domingo, 31 de mayo de 2015

Batalla de Tamarón


La Batalla de Tamarón fue un enfrentamiento militar que tuvo lugar el año 1037 entre las tropas del rey leonés Bermudo III contra las del rey de Castilla Fernando Sánchez, apoyado por el rey de Pamplona-Nájera García III Sánchez.

Distintas versiones de los hechos difieren tanto en las fechas (30 de agosto, 1 de septiembre o 4 de septiembre), como en el emplazamiento de la batalla (Tamarón, en Burgos, o Támara de Campos, en Palencia). La Crónica najerense, la Crónica silense y Chronicon mundi de Lucas de Tuy además de los Anales Toledanos, Compostelanos y Castellanos Segundos dan como lugar de la batalla el valle de Tamarón. Las crónicas recogen que la batalla se libró después de que Bermudo III pasara la frontera de los cántabros (río Pisuerga) y que tuvo lugar en el valle de Tamarón "super vallem Tamaron", y Tamarón es el actual pueblo de Burgos que se halla en el marcado valle que forma el arroyo de Sambol. Támara, que nunca fue llamada Tamarón, no está situada en ningún valle. Es con De rebus Hispaniae de Jiménez de Rada donde viene la confusión, ya que dicho autor situaba la batalla junto al río Carrión, donde se encuentra relativamente cerca la villa de Támara (Palencia).



Los orígenes de la batalla tienen como escenario la Tierra de Campos, los territorios entre el Cea y el Pisuerga disputados entre León y Castilla desde el siglo IX. Dicha zona había sido incorporada a Castilla en tiempos de Sancho III el Mayor, y Bermudo III quería recuperarlas. Fernando I, por su parte, consideraba esa zona como dote de su esposa Sancha, hermana del rey leonés que se había casado con Fernando I.

Las tropas de Fernando I ayudadas por las de su hermano, el rey de Pamplona-Nájera García III Sánchez, vencieron a Bermudo III de León que perdió la vida en la batalla, supuestamente a manos de siete enemigos cuando se adelantaba a sus huestes en busca del conde castellano. Autopsias realizadas en el siglo XX demuestran que sufrió una cuarentena de heridas de lanza, muchas de ellas en el bajo vientre, comunes en otros caballeros medievales una vez desmontados. Por otra parte, el número de heridas pone de manifiesto la saña con la que fue desmontado y matado en mitad de la lucha al caer en medio de las filas enemigas.

Crónicas de los reinos de Asturias y León, Jesús E. Casariego. Ed. Everest (1985):
"...pero la muerte, lanza en ristre, que es criminal e inevitable para los mortales, se apodera de él (Bermudo) y le hace caer de la carrera de su caballo; siete caballeros enemigos acaban con él. García (rey de Navarra) y Fernando presionan sobre ellos (los leoneses). Su cuerpo es llevado al panteón de los reyes de León. Después, muerto Vermudo, Fernando asedia a León y todo el reino queda en su poder."


Muerto Bermudo III sin descendencia, el trono pasó a su hermana Sancha, que cedió los derechos a su marido Fernando I, que se coronó rey de León.

sábado, 30 de mayo de 2015

Primera vuelta al Mundo por Magallanes y Elcano


Entre las muchas aportaciones que España ha realizado a la ciencia universal, hay una que en su momento fue decisiva: la primera demostración empírica de que la tierra es redonda. El deseo de llegar por las rutas de Occidente a las islas de las Especias, que acababan de descubrir los portugueses navegando por las rutas de Oriente, significó la oportunidad de dar, por primera vez, la vuelta al mundo. Y aquella hazaña contó con la participación y el liderazgo de un vascongado de relevancia universal: Juan Sebastián de Elcano.

Eso es lo que logró el viaje de Magallanes y Elcano alrededor del mundo. Después de tres años de calamitosa travesía, el 6 de septiembre de 1522, Juan Sebastián de Elcano junto con 17 hombres desnutridos y enfermos desembarcó de la nao Victoria en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda, tras recorrer unos 80.000 kilómetros.



JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO


La primera vuelta al mundo partió de la idea de Fernando Magallanes, un marino portugués nacido en 1480, experto en las artes de navegar e intrépido aventurero. Había realizado unos primeros viajes por la India y Malaca entre 1505 y 1511, regresando a Portugal sabedor de la enorme riqueza que generaba la importación a Europa de las especias asiáticas. Los portugueses tenían colonias por las costas de África y Asia, controlaban las rutas a las islas de las especias en dirección este.

Su proyecto trataba de buscar una ruta alternativa a la ya establecida por la corona portuguesa, en dirección oeste buscando un estrecho marítimo en América que permitiera pasar al mar del Sur, el mismo que la expedición de Vasco Núñez de Balboa llamó también Pacífico. Pero su proyecto fue rechazado por el monarca luso Manuel I el Afortunado.

Sólo España estaba en condiciones de aunar la experiencia marinera, el conocimiento geográfico y cartográfico, la audacia humana, la voluntad política y los recursos económicos para emprender tal aventura marítima. Por eso, en 1517 Fernando de Magallanes viaja hasta Sevilla, donde se puso en contacto con Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación. Ambos consiguieron que en 1519 llegase su proyecto expedicionario a manos de Carlos I quien recibió al portugués en Valladolid, la capital de España.




TRATADO DE TORDESILLAS


Su objetivo consistía en llegar a las islas Molucas para obtener especias permitiendo que España se convirtiese en la principal suministradora de pimienta, clavo, nuez moscada y otras especias tan codicias en Europa. El plan consistía en abrir una ruta por el oeste, rodeando el continente americano por su extremo sur, y pasando sólo por dominios españoles. Surgió una dificultad diplomática, ya que según el Tratado de Tordesillas firmado en 1494 entre Castilla y Portugal, ambos países se habían repartido el mundo en dos mitades. Por tanto, si las islas Molucas