó por los alrededores del golfo de México hasta la península de La Florida, y hasta el océano Pacífico.


MAPA DEL MAR CARIBE DEL SIGLO XVI


El gobernador de Jamaica, Francisco de Garay, recorrió la costa de México, y en 1519 encontró la desembocadura del río Mississippi. Este vizcaíno envió a Alonso de Zorita a buscar un estrecho en la Florida que sirviese de paso hacia el Panuco, consiguiendo conquistar el litoral mexicano desde Pensacola hasta Cabo Rojo, recorriendo el río Mississippi. Pero Hernán Cortés se adelantó en la toma de posesión de tales tierras. En la expedición de Francisco de Garay llegaron Gonzalo Ochoa, paje de Cortés, hombre rico que estuvo al cuidado de los bienes de Cortés; y Martín de San Juan, de Irún, maestre de navío llegado con Garay.

Durante este tiempo, el golfo de México recibía las expediciones de Ponce de León de 1513 y 1521, en la que intervinieron otros vascos como los pilotos Juan Pérez de Urtibia y Juan M. Eguiluz.

En 1519, desde Cuba se organizó el asalto a un imperio situado en Tierra Firme, empezando por la península de Yucatán, al mando de Hernán Cortés.

La expedición cortesiana partió de Cuba el 10 de febrero de 1519, llevando a su cargo 11 naves, a bordo de las cuales embarcaron 100 marinos, 500 soldados y capitanes, unas decenas de ballesteros, escopeteros y jinetes, 200 indios de servicio y una artillería compuesta de 10 cañones y 4 falconetes. Como intérprete llevaron a Jerónimo de Aguilar, quien llevaba siete años viviendo en aquellas tierras, náufrago de una excursión anterior en 1511. El propósito de la misión era explorar las tierras litorales del golfo de México y fundar ciudades, pero sin adentrarse tierra interior.


FUNDACIÓN DE VERACRUZ


La primera ciudad fundada fue Veracruz, cuyo primer alguacil mayor del ayuntamiento fue Juan Ochoa de Elexalde, de Salinas de Léniz. Desde allí pacificó a los naturales de Tabasco, de quienes consiguió los servicios de la india maya Malinche como traductora y consejera, fundó el puerto marítimo de Zempoala, y liberó a los totonacas de su servidumbre a los aztecas. Cortés supo de las guerras intestinas y conflictos establecidos entre un imperio dominante, el azteca, y varios pueblos indios oprimidos, que más tarde le fue de gran utilidad estratégica cuando decidió la conquista definitiva de un país que los lugareños llamaron México.

Pero Hernán Cortés desobedeció las órdenes del gobernador de Santo Domingo, Diego Velázquez de Cuellar, y decidió explorar el interior mexicano en busca del Imperio azteca. Para impedir que nadie regrese a Cuba, ordenó desmantelar las naves.


HERNAN CORTÉS MANDA DESMANTELAR LAS NAVES


A mediados de agosto, Cortés con una hueste formada por 400 soldados, 15 jinetes y 1.300 indios totonacas emprendió rumbo hacia Tenochtitlán. En Tlaxcala, liberó a la tribu de los nahuas, enemigos de los aztecas, que se unieron a la expedición.

Durante la búsqueda, encontraron un volcán activo: el Popocatépetl, de 5.450 metros. Los expedicionarios se quedaron admirados al ver cómo echaba fuego por la boca. Diego de Ordas se encargó de subir hasta la cima, convirtiéndose en el primer escalador europeo en coronarlo. Desde lo alto divisó el objetivo: Tenochtitlán, el corazón de la civilización azteca.

La entrada en la capital se produjo el 8 de noviembre de 1519. Se trataba de una ciudad rodeada de agua y unida a la tierra por cuatro avenidas, y poblada por unos pocos centenares de miles de habitantes. Moctezuma II era su emperador, quien los recibió, sirvió vasallaje a Carlos I y alojó a las huestes en su palacio real. Los colonizadores se quedaron fascinados por aquella ciudad, descubrieron los lujos revestidos en oro, plata y piedras preciosas que el emperador de los méxicas mostraba en sus dependencias, cuyo valor local era apenas estético.

