lunes, 27 de abril de 2015

Corso vascongado en el siglo XIV


La primera referencia que atestigua la existencia de piratas vascos esta fechada en 1304, aunque los primeros conocidos fueron los vizcaínos Antón de Garay y Pedro de Larraondo que a comienzos del siglo XV asaltaron mercantes, práctica por la que fueron ejecutados. En la época bajo medieval la flota vizcaína actuaba de transportista-comerciante y de pirata, destacando B. Arizaga.

En el siglo XIV, la presencia vasca era tan temida que el propio rey inglés, Eduardo III de Inglaterra, se quejaba de que "Tanta es su soberbia que habiendo reunido en las partes de Flandes una inmensa escuadra, tripulada de gente armada, no solamente se jactan de destruir del todo nuestros navíos y dominar el mar anglicano, sino también de invadir nuestro Reino", y se tienen noticias de que, a principios del siglo XV, barcos vascos atacan la costa inglesa, en busca de confrontación o de ventajas comerciales. Eduardo III de Inglaterra se enfrentó a los corsarios y piratas vascos.

Pero la época dorada del corso y piratería vasca fueron los siglos XVI y XVII.

Corso vascongado del siglo XV


La actividad corsaria vasca del siglo XV estaba centrada principalmente en el ámbito de la Reconquista y la lucha contra los moros. Las primeras escaramuzas tuvieron lugar en el estrecho de Gibraltar, donde destacó la presencia de Juan Martínez de Arechana, vecino de Bermeo.

Dichas actividades se trasladaron posteriormente al recién conquistado reino de Granada, donde serviría de ejemplo Andrés de Estigarrivia, hermano del mercader Blasco de Motrico, dedicado al apresamiento en el norte de África, junto con Gregorio de Arbora y Ochoa de Alday, criado de Juan de Lezcano.

El territorio andaluz también ofrecía inmejorables condiciones para la realización de presas, pues constituía una encrucijada de rutas marítimas, la más importante en el estrecho. La situación jurídica de los intercambios realizados en ella servía para legalizar gran número de ataques, tanto contra infieles considerados enemigos, como contra los cristianos que comerciaban con ellos acusados de exportar productos vedados.

Paradigma de esta situación enfrentó en 1493 a Juan López de Narruondo, vecino de Zumaya, con el portugués Pedro Báez de Castilblanco. Otro caso señalado fue el de Juan Ibáñez Meceta, vecino de Motrico, condenado por haber asaltado con su ballener la carabela de Juan de Lisboa, cuando se dirigía de Lisboa a Tánger.

Otros ataques contra los tráficos hacia el Magreb tuvieron menor repercusión diplomática, aunque se desarrollaron bajo los mismos parámetros: riqueza comercial y migraciones judías. Las costas andaluzas también servían para la captura de productos procedentes del ultramar atlántico. A este respecto, conocemos el asalto de vizcaínos y guipuzcoanos contra las embarcaciones de Bartolomé Marchioni, mercader florentino, que regresaba de Guinea con 126 esclavos.

Este hecho se explica, además de por la costumbre de navegar cerca de las costas, por la existencia de trasbordos fraudulentos en esta zona.

En otras ocasiones, los ataques no se amparaban en la dudosa legitimidad de los tráficos, sino que eran puros actos de piratería. Tal es el caso del efectuado en Cádiz por Alfonso Beltrán, vecino de Sevilla, y Juan Martínez de Zumaya, vecino de Zumaya, contra una nao que procedía de Madeira, cargada de azúcar y otras mercancías.

Otros ámbitos del comercio andaluz también sufrían ataques, tanto en su vertiente importadora como exportadora. La calificación jurídica de tales actos era, en su práctica totalidad, de piratería.

Para algunos era una ocupación habitual, se trata de vecino de puertos andaluces pero de origen vasco, como queda de manifiesto en el caso de Martín de Zarauz y Ochoa de Asua, que repitieron ataquen en 1483 y 1484, de Juan Díaz, cuñado y tripulante del ballener de Juan Ibáñez de Motrico, a quien ayudó a huir aprovechando su condición de vecino del Puerto de Santa María, de Luis Rodríguez de la Mezquita (Amezqueta), quien, con una nao de Fernando Arias de Saavedra armada con gente de Tarifa, asaltó una nao portuguesa que transportaba grana andaluza a Inglaterra. O en colaboración con marinos andaluces, como Juan González de la Torre, vecino de Motrico, que fuese maestre de la nao Magdalena, propiedad del Duque de Medina Sidonia.


 

A finales del siglo XVI, los vascos comenzaron a instalarse en los puertos andaluces, tanto enrolados en las Armadas Reales como dedicados al corso y a la piratería, para controlar el tráfico de mercancías con África y el Nuevo Mundo.

Pero es más frecuente tender a mantener las relaciones de grupo, familiares, amigos y vecinos relacionados por sus lugares de origen, a la hora de contratar las tripulaciones como es el caso de Ibáñez de Motrico, la misma estaba compuesta por él, su hijo de igual nombre; su cuñado (el citado Juan Díaz); Fernando Choran; el contramaestre Juan Ochoa; un tintor Martín Vizcaíno; un barbero compañero de éste; y el piloto Juan Vizcaíno. Y lo mismo podemos decir de la Armada de Vizcaya, dos de cuyos capitanes (Artieta y Pérez de Leizola) llevaban a sus hijos embarcados y en la que se pueden observar múltiples lazos de parentesco y vecindad. Las vinculaciones familiares reaparecieron al analizar la propiedad de los navíos. Así, María Juana de Deva, viuda de Pedro de Deva, era también una de las herederas de la embarcación de Martín Pérez de Fagaza, otra de las naves de la Armada de Vizcaya.

Otro tanto podemos observar a la hora de poderes y representaciones, otorgadas prioritariamente a gentes del mismo origen. El procurador de Iñigo de Artieta en pleito con Maydana fue Pedro de Olano, vecino de Sanlúcar; y Juan López de Recalde, mercader vizcaíno y futuro contador de la Casa de Contratación, fue apoderado por los marinos del Señorío que habían servido en Nápoles para reclamar sus sueldos.

Otra muestra de este espíritu de cuerpo la encontramos en su instalación como repobladores tras finalizar el servicio militar. El ejemplo más claro es el de García López de Arriarán, que se asentó en Málaga con dos primos (Lope de Arriarán y Pedro de Aguirre), dos sobrinos (Lope y Cristóbal López de Arriarán) y siete de sus hombres (Juan de Araviana, Juan Pérez, Machín de Vergara, Martín Pérez de Alzaga, Ojer de Hernani, Pedro de Alegría, Pedro de Arrecia). Además, su procurador en algunos de los actos de posesión fue Domingo de Lezcano, sin duda familiar de su compañero en la guarda del Estrecho Juan de Lazcano. Éste también se asentó en Málaga y lo hizo en unión de algunos de sus hombres (Ochoa de Alday y Ochoa de Cariaga).

 

Corso vascongado en el siglo XVI


A solicitud de las Juntas de Guernica, Fernando el Católico en 1498 concedía licencia de corso a los armadores de navíos guipuzcoanos y vizcaínos para atacar barcos franceses, respetando a los nacionales y los de estados amigos.

En el siglo XVI, con el descubrimiento y control de las Indias unido a las posesiones heredadas en Centro-Europa por Carlos V, cambian el panorama, suscitando en otras monarquías inquietud y envidia, sobre todo, de ingleses y franceses.