Aunque la gran superioridad numérica del ejército azteca fue evidente, los españoles fueron recibidos con total diplomacia. Cortés aseguró que sus intenciones eran las mejores, le prometió beneficios enormes a Moctezuma y como muestra contrajo matrimonio con la nativa maya Malinche, su traductora personal.


 ENTRADA DE LA EXPEDICIÓN CORTESIANA EN TENOCHTITLÁN


Un día llegaron noticias de que caciques aztecas atacaron el campamento de Veracruz y decapitaron a varios expedicionarios. Aquella situación se fue volviendo cada vez más tensa. La causa fue que, en mayo de 1520, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, había organizado una expedición formada por 1.000 hombres al mando de Pánfilo de Narváez para arrestar a Cortés por desobedecer órdenes. En la expedición de Narváez llegaron vascongados, algunos de los cuales fueron Francisco Martín, Antón de Torraeta, Gonzalo de Urriola, Juan de Susmiaga, Juan de Orozco; Juan de Zubia, de Oñate. El más destacado fue Francisco de Orduña, regidor de la villa de Tepeaca en 1520, secretario de Cortés y secretario del cabildo de la ciudad de Méjico en 1524.

La expedición cortesiana regresó hacia la costa en busca de Narváez, dejando en Tenochtitlán una guarnición de 120 soldados al mando de Pedro Alvarado. En Zempoala, Cortés sorprendía y derrotaba a Narváez. Aquella victoria le proporcionó más hombres y armas, confianza en su habilidad militar, y derechos de conquista.

Mientras tanto, el 1 de julio de 1520, en Tenochtitlán comenzaba la fiesta de Toxcatl para honrar al dios principal, Tezcatlipoca, en cuyo honor se sacrificaba un joven hermoso y virgen. En el momento culminante de aquella celebración, Pedro Alvarado irrumpió a caballo con sus hombres en la plaza del Templo Mayor, abriéndose paso a tiros de arcabuz y espada entre la multitud azteca, con la intención de humillar aquel dios de fe herética, sembrar el terror, someter a las masas, fortalecer su poder frente a Moctezuma y ganarse los laureles de Cortés. Durante el enfrentamiento, murió gran parte de la nobleza local que estaba indefensa al igual que sus guardianes, desarmados. Aquella situación se puso en su contra, la rebelión nativa se desbordó y por más que los de Alvarado hiciesen derramamientos de sangre, cada vez llegaban más guardianes armados en venganza hasta el punto de rodearles. Los conquistadores se refugiaron en el palacio de Axayácatl.

Cuando Cortés llegó a la capital junto a sus aliados tlaxcaltecas, la situación era pésima. Su salvoconducto, intermediario y rehén Moctezuma murió en extrañas circunstancias. El hermano del emperador, Cuitláhuac lideró la resistencia del pueblo azteca.


 HERNÁN CORTES Y MOCTEZUMA II


A fin de evitar su exterminio por los aztecas, Cortés ordenó la retirada. Los expedicionarios partieron de la ciudad el 30 de junio de 1520, siendo sorprendidos y atacados desde los lagos, fue la llamada "Noche Triste". Murieron cerca de 800 soldados y unos 5.000 indios aliados.

Cortés sabía que la recuperación de su conquista era cuestión de tiempo y estrategia. Como ambicioso expedicionario y excelente estratega supo jugar las cartas a su favor. La mejor carta se llamó: viruela. Una enfermedad que se había filtrado en la capital azteca y ya estaba causando la muerte en gran parte de su población incluso antes de la retirada.

Mientras tanto, Cortés se refugió en Tlaxcala y en Tezcuco, afianzó la alianza con los tlaxcaltecas, organizó una expedición de conquista en toda regla contra la confederación azteca. La armada cortesiana estaba basada en la colaboración aliada de varias tribus indígenas enemigas de los méxicas y en la construcción de trece bergantines armados de artillería para surcar el entorno hidrográfico de Tenochtitlán y que fueron construidos por el vizcaíno Martín López.

El ejército de Cortés estaba formando por 80.000 guerreros tlaxcaltecas, reforzados por centenares de españoles entre los cuales marchaban entre otros vascos los capitanes Cristóbal y Martín de Gamboa; los durangueses Andrés de Monjarraz, capitán, Gregorio Monjarraz y Martín Ruiz de Monjarraz, que murió en combate; el encargado de la artillería y capitán Francisco de Orozco; el cabo Amador de Láriz; Juan de Montano, de Portugalete; el alférez de Pedro de Alvarado; Diego de Motrico, marino y Alonso de Motrico; el capitán Diego de Ordás, leonés, originario de las Encartaciones; Diego de Orduña, de cargos públicos; Diego de Olarte, fraile, dedicado a la evangelización; Andrés y Diego de Sopuerta; Juan de San Sebastián; Pedro de Urbieta, Miguel de Veraza, Juan de Ugarte, de Llodio; Juan Ruiz de Viana, navarro; Pedro Vizcaíno, de Bilbao; Juan de Zamudio, fue señor de Piaxtla y más tarde apoderado de Cortés, en Panamá.

El 30 de mayo de 1521, comenzó la definitiva ofensiva contra el bastión de México-Tenochtitlán. Aquella ciudad había reorganizado al Ejército azteca y la vida civil, y fortificado la ciudad bajo el reinado de Cuitláhuac. Pero la viruela negra fue la mejor arma y aliado español en el ataque final. Durante la llegada a Tenochtitlán de la primera expedición cortesiana, esta enfermedad desconocida en América se instaló en la población azteca y, durante el rearme de la armada cortesiana en Tlaxcala, el contagio causó estragos entre sus defensores, que alcanzó también a su emperador, Cuitláhuac, sucedido por su hijo Cuauhtémoc.

Cuando llegó Cortés, los méxicas estaban bastante debilitados y mermados en sus posibilidades de resistencia frente a un ataque de un ejército invasor, inferior en número de efectivos, pero militarmente más potente. Días después Cuauhtémoc fue secuestrado y la resistencia azteca derrotada. El 13 de agosto, la expedición cortesiana triunfó y, con ello, el virreinato de Nueva España controló un inmenso territorio mexicano.


LLEGADA DE HERNÁN CORTES A TENOCHTITLÁN


Para consolidar la conquista mexicana, se organizaron otras expediciones de conquista y colonización donde participaron colonizadores vascongados, como la de Hernando de Soto de 1539, en la que marchó Pedro de Añasco.

La expedición del general Pero Menéndez de Avilés de 1565-1566 a la península de La Florida llevaba tripulación vascongada. De nueve capitanes, seis llevan apellido vasco: Diego de Amaya, Pedro Larrandia, Francisco Múgica, Martín Ochoa y Francisco Recalde. La región de La Florida abarcó territorios fuera de la península, en ellos hubo un gobernador vasco, Domingo Martínez de Abendaño y un misionero, fray Francisco de Berascola, de Gordexola, martirizado por los indios en 1599.

El capitán Francisco de Urdiñola, fue un gran pacificador de indios del norte de la Nueva España durante las últimas décadas del siglo XVI, de vital importancia para la extracción de las minas ricas en mineral. De manera diplomática pacificó al feroz cacique Nimanea, jefe guachichil, y a todas sus huestes por medio del diálogo. Pacificó la región entre Saltillo, Parras, Mazapil e Inde, pero en la parte oriental de Nueva Vizcaya (Coahuila) luchó contra los indios guachichiles con los pachos. Los ataques y levantamientos de los indios fueron frecuentes, llegando a necesitar la ayuda del capitán Diego de Aguirre.