Con motivo de la guerra con Francia, Carlos I autorizó en 1525 generalmente a todos los súbditos para armar en corso, por tanto incluyendo a guipuzcoanos y vizcaínos. En la nueva licencia de corso permitía a los corsarios la merced del quinto, anteriormente a disposición a la Real Hacienda en las presas que se causasen; con cuyo aliciente, semejante ejercicio marítimo se aumentó, consecuencia fue grande el número de buques de guerra que armaron estos a su propia costa en los años inmediatos; muchas también fueron las presas que hicieron en los mares de Francia y Holanda.

A partir del enfrentamiento entre Carlos V y Francisco I, del que salió vencedor el primero, el monarca francés estableció en San Juan de Luz un centro de espionaje y desarrollo de corso contra los buques españoles que partían de puertos cántabros, hacia las Indias, Flandes o el Mediterráneo. Ahora el corso es recíproco. La Real Armada española se volvía vigilante y escolta de los barcos mercantes cargados de oro, plata, armas, y otras mercancías en las rutas oceánicas al servicio de la Corona Española. Numerosos corsarios atacaban a barcos que regresaban desde las Indias. Enriquecidos por las presas que hicieron en otros tiempos, han adornado la villa de edificios soberbios.

Existen noticias de corsarios y piratas vascos en todos los mares, varios jauntxos guipuzcoanos fueron capaces de armar entre 1552 y 1555 unas 350 naves con las que controlaron el mar Cantábrico desde Galicia hasta Bretaña.

En esos pocos años apresaron más de un millar de embarcaciones de todos los tamaños y el valor de las mercancías incautadas rondó el millón de ducados. En estas escaramuzas corsarias perdieron la vida un millar de guipuzcoanos. En algunos casos los piratas compartían en puerto el botín con la población, empezando por el alcalde, que los recibían con grandes vítores.

Corso vascongado en el siglo XVII


Durante la Edad Moderna, sobre todo el en siglo XVII, época dorada del corso, Guipúzcoa estaba a la cabeza de este tipo de prácticas. Por una parte, es una zona en la que el enemigo está al lado (franceses, ingleses, holandeses, portugueses, etc.); por otro, las rutas comerciales que comunican la Península con el norte de Europa pasan por los puertos vascos.

Esto contribuiría a la disposición de la población a ser corsaria. Se podría hablar de factores psicológicos, como la Hidalgía Universal, asumida por la población. Un hidalgo es quien tiene el privilegio de usar armas. Existía cierta predisposición hacia el uso de las armas por parte de los pobladores de esta zona.

Aunque desde la óptica actual el corso resulte vergonzoso, en la mentalidad de la época era una forma de obtener honores. Los grados se consiguen en los campos de batalla y, al final, se está sirviendo a tu Rey, a tu patria y a tu Dios.

Estaba la cuestión de los límites: cuál es la rapiña legal y cuándo la sobrepasas. En alta mar, sólo estaban ellos y el enemigo, entonces... Hubo acusaciones de excesos cometidos contra tripulantes. El objetivo del corso era robar el cargamento que iba en el barco, pero hay también acusaciones de robar pertenencias personales a los miembros de las tripulaciones. Hay cuestiones que sobrepasan los límites legales que estaban establecidos.

Una de las diferencias entre piratería y corso es que en este último caso se celebraba una vista judicial sobre todo apresamiento que se realizaba. Se decidía si el apresamiento era legal o ilegal. Si era ilegal, se devolvía la carga.

San Sebastián y Hondarribia fueron las dos principales plazas corsarias de la península ibérica en el siglo XVII, auténticos nidos de corsarios, entre 1621, fecha en la que estalló la guerra con Holanda, y 1635, año en que se inició la contienda hispano- francesa; las dos localidades guipuzcoanas se convirtieron en las principales suministradoras de corsarios al servicio del rey.

El floreciente comercio con América y el monopolio sevillano propiciaron también el auge del comercio ilegal en la provincia hasta que, en 1728, con la creación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, el monopolio del comercio con Venezuela recayó en la empresa de accionistas del territorio.

sábado, 25 de abril de 2015

Batalla de Valdejunquera


El Reino de Pamplona se inició con Sancho Garcés I (905-925), primer rey de la dinastía Jimena, que puso todo su empeño en recuperar los territorios arrebatados por los Banu Qasi del Ebro. Estos eran poderosos musulmanes que controlaban grandes territorios del valle del Ebro, descendientes lejanos del conde Casius, un aristócrata godo que se convirtió al Islam en el 714 para mantenerse en el poder.

El proyecto de Reconquista que emprendió Sancho I hacia el 910, la llevó a la práctica en el cuadrante suroccidental de la actual Navarra, entonces País de Deio, que comprendía las tierras entre el Arga y Álava. El resultado final fue la toma de la fortaleza de San Esteban sobre el monte Monjardín.

La batalla de Valdejunquera enfrentó un 26 de julio del 920 a los tres monarcas más poderosos de la península ibérica de comienzos del siglo X, es decir, a Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, contra Abderramán III, emir de Al-Ándalus. El escenario fueron los valles de Guesalaz y Yerri. Valdejunquera debió de corresponder a algún modesto paraje de Guesalaz, situado con toda probabilidad entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.

PINTURA DE ORDOÑO II DE LEÓN



El emir Abderramán, de claros orígenes navarros, viendo que sus generales eran derrotados una y otra vez por los reyes cristianos del norte peninsular, decide ponerse al frente de un poderoso ejército. Sale de Córdoba el 4 de junio del 920. Sancho Garcés I, el joven rey de Pamplona, mantiene a la sazón un férreo cerco a la ciudad mora de Tudela, que gobierna un Banu Qasi. El emir pasa por Toledo y enfila el camino de Atienza hasta alcanzar Medinaceli (Soria). Allí, en vez de internarse por el desfiladero del Jalón, ruta habitual del valle del Ebro, se dirige a tierras del Duero, donde emprende una dura represión, arrebatándole al rey de León las plazas que tres años antes le había quitado. Desde San Esteban de Gormaz, en apurada marcha de cinco días, cruza el Ebro y se presenta al fin en la sitiada Tudela, el 19 de julio, un mes y medio después.

El rey Sancho, incapaz de hacer frente a tamaña fuerza, retrocede a Calahorra y Arnedo, momento que debió de aprovechar para pedir ayuda a su amigo Ordoño, que según el historiador José María Lacarra, se hallaba por tierras de Nájera. Liberada la ciudad, el emir envía por delante a la caballería al mando del gobernador Banu Qasi, que por las inmediaciones de Sartaguda pasa el Ebro y toma al asalto la fortaleza de Cárcar. Pero no se detiene ahí, sino que se dirige hacia el corazón del País de Deio, arrasando todo lo que encuentra. El objetivo primordial tan al norte no podía ser otro que recuperar el castillo de San Esteban sobre el Monjardín, que el rey Sancho había conquistado hacia el 910.

La empresa prometía ser ardua, por lo que la caballería debió de esperar al emir, que se hallaba en Calahorra. Sancho desde Arnedo también se pone en marcha hacia Deio, acaso con el propósito de defender el enclave, pero viendo que el ejército del gobernador acampaba en Dachero o Dixarra, un paraje a orillas del Ega que mencionan las crónicas árabes, se lanza al asalto por el glacis del Montejurra, pero fracasa y se ve obligado a huir hacia los montes de la sierra de Andía, únicos que podían acogerlo en aquellas circunstancias. Al cabo de la jornada llega por fin Abderramán.