RECORRIDO DE LA EXPEDICIÓN CORTESIANA


En 1591, Urdiñola trasladó 400 familias tlaxcaltecas hacia las poblaciones del norte de la Nueva España, fundando San Esteban de la Nueva Tlaxcala, en donde los tlaxcaltecas quedaron establecidos y de donde salieron posteriormente colonos para un gran número de pueblos coahuilenses y de Nuevo León.

El Gobierno Colonial, en su propósito de pacificar los indios, trató de establecerlos en poblados y cambiar su forma de vida de recolectores en agricultores, como sus intentos fracasan buscó la ayuda de los tlaxcaltecas para que con su ejemplo se hicieran sedentarios y aprendieran de ellos a cultivar la tierra.

La última fase de la expansión desde México alcanza Filipinas. Los vascos fueron el grupo de españoles que más protagonismo y continuidad obtuvieron entre la península de La Florida y la provincia asiática de Filipinas.

Ante el temor a que franceses e ingleses ocupasen posiciones al norte del territorio descubierto, se continuaron las expediciones a marchas forzadas. Se apresuró a la expansión y el poblamiento en Nuevo México y el Sudeste de los actuales Estados Unidos. Así, en 1595, Sebastián Vizcaíno ocupó California y navegó sus costas hasta la actual frontera norte. Y Antonio Deza y Ulloa fundaba el territorio de Chihuahua.


 HERNÁN CORTES Y MOCTEZUMA II


La labor descubridora de California fue continuada por el jesuita navarro Pedro Matías de Goñi que, en 1683, realizó una expedición a la península de la Baja California y México. Al mando iba el también navarro, almirante Isidro Atondo y Antillón. Desde La Paz recorrieron tierras hasta que abandonaron la expedición por la hostilidad de los indios guaycuras, la cobardía de los soldados que los acompañaban y la falta de alimentos. Fundaron un puerto al norte de la Paz al que llamaron ensenada de San Bruno.

Desde esa colonia hicieron varias exploraciones tierra adentro, evangelizando más de 400 indios convertidos al catolicismo, hasta que regresaron a Nueva España en 1685 por falta de suministros. Además hizo varias expediciones en los alrededores, una a la Sierra de la Giganta, nombre dado a esa formación montañosa por el padre Kino, y otra hasta la costa del mar del Sur, llamado océano Pacífico. A pesar de sus arduos esfuerzos por promover la continuación de la empresa que había iniciado, la Corona tenía otros intereses y otras posesiones que fortalecer y no consideraba rentable la inversión.

martes, 20 de enero de 2015

Escultura a Domingo Martínez de Irala en Asunción

Domingo Martínez de Irala fue un expedicionario y explorador del siglo XVI considerado como el “padre de Paraguay”. También fue conocido como el “capitán Vergara”, villa natal guipuzcoana donde nació.
 
Tras explorar el río Paraná y el territorio de actual estado de Paraguay, fundó varias ciudades entre las que destacan Candelaria y Asunción. Siendo gobernador general del Río de la Plata fue el principal precursor de la mezcla racial entre los primeros conquistadores españoles y la población guaraní.
 
 
 
 

La escultura de Domingo Martínez de Irala en Asunción, se encuentra al lado de la entrada principal de la catedral de la Asunción, Paraguay. Fue donada por el gobierno español en 1965.

Se trata de una estela de piedra en la que aparece el capitán Irala abrazado a un cacique guaraní, rodeado de tres mujeres y otro colonizador español, mientras le observan otra mujer y un guerrero en la parte inferior.


 
Esta catedral metropolitana de Asunción fue construida por primera vez a mediados del siglo XVI, y reconstruida hasta en otras cinco ocasiones debido a que sus débiles materiales no pudieron soportar su erosión. La actual catedral fue remodelada por el arquitecto vascongado Pascual de Urdapilleta a mediados del siglo XIX. Este templo está ubicado en el céntrico barrio de Catedral, frente a la plaza de la Independencia.
 

 
 
Domingo Martínez de Irala cuenta con otro conjunto escultórico en su honor en la villa paraguaya de Ypané, fundada por él en 1538.