ESTATUA SANCHO I DE PAMPLONA


Por otra parte, Ordoño había conseguido unir sus fuerzas a las de Sancho en el transcurso de las últimas horas. El leonés habría cabalgado por Álava hacia el valle de la Barranca, y por el de Zumbel, entre Urbasa y Andía, habría ido al encuentro de Sancho. El más que previsible asalto moro al castillo del Monjardín quedaría descartado ante lo más apremiante: perseguir a los cristianos, a los que encuentran finalmente en los valles de Guesalaz y Yerri, bien porque buscaron un lugar propicio para el combate o bien porque acabaron atrapados tras la férrea persecución. El día de la lucha llega el 26 de julio del 920. El Emir logra vencerlos, causándoles gran mortandad. Los reyes huyen, salvándose por los montes. Los musulmanes emplean tres días en destruir pueblos y cosechas de los valles, y retornando al Ebro, por la ruta de Atienza se presentan al cabo de unas semanas en Córdoba, portando cientos de cabezas cristianas que exhiben orgullosos.


La batalla de Valdejunquera, de 920, es celebrada en Anzuola (Guipúzcoa) cada 15 de agosto de cada año, conocida como Fiesta del Moro. Indudablemente participaron los guipuzcoanos en la batalla ya que en aquellos momentos eran parte del reino de Pamplona. La realidad histórica es que Abd al Rahman III venció a los pamploneses bajo el mando del rey Sancho I Garcés y a los leoneses coaligados. Una tradición popular pretende que los mozos de Anzuola acudieron en socorro de los vascones llegando a ponerse en contacto con el enemigo musulmán al día siguiente de la batalla, que fue una derrota cristiana. Los de Anzuola, según la leyenda, se habrían apoderado de una bandera mahometana con otras presas.

viernes, 24 de abril de 2015

Muralla de Vitoria




La muralla de Vitoria fue un recinto murado que fortificó en la Edad Media el poblado de Vitoria, y su construcción tuvo lugar a finales del siglo XI.

Se conserva aproximadamente la mitad del volumen total, y fue recuperada a principios del siglo XXI en una actuación que recibió el premio que concede la organización Europa Nostra en 2010.




El recinto amurallado medieval de la ciudad fue construido a finales del siglo XI, siglo anterior a la fundación de la ciudad por el rey Sancho IV de Navarra en 1181 bajo el nombre de Nueva Victoria. Este recinto murado ya consta en el fuero concedido el mismo año de la fundación.

Durante los últimos siglos permaneció oculta entre las edificaciones del casco histórico, hasta que un equipo de investigación arqueológica de la Universidad del País Vasco llevó a cabo unas excavaciones arqueológicas en el subsuelo de la catedral de Santa María en 2001, en las que fueron descubiertos los restos de las zapatas de la antigua muralla.

Después de analizarse los restos se pudo comprobar que la citada zapata correspondía con la primera muralla que rodeaba el poblado pero que tenía una antigüedad anterior a la fundación de la ciudad. Ello denotaría un cierto poder económico y de liderazgo social, desconociéndose hasta el día de hoy quienes pudieron ser sus impulsores o de que se defendían empleando para ello tantos recursos.





Aunque el recinto amurallado tenía una longitud total de unos 900 metros y contaba con unos 22 torreones, actualmente solo se conserva cerca de la mitad. Tras el descubrimiento realizado en las excavaciones de la catedral se decidió llevar a cabo una restauración de los restos de la muralla que se conservaban en la ladera oeste.

Primera fase: vio la luz en 2006 y puso al descubierto el tramo que corresponde a las traseras de los números 98 al 104 de la calle Correría. Quedaron a la luz unos 136 metros de muralla y los antiguos restos del matadero y del mercado del siglo XIX.

Segunda fase: vio la luz en 2010 y ofrece la posibilidad de contemplar 160 metros de muralla en las traseras de San Miguel a través de una celosía de madera que imita la forma de la muralla que no se conserva.

Tercera fase: se ubica entre las dos primeras fases y aun esta por acondicionar.


martes, 21 de abril de 2015

Benjamin de Tudela

Benjamín ben Zona o Minyamin bar Yonah (Tudela, 1130-1173), fue un hispano-judio, hijo de un rabino llamado Jonah y natural de Tudela. Hombre sabio, políglota, ya que hablaba el hebreo, el arameo, el castellano, el romance navarro, el árabe, el griego, el latín y el euskara, también conocía bien la historia clásica. Como experto que fue en diversas artesanías y negocios se dedicó profesionalmente a comerciar con telas, gemas, especias y perfumes.

BENJAMIN DE TUDELA



Con sus conocimientos en idiomas y en sus mercaderías unió un viaje hacia Oriente que guardaba un  doble propósito. Pretendía establecer relaciones y uniones con las distintas colonias de judíos dispersos por Europa y Asia. En su época, el pueblo judío estaba muy extendido por las principales ciudades y existía una hermandad entre sus miembros.

Según su relato, pudo haber llegado hasta China en constante observación de la situación de sus hermanos de religión, la política entre las naciones del mundo occidental cristiano y el oriental islámico y la descripción de centros comerciales, así como las rutas que los unían y las que podían unirlos más en el futuro. Además, quería obtener recursos y encontrar nuevas rutas comerciales y mercados para sufragar los gastos derivados de tan costoso viaje.

Podrían considerarse que el objetivo de sus anotaciones fue la construcción de un informe puramente comercial pero, en realidad, se trataba de un ambicioso producto cultural y literario en el que se dieron cita la crónica, la geografía, el ensayo costumbrista y, en cierto sentido, a modo de precedente, la etnografía y la sociología.

Hay que tener en cuenta la dificultad y larga duración de llevar a la realidad este proyecto, pues en el siglo XII el mundo era bastante desconocido. Y es que hubo quien, antes de Marco Polo, emprendió viajes casi tan largos como los del veneciano.


BENJAMIN DE TUDELA


Su viaje se inició entre 1159 y 1165, y terminó entre 1172 y 1173. La duración del viaje es motivo de controversia; los estudiosos dan cifras entre cinco y catorce años. Reinaba en Navarra Sancho VI el Sabio.

Partió desde Tudela hasta Zaragoza. Bajando por la cuenca del río Ebro llegó a Tarragona, para continuar por Barcelona, Gerona, adentrase en el Rosellón y la Provenza, por las ciudades de Narbona, Montpellier y Arles. En Marsella embarcó hacía Génova, Pisa y Roma. En Roma se quedó a vivir una temporada ya que hace un relato extenso y preciso de sus antiguos monumentos. Según anotó en su libro de viajes, en Roma vivían entonces doscientos judíos que eran "muy respetados y que no daban tributo a nadie. Algunos de ellos son magistrados y están a las órdenes del Papa Alejandro III, el jefe eclesiástico y cabeza de la Iglesia cristiana". De hecho, según el rabino, el mayordomo del palacio papal y administrador de los bienes personales del Papa era Jechiel, hijo de Natán.

Dejando Roma, se encaminó hacia el sur, pasando por las ciudades de Nápoles, Salerno, Tarento y Otranto, donde embarca de nuevo hacia Grecia, atravesando el mar Jónico y pasando por la isla Corfú. En la isla de Corfú y en otras ciudades encuentra judíos aislados, nunca agrupados en comunidades.

En Grecia pasó por las ciudades de Patrás, Arta, Salónica. En Salónica encontró muy oprimida a la comunidad hebrea.

Bordea el noreste de Grecia hasta llegar a Constantinopla, de la que ofrece una viva descripción de gran importancia para el conocimiento de las condiciones y situación socioeconómica de sus habitantes, ya sean estos judíos o no. Observa mercaderes de Asia y Europa; los esplendores de Santa Sofía, donde oficia un Papa "que no se lleva bien con el Papa de Roma"; en el Hipódromo hay peleas de gallos, leones, leopardos, osos. El palacio de Blaquerna lo deslumbra por sus riquezas. Vio que los judíos bizantinos eran discriminados y no podían montar a caballo, excepto Salomón Hamistri, médico del Basileo.

Desde la capital bizantina, atraviesa el mar Egeo, visitado varias islas como Mytilene, Chíos, Samos, Rodas y Chipre.

LIBRO DE VIAJES DE BENJAMIN DE TUDELA



En la costa este del Mediterráneo, visita Palestina desembarcando en Acre. Pasa por Antioquía, Sidón, y Tiro, en aquellos momentos en manos de los caballeros cruzados. Recorre el país y describe detalladamente los Santos Lugares, dejando un documento de especial interés para el conocimiento de la Palestina de aquella época, con alusión a las diversas comunidades étnicas y religiosas de la zona, incluidas confesiones minoritarias, como los drusos.

Por ejemplo, en Jerusalén, juzga la verdad de las Escrituras; Nablus, Acre, Sidón, Haifa, el Muro de los Lamentos, todo es investigado. En Haran visita la sinagoga construida por Ezra, en el lugar donde estuvo la casa de Abraham. Allí, tanto judíos como musulmanes se reunían para orar. Sobre el monte Líbano cuenta su versión de la historia del Viejo de la Montaña que denominó Sheik-al-Hashishin.

De camino hacia el norte, se adentra en el mundo musulmán visitando el Imperio seléucida. Pasa por Tiberíades, Damasco, Alepo y Mosul, con un itinerario difícil de precisar. Damasco lo emocionó por sus vergeles y la mezquita, guardada por la "costilla de un gigante".

Desde Mosul, sigue el cauce del río Tigris hasta Bagdad, ciudad que describe en su libro con mayor extensión que cualquier otra. Allí conoce el palacio del califa emir Al-Mumein al Abasí, conocedor de la ley Mosaica, quien hablaba un hebreo sin pifias. Según el viajero de Tudela, todos los peregrinos que iban a la Meca pedían su bendición.

Parece probable que viajara a lo largo y ancho de Mesopotamia y Persia (actuales Irak e Irán). A partir de este punto, su relato es un paréntesis de inverosimilitud, como atestigua la constante referencia a mitos y leyendas.

Resulta improbable considerarle el primer europeo que contempló, en la distancia, las montañas del Himalaya, o incluso que llegase, con dosis de fantasía, a China, a la India, a Ceilán y a las silas Qis. De manera dudosa reúne noticias sobre las comunidades judías en Arabia, Persia, Asia central, India o Ceilán, e incluso menciona la existencia de la judería de Kai Fong en China.

Un paréntesis de probable inverosimilitud y imaginación que se cierra cuando su escritura retorna a la senda de lo creíble, que coincide con el momento en que pisa territorio de Egipto, con descripciones asombrosas de El Cairo, Fustat, Alejandría, el monte Sinaí y Damietta. Describe la vida judía en El Cairo y Alejandría, ciudad en la que embarca para arribar a Sicilia. En Palermo una descripción cuidadosa y pintoresca.

La hipótesis más probables es que desde la península itálica regresara a España por mar. Aunque su relato del viaje finaliza con una idealizada visión de la vida judía de Alemania y del norte de Francia, basada tal vez en relatos que llegaron a sus oídos. Según lo relatado pasa por Lucca, Verdún y París. 


VIAJE DE BENJAMIN DE TUDELA




Al regresar a España escribe en 1166 el libro Sefer-Ma´asot (Libro de Viajes) también conocido como Massaoth shel Raffi Binjamin. Es la descripción de su itinerario o libro de viajes  por el Mediterráneo, Tierra Santa y Asia Menor. Se trata de una obra geográfica y guía comercial, más que literaria, aunque se ha dicho que inaugura el género del libro de viajes y tiene algunas descripciones interesantes, con cierto valor literario.

Fue publicado en hebreo en Constantinopla en 1543 y traducido al latín por Arias Montano en Amberes en 1575 con el título Itinerarium Benjamini Tudelensis.

Aunque abunda en fantasías, y buena parte de sus páginas es un monótono informe sobre las comunidades judías que fue visitando, el libro en conjunto constituye una valiosa documentación sobre la geografía y la etnología fruto de las observaciones sobre la situación material, la cultura y la política de los países que visitó. Para ello también se sirvió de entrevistas con líderes de las comunidades judías de su recorrido.

En total, visitó más de una centena de ciudades de Europa y Oriente, convirtiéndose en una de las primeras fuentes de la demografía judía. Su interés se centró en los judíos y su situación, describiendo personalidades, centros de estudios, población, formas de vida, dificultades y éxitos. También habla de los grandes acontecimientos políticos e históricos de su época.

lunes, 20 de abril de 2015

Webs y Bibliografía sobre Andrés de Urdaneta

 


 
Webs recomendadas:
 

URDANETA NOVOHISPANO
http://www.iberori.org/urdaneta/

Exposición preparada por el Gobierno Vasco, el Departamento de Estudios Internacionales de UIA, el Comité Organizador y el Museo Franz Mayer.
 


Web oficial del 5º centenario del nacimiento de Andrés de Urdaneta.
 
 
URDANETA EN SU TIEMPO-BLOG http://urdanetaensutiempo.blogspot.com.es/
 
Urdaneta en su tiempo pretende acercarse a la vida de este navegante con ocasión de su 500 aniversario. Blog creado por José Ramón de Miguel, autor del libro Urdaneta en su tiempo.

 
FILIPINAS-URDANETA http://urdanetafilipinas.org/
 
Web escrita en inglés e impulsada por la comisión filipina Urdaneta 500.


FRAY ANDRÉS DE URDANETA 
http://andresurdaneta.wikifoundry.com/

Web escrita en euskara por la profesora de bachillerato Koro Irastorza Etxeberria. 

 


 
Bibliografía básica: 

Urdaneta: el dominador de los espacios del Océano Pacífico, J. 
Arteche, San Sebastián, Sociedad guipuzcoana de ediciones y publicaciones
 
Urdaneta: El dominador de los espacios del Océano Pacífico, J. Arteche, Madrid, Espasa-Calpe, 1943

Andrés de Urdanet, L. 
Cabrero, Madrid, Historia 16, 1987

Monje y marino; la vida y los tiempos de fray Andrés de Urdaneta, M. Cuevas, México, Galatea, 1943

Urdaneta en su tiempo. Donostia-San SebastiánJ. R. Miguel Bosch, Sociedad de Oceanografía de Guipúzcoa, 2002

Friar Andrés de Urdaneta, O.S.A. (1508-1568) Pioneer of Pacific Navigation from West to East, M. Mitchell, London, Macdonald and Evans, 1964

La expedición Legazpi-Urdaneta a las Filipinas (1557-1564), L. Muro, México, Secretaría de Educación Pública, 1975

Andrés de Urdaneta, agustino: en carreta sobre el Pacífico, I. Rodríguez & J. Álvarez Fernández, Valladolid, Estudio agustiniano, 1992

The Manila Galleon, W. L. Schurz, New York, E.P. Dutton, 1939

F. Urdaneta y la conquista de Filipinas: estudio históricoUncilla y Arroitajáuregui, San Sebastián, Imprenta de la Provincia, 1907

domingo, 19 de abril de 2015

Lope III Díaz de Haro

Octavo señor de Vizcaya entre los años 1254 y 1288, Mayordomo real, Canciller y Alférez Mayor del Reino de Castilla.




Lope III Díaz de Haro 
fue el octavo señor de Vizcaya, entre los años 1254 y 1288. Nació en 1288, era hijo de Diego III López de Haro y Constanza de Bearne.

Tomó posesión del señorío de Vizcaya siendo todavía menor de edad tras el fallecimiento de su padre y como este había tenido disputas con el rey de Castilla Alfonso X el Sabio, poniéndose bajo las órdenes del rey de Navarra, Lope fue llevado por sus tutores a Estella en 1255 para ofrecer igualmente sus servicios al rey navarro.

Más adelante se reconcilió con el rey de Castilla, logrando que este le confirmase los privilegios sobre Haro que su padre había perdido y fue armado caballero por Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X.

Tras la muerte de Fernando de la Cerda en 1275, su hijo Alfonso de la Cerda y su hermano Sancho empezaron a disputar la sucesión del reino de Castilla. Lope decidió apoyar a Sancho que en un principio tenía también el apoyo de Alfonso, pero que en 1282 pasó a apoyar a su nieto, privando a Lope del señorío de Haro, en favor del infante Jaime, quien moriría en 1283 a los dieciocho años, por lo que es probable que no llegase a tomar posesión.


El señorío de Lope III Díaz sufrió los primeros enfrentamientos entre banderizos, las guerras entre linajes nobiliarios de la Baja Edad Media. Así, en 1270, se produjo la lucha entre los de la cada de Zamudio y los de Leguizamón, en el monte Abril, con victoria de Diego Pérez Leguizamón, gracias a la colaboración de Pedro de Luzarra y los de Deusto. Diez años más tarde, moría durante una encerrona en Castrejana, encabezada por los de Zárraga y de Martiartu.


ESCUDO DE ARMAS DE LA CASA DE LOS HARO


Al fallecer Alfonso X en 1284, Sancho fue nombrado rey de Castilla. Estaba casado con María de Molina, hermana de la mujer de Lope III Díaz, lo que convirtió al señor de Vizcaya en cuñado del rey. Esto le dio un gran poder y fue nombrado mayordomo realcanciller y alférez mayor. También le fue devuelto el señorío de Haro y el gobierno de la región desde Burgos al Cantábrico. En 1287 era regente del reino junto a Martín González, obispo de Astorga.


Por petición de Lope III Díaz, Sancho permitió hacer salazones a los vecinos de Bermeo en los puertos de Galicia y Asturias. El 18 de marzo de 1285, hallándose los dos en Burgos, confirmó el rey el privilegio de fundación de Bermeo, dado por su abuelo Lope II Díaz, ampliando los términos que le dio aquél, como por ejemplo eximiéndoles de los derechos de portazgos y treintazgos en los puertos de Castro Urdiales y Laredo.

La desmedida ambición de Lope III Díaz conllevó protestas de otros nobles y provocó muchos problemas al rey. Hallándose este en Alfaro el 8 de junio de 1288, entre otros nobles convocó al infante Juan y a Lope, para reclamarles los castillos que le habían usurpado. Agriada la discusión, ordenó que apresasen al de Haro.

Fue entonces cuando éste ... se levantó mucho asina e dijo: 
"¿Presos? ¿Cómo? ¡A la merda! ¡Oh, los míos!" e metió mano a un cuchillo e dejóse ir para la puerta donde estaba el Rey el cuchillo sacado e la mano alta ... ballesteros e caballeros, veyendo que el Conde iva contra el Rey, firieron al Conde, e diéronle con una espada en la mano, e cortáronsela, e cayó luego la mano en tierra con el cuchillo; e luego diéronle con una maza en la cabeza, que cayó en tierra muerto."

Se casó con Juana Alfonso de Molina, hija del infante Alfonso de Molina y nieta de Alfonso IX de León, sin el consentimiento regio, lo cual suponía una afrenta al soberano. El lugar elegido para la celebración fue el Monasterio de San Andrés de Arroyo donde se encontraba la contrayente. 

De este matrimonio nacieron dos hijos: Diego IV López, señor de Vizcaya, y María Díaz, que contrajo matrimonio con el infante Juan de Castilla, hijo de Alfonso X.

sábado, 18 de abril de 2015

Batalla de Velate y los 12 cañones del escudo de Guipúzcoa


ESCUDO HISTÓRICO DE GUIPÚZCOA


Tras la toma de Navarra por parte del duque de Alba en 1512, Luis XII de Francia intentó arrebatar el reino del poder de Castilla restituyendo al monarca navarro, que se había refugiado en Bearn. Apoyado por un ejército francés al mando del general La Palice, y por los navarros del bando de los agramonteses. El rey Juan III de Albret consiguió retomar el terreno perdido hasta llegar a Pamplona, sin llegar a conquistarla. Incapaces de tomar la ciudad, las fuerzas franco-agramontesas, unos 12.000, comenzaron a replegarse perseguidas por las tropas castellanas.

El ejército franco-agramontes, tras el fallido sitio y asalto de la ciudad de Pamplona y ante la llegada del invierno, procedió a replegarse hacia Baztán, hostigado por las fuerzas castellanas al mando del capitán Charles de Góngora, navarro del bando beaumontés. Góngora capturó a unos centenares de los rezagados y volvió a Pamplona, donde arrastró las banderas de los vencidos.

Fue entonces cuando el duque de Alba extendió órdenes a las tropas guipuzcoanas de Diego López de Ayala para que cortaran el camino en huida hacia Francia a los expedicionarios. Eran en su mayoría guipuzcoanos a las órdenes de los señores de Lizaur con trescientos lacayos y otros al mando de Garci Martínez de Berásteguil, señor del linje de Berástegui. Pero las fuerzas forales de Gipuzkoa, que en total eran 3.500 efectivos, estaban al mando supremo del oñacino Diego López de Ayala y al servicio del Reino de Castilla.


PUERTO DE BELATE


A la salida del valle de Baztán, en tierras de Navarra, los invasores estaban apostados ocupando todas las barrancadas, caminos y desfiladeros. Se trataba de un grupo de lansquenetes alemanes, medio muertos de frío y de hambre, que querían a todo trance ganar la frontera francesa. Otras fuentes confirman que en realidad fueron parte de las fuerzas expedicionarias franco-agramontesas. Lo cierto es que cuando los guipuzcoanos entraron en combate en Velate, estas fuerzas huyeron en desbandada abandonando su artillería: unos 12 cañones; que fueron capturados. La batalla de Belate o Velate tuvo lugar un 7 de diciembre de 1512.

En una de las versiones se cuestiona la existencia de una verdadera batalla, tratándose simplemente de una emboscada sin lucha y una posterior toma de los cañones.

Como premio por esta victoria, la reina Juana de Castilla otorgó el privilegio de incorporar la representación de los 12 cañones capturados en la batalla al escudo de Guipúzcoa al año siguiente, en 1513. Los cañones permanecieron en el escudo de Guipuzcoa durante más de 400 años, testigos de la participación de los guipuzcoanos en la conquista de Navarra, del lado de Castilla y a las órdenes del duque de Alba.

En 1516, a la villa de Fuenterrabía se le otorgaron 112.000 maravedís en las alcabalas por los servicios prestados por dicha batalla.

Estos cañones fueron eliminados del escudo de Guipúzcoa en 1979 por las Juntas Generales de Gipuzkoa, aduciendo ir en contra de las buenas relaciones con Navarra. Tan solo se trata de un argumento antihístórico con la intención de ocultar la decisiva participación tanto política como militar que tuvieron las Provincias Vascongadas en la conquista de Navarra de 1512 y su posterior incorporación a la Corona de Castilla en 1515.

Dichas armas se incorporan de igual modo a diversas familias guipuzcoanas y actualmente se conservan en los escudos de las poblaciones de Antzuola y Zizurkil.


 ESCUDOS HISTÓRICOS DE GUIPUZCOA


Todos los cronistas de la época recogen la participación de los guipuzcoanos en este enfrentamiento entre castellanos, vascos y navarros beaumonteses por un bando y franceses, gascones y navarros agramonteses por el otro.

Así, el cronista del duque de Alba, Correa, publicó en 1515:
El Señor de Lizarza (Lizarza_buru), uno de los nobles guipuzcoanos que trataba de hostigar la retirada del ejército navarro-gascón con unos trescientos ballesteros, sorprendió en las estribaciones de Velate a un grupo de alemanes con parte de la artillería empleada días atrás para batir los muros de Pamplona. Los lansquenetes alemanes, creyéndose atacados, se dieron a la fuga, no sin dejar dos artilleros que cubrieron su retirada abriendo fuego contra los guipuzcoanos, quienes cuerpo a tierra evitaron los proyectiles. Al rato, se acercaron, y Lizarzaburu al ver las piezas abandonadas, gritó ¡España, España!

Poco después llegó otro noble guipuzcoano, el señor de Berástegui, a quien Lizarzaburu encomendó la artillería para perseguir a los que huían. Alcanzó a muchos, hambrientos y helados, matando a más de un millar de ellos.

Posteriormente llegó Diego López de Ayala, líder oñacino y alcaide de la fortaleza de Fuenterrabía, que mandó un mensaje al Duque de Alba para el envío de dos centenares de mulas para bajar las piezas artilleras a Pamplona.

Mártir de Anguería, secretario de Fernando el Católico, habla de la participación de 3.000 guipuzcoanos y alaveses, reclutados por el gobernador y capitán general Juan Silva, que avanzaban lentamente con intención de cerrar el paso al ejército que huía. Medio centenar se adelantaron a los desfiladeros, cuando el grueso del ejército navarro-gascón lo había atravesado. Aun así sorprendieron a un grupo de alemanes que, agotados por el frío, el hambre y el cansancio, se dispersaron sin ofrecer ninguna resistencia, abandonando diez cañones y arrojando una de las piezas más pesadas a un barranco.


Pablo Gorosabel, historiador guipuzcoano del siglo XIX, narraba lo siguiente:
En tanto el Rey Católico escribió a la provincia (de Guipúzcoa) desde Logroño en fecha 1º de Diciembre del mismo año 1512 una carta en la que encargaba a estos naturales cortasen la retirada al enemigo o a lo menos le hiciesen todo el daño posible. No era posible reunir y arreglar tan repentinamente, como el caso lo exigía, todas las fuerzas de guipuzcoanos que se deseaban; muchos de estos se hallaban por otra parte sirviendo en las escuadras de su Majestad e inglesa. Acudieron no obstante al lance de que se trata 3500 hombres, entre los que se hallaba la compañía de Tolosa, cuyo contingente llegaba a unas 1500 plazas; y pasando por las villas de Lesaca y Vera, llegaron el 7 a las montañas de Belate y Elizondo, donde el día 13 derrotaron al ejército francés, apoderándose de 12 cañones que llevaba, matando e hiriendo a muchos. En tan gloriosa jornada la compañía de Tolosa estaba mandada por Alberto Pérez de Rexil, vecino de la misma villa...


En 1518, los Parientes mayores de Guipúzcoa se atribuyen todo el mérito de la batalla:
...mismo en las guerras de Navarra en el campo de Velate contra don Juan de Labrit —que Dios aya— e su gente, cuando se le quitó la artillería, notoria cosa es quién tubo el esfuerzo de la delantera, porque toda la gente común quiso huir y dejar yr a los franceses con su artillería, pero algunos Parientes Mayores con sus aliados tuvieron esfuerzo de tomar la delantera y pasar adelante y tomar a afrenta e riesgo de muerte donde después se esforzó la gente común, e se les quitó la artillería a los dichos franceses, e se dio las armas (por) Sus Altezas primero a los Parientes Mayores que se conteçieron y después a la Provincia, como quiera que los dichos Parientes Mayores estan en suplicaçion por merecer las dichas armas primero que la Provincia;

ESCUDO HISTÓRICO DE GUIPUZCOA,
CON LOS 12 CAÑONES DE BETALE Y EL REY ALFONSO VIII

ESCUDO MUTILADO DE GUIPUZCOA


La crónica (relato de Le Loyal Serviteur, cap. IV, pp. 100-101) dice así:
"...dejaron con el artillería dos hombres ligeros que le pegasen fuego contra el señor de Lizaur y su gente; porque en tanto ellos se pudiesen salvar, faciendo pago con el artillería. Hobo efecto el engaño de los alemanes; porque el artillería jugó y los guipuscuanos se tendieron en el suelo: así el artillería no los pudo cojer; y como el estrepido y humo fuese grande, y muy espeso, a gran paso los alemanes se pudieron poner en lugar seguro. El señor de Lizaur cuando vido que el artillería no jugaba, primero creyó que algún engaño fuese; mas como viese que tardaban en tirar, y nengún temor de gente oyese, él solo abajó, secreto entre las matas, viendo el artillería sola arremetió a ella con gran alegría diciendo España, España: los suyos a las voces abajaron a él y cabalgaron en el artillería. En esto llegó el señor de Velástegui, al cual Lizaur encomendó el artillería; y él con sus hombres siguió a los alemanes; y aunque todos estaban en salvo, algunos con la gran hambre, no pudieron caminar, fueron alcanzados e muertos; otros muchos fallaron abrazados con los troncones de los árboles, en ellos los dientes fincados y muertos de hambre: otros mordiendo en la tierra ya espirando: fasta mil alemanes se supo ser muertos de hambre y de hierro, en solo aquel día, y de frío; que como los cuerpos tomaba vacíos el yelo fácilmente los penetraba. Diego López de Ayala, que en las angosturas de los montes estaba esperando los franceses, supo como por cima de sierra caminaban, y no pudiendo más facer se volvía, y en el camino supo ser el artillería perdida de socorrella porque los franceses no volviesen por ella: dio con su llegada gran esfuerzo al señor de Lizaur y al señor de Velástegui; y luego Diego López proveyó luego como él lo escribió y embiole docientas acémilas cargadas de pan y vino y carne, y con ellas seiscientos infantes de Alava para que con el artillería viniesen, y Diego López se fuese a poner recaudo en Fuenterrabía. Pues como las acémilas llegaron, a gran priesa, fueron cargados los tiros y vinieron a Pamplona lunes que fueron trece de diciembre de quinientos y doce años; la cual entró en esta orden. Venían en la delantera quinientos lacayos guipuscoanos que tomaron el artillería: luego venían doce piezas ocho sacres y dos cañones y dos culebrinas, que eran las doce piezas. Estas cuatro piezas mayores estaban llenas de cruces de Jerusalén que el rey Carlos (VIII de Francia) había fecho cuando, so color de conquistar a Jerusalén, tomó a Roma y a Nápoles y toda Italia; algunos creían que estas cuatro piezas eran del Duque de Loreina que se llama rey de Jerusalén: tras el artillería venían quinientos vizcaínos, que Diego López de Ayala embió con ella para mayor seguridad: la retaguardia traían los albaneses que el Duque embió. El Duque como supo que el artillería venía, cabalgó con los caballos que con él estaban aunque eran pocos, que los más se habían ido ya: unos que siendo gentiles hombres, se eran idos por se hallar en el alarde de Logroño: otros que se habían ido con Fonseca y con el comendador mayor de Castilla. Y así recibida el artillería, en su corazón daba gracias a Dios porque, al tiempo que más que más sin pensallo estaba, le había traído a sus manos la mejor parte del ejército francés. Quejábase porque al tiempo que él quería dar en los enemigos, donde esperaba con ayuda de Dios fácilmente desbaratallos, le había faltado el poder; más no podiendo remediar a lo ya pasado habló amorosamente al señor de Lizaur y al señor de Velástegui, porque como valientes hombres habían quitado el artillería a los franceses, prometiéndoles mercedes, las cuales el rey confirmaría. El artillería fue metida en palacio del Rey con muy grande alegría de la gente."

Por esta acción de Belate la reina doña Juana hizo añadir al escudo guipuzcoano el cuartel de los doce cañones.

MAPA GEOGRÁFICO DE BAZTÁN

viernes, 17 de abril de 2015

Íñigo de Artieta

Marino, armador, comerciante, militar y corsario de finales del siglo XV y principios del XVI




Natural de Lequeitio, Vizcaya, donde nació en 1440, procedía de una familia de mercaderes del siglo XV de la villa de Lequeitio. Su padre, Nicolás Ibáñez de Artieta, fue también marino, armador y comerciante y estuvo presente con sus barcos en las diferentes Armadas que mandaron formar los Reyes Católicos contra sus enemigos.

En 1476, se preparó una flota de 12 embarcaciones (3 naves vizcaínas y 9 carabelas andaluzas) para luchar contra los barcos portugueses que traían oro y esclavos de Guinea. Una de estas carabelas era propiedad de Iñigo. Los enfrentamientos entre Castilla y Portugal se producían por la sucesión al trono de Castilla entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, y por el monopolio comercial de Guinea que pretendía Portugal.

En 1477, participó con su carabela Santa María Magdalena, en una nueva flota militar con destino a Guinea. La nave fue fletada por el doctor Rodríguez Lilo, del Consejo Real.

Entre los años 1477 y 1498, sus barcos actuaron en el Mediterráneo, uniendo comercialmente la península Ibérica con las islas Baleares y estas con la península Itálica y Sicilia, transportando sardinas, atún, trigo y sal. Durante estos viajes por el Mediterráneo, se dedicó también al corso e hizo varios apresamientos de naves.

En 1491, se concedió a Íñigo de Artieta un permiso para la construcción de una carraca, para lo cual los reyes despacharon una carta por la que se instaba al Corregidor para que no se le cobrase ningún impuesto ni sufriese ningún daño por la construcción en Laida. Los Reyes Católicos daban estas facilidades a los armadores para incentivar la construcción de barcos para formar armadas, otorgando privilegios a los armadores que construyeran naves cada vez más grandes, así en 1436, premiaban los barcos de más de 600 toneles de capacidad. Íñigo de Artieta se benefició de esta promoción por la nave de 900 toneles construido en Lekeitio.



VILLA DE LEQUEITIO, SIGLOS XV-XVI


En 1492, Iñigo de Artieta participó activamente en la organización de la Armada de Vizcaya siendo capitán general, cuyo encargado de reunir las embarcaciones fue el capitán bilbaíno Juan de Arbolancha.

La misión principal de la armada era proteger la navegación castellana de la Ruta de las Indias en el estrecho de Gibraltar y costas atlánticas, y frenar el comercio marítimo portugués. Acciones que se desarrollaron en aguas del estrecho de Gibraltar contra embarcaciones portuguesas hasta el Tratado de Tordesillas.
Los ataques turcos en Sicilia y Nápoles hicieron que Íñigo formara parte de la Armada de Sicilia en 1494, junto a sus naves de la Armada Vizcaína. Poniéndese allí a las órdenes de Garcerán de Requesens, capitán general de la Armada de Sicilia, participó en el bloqueo de Gaeta y logrando que sus enemigos no pudiesen recibir alimentos por mar. Navegaba en esta ocasión Íñigo en compañía de su hermano Francisco de Artieta, preboste de la villa de Tabita de Durango.

Íñigo de Artieta era poseedor de una merced real para cuatro lanzas mareantes. La concesión de una merced tenía por objeto que el que disfrutaba de ella realizase cierto trabajo provechoso para el reino. Por tanto, la concesión de una merced tenía en el Señorío de Vizcaya el exclusivo fin de que el beneficiario de ella sirviese el reino con armamento en proporción a la cuantía de la concesión. El beneficiario de una merced pagaba con ella un número prefijado de lanzas o ballesteros que eran los que se encargaban de combatir por él cuando el rey convocaba a las armas. En Vizcaya casi todas las lanzas y ballesteros que se concedían eran mareantes, y su obligación era servir por mar exclusivamente.

El mismo Íñigo de Artieta, en 1503, contrató con las religiosas Dominicas de Lekeitio, ante el escribano Juan Ortiz de Jáuregui, la cesión de 8.600 maravedis de juro que recibía anualmente de los Reyes Católicos.


TRATADO DE TORDESILLAS

lunes, 13 de abril de 2015

Julián Romero de Ibarrola

Militar del siglo XVI famoso por ser uno de los pocos de origen humilde y que empezando como soldado alcanzó el grado de Maestre General de Campo
 


Procedía de la casa mayor de Ibarrola de Murelaga, en Vizcaya, fundada en 1404, por Juan Ochoa de Olaeta. En 1534, con solo 16 años, se encontraba ya enrolado en los Tercios del emperador Carlos V. 

En 1545, el Enrique VIII se enfrentaba a los rebeldes escoceses. Carlos V, aliado del rey de Inglaterra, acudió en su ayuda con sus Tercios. En la batalla de Pinkie se destacó Romero de Ibarrola como capitán de una regimiento. 

En la batalla de San Quitín, tuvo una actuación destacada, siendo nombrado caballero de la Orden de Santiago y maestre de Infantería por Felipe II. Y poco más tarde al mando de una compañía de arcabuceros combatió en la batalla de Gravelinas

En 1551, junto al también famoso militar Sancho de Londoño, dirigió las fuerzas españolas que vencieron a las francesas en la batalla de Gemmingen. Pese a que los españoles se encontraban en inferioridad numérica frente a los franceses, vencieron con 500 arcabuceros y 300 mosqueteros.

Siendo maestre de campo de una compañía del Tercio Viejo de Sicilia en Siracusa, en 1565, el duque de Alba le ordenó que lo acompañase por el llamado Camino español para contener una rebelión en los Países Bajos encabezada por Guillermo de Orange. El duque de Alba creó para él el cargo de sargento mayor general del Ejército.

La guerra de Flandes se recrudecía; en ella Ibarrola mostró toda su pericia bélica en diversas acciones destacadas: fue herido en un brazo en el asedio a Mons por un tiro de arcabuz; perdió un ojo en la toma de Haarlem, un importante núcleo protestante; apaciguó un motín de las tropas españolas en Utrech; y socorrió a Sancho Dávila en el cerco de Amberes y, más tarde, sus tropas protagonizan el terrible saco de Amberes.

Tras nueve años de guerra en Flandes, Julián Romero solicitó al rey que le nombrase "castellano", título que servía para volver con su familia. Pero en el año 1567, durante el camino de Lombardía a Flandes y siendo maestre de campo general de 6.000 hombres de infantería y caballería, cayó súbitamente muerto del caballo en la ciudad de Cremona.

JULIÁN ROMERO Y SU SANTO PATRONO, POR EL GRECO


Fue pintado por El Greco en la última década del siglo XVI en un cuadro que se conserva en el Museo del Prado llamado Julián Romero y su santo patrono, y además el poeta Diego Jiménez de Ayllón le dedicó un soneto.

Se le atribuye la autoría de la Crónica del rey Enrico octavo de Inglaterra escrita por autor coetáneo. Se llegó a imprimir en 1884. En París, la casa editorial Franco-Ibero-Americana publicó el libro titulado Capitán Julián Romero. El Barba Azul de los reyes. Según el marqués de Molins en ese manuscrito están referidos, los hechos, los dichos y hasta los pensamientos del capitán Romero, que asistió a la batalla de Pavía y a la toma de Boulogne, donde tuvo varios duelos. El protector de Escocia, después de la victoria de Pinken, concedió muchas mercedes e hizo muchos caballeros, entre ellos, a Julián Romero. Tanta era su fama que Ercilla se refirió a su persona en La Araucana al hablar de la batalla de San Quintín:
El pronto Navarrete a la siniestra
Con el conde Mega; y de la parte
Del burgo Julián, con mes naciones
Españoles, tudescos y walones.

domingo, 12 de abril de 2015

Versiones y leyendas de la Batalla de Roncesvalles

La batalla de Roncesvalles presenta diferentes versiones y leyendas sobre el desarrollo de los hechos, dependiendo de las fuentes que lo relaten.

Sólo se dispone de dos fuentes de información fidedignas: los Anales Reales de Carlomagno y Vita Karoli Magni de Eginhard; hay que añadir también el epitafio del senescal Eggihard, que permite conocer la fecha del combate.

Salvo que los agresores eran vascones o gascones y que el ejército franco sufrió una derrota de considerable resonancia, lo demás es incierto.


La versión más legendaria parte desde la oferta que Suleiman Ibinalarabi, valí de Barcelona y enemigo del emir de Córdoba le propone a Carlomagno. Roldán, sobrino de Carlomagno desconfía y propone que vaya un embajador llamado Ganelón. Este noble cree que Roldán le mandó allá porque desea su muerte, de manera que decide vengarse y conspirar con los sarracenos contra los francos y, al mismo tiempo, sugiere a Carlomagno que sea Roldán quien comande la retaguardia de las tropas.

Los sarracenos, advertidos por Ganelón, tienden una emboscada a la retaguardia del ejército franco encabezada por Roldán. Nada menos que cuatrocientos mil moros se lanzan sobre los francos en el paso de Roncesvalles. Tras la terrible refriega, Roldán encuentra la muerte.

Los sucesos que se narran en los poemas épicos de aquella época medieval quedan deformados en perjuicio de la Historia y en beneficio de la Épica. Nunca hubo cuatrocientos mil sarracenos en el paso de Roncesvalles; ni eran tantos ni, probablemente, tampoco sarracenos.




La versión descrita por parte de la épica hispánica de la época ensalza a Bernardo de Carpio como protagonista de aquella epopeya. La tradición española parte ahora desde el reino de Asturias. Alfonso II el Casto no consigue dejar descendencia a su trono. Un posible heredero es Bernardo del Carpio, sobrino del rey, pero ilegítimo, pues es hijo de los amores de Jimena, hermana del rey, con el conde Saldaña. Alfonso ha encerrado a los amantes; a Bernardo se lo queda bajo tutela. Pero Bernardo, que ignoraba tanto su condición de bastardía como su sangre real, se entera quién es su padre y decide librarle de su encierro.

En esa circunstancia, Alfonso pide ayuda a Carlomagno contra los moros y le promete a cambio una parte del reino. Varios nobles asturianos, temerosos de perder sus posesiones, se rebelan y pactan una alianza contra los carolingios. No están solos: las huestes de vascones y los moros de Zaragoza tampoco quieren que Carlomagno logre reinar territorios peninsulares. Al frente de la coalición se pone Bernardo del Carpio. Las tropas de los rebeldes sorprenden a los carolingios en Roncesvalles. Allí Bernardo derrota a Roldán, sobrino de Carlomagno, y a los Doce Pares de Francia. Bernardo se cobra la espada "Durandarte", el arma de Roldán, que a partir de entonces le acompañará en numerosas hazañas.

La epopeya de Bernardo nunca fue tenida por legendaria, sino más bien por histórica. Multitud de crónicas y anales la reproducen:

Alfonso X el Sabio lo relató como como un hecho real. Carlos I visitó la tumba de Bernardo de Aguilar de Campoo al llegar a España por primera vez, allí recibió la espada "Durandarte", sacada del sepulcro del héroe. Además, el héroe será omnipresente en la literatura española hasta el Siglo de Oro incluido.

Ahora bien, Alfonso X fechó la hazaña de Roncesvalles "andados veintisiete años del reinado del rey don Alfonso el Casto", es decir, en el año 808. Siendo posible que, como dice el canto francés, Carlomagno, ya con setenta años, tuviera la barba blanca.

Todas las investigaciones modernas coinciden en la absoluta veracidad del planteamiento que servía de punto de arranque al cantar francés, la Canción de Roldán. Era verdad que los moros de Zaragoza se rebelaron contra el califato de Córdoba. Y era verdad que pidieron ayuda a Carlomagno y que éste vio aquí una oportunidad para asentar la Marca Hispánica hasta el río Ebro.

La historia moderna así lo escribe:

"En verano del 778, el emperador Carlomagno, rey de los francos, se adelantó en tierras hispanas por el gobernador musulmán de Zaragoza, que se había rebelado contra el califa de Córdoba. El gobernador no cumplió su promesa y Carlomagno tuvo que volver. Al regresar por el Pirineo navarro, las tropas carolongias sufrieron una emboscada en el paso de Roncesvalles. Los atacantes, tal vez vascones, tal vez una coalición de vascones y musulmanes, aniquilaron a la retaguardia de Carlomagno, matando a Roldán, duque de la marca de Bretaña, y a los Doce Pares de Francia".




Pero las investigaciones, debates y resultados más recientes de la Historia moderna consiguen tomar unas cuantas precisiones:

Para empezar, que no hubo una sola batalla, sino que hubo dos. La primera, en agosto de 778, tuvo lugar en Valcarlos, y corresponde a la secuencia descrita por la Historia moderna, pero con una matización: primero fueron las tropas musulmanas las que propinan una mazazo inicial a los francos en retirada en los valles del Ebro y, posteriormente, fueron rematados por los vascones en los Pirineos como venganza del ataque a Pamplona.

El segundo enfrentamiento, en junio de 808, tuvo lugar más concretamente en Roncesvalles, y es la que perduró en la tradición española. Esta describe que una alianza de nobles asturianos y aliados musulmanes del norte de la península, con Bernardo del Carpio, derrotó a las tropas que Carlomagno enviaba a Alfonso II el Casto.


Por último, la reciente versión de los historiadores nacionalistas vascos incide en el protagonismo de los vascones, a los que atribuyen totalmente la victoria, lo que sólo es cierto en parte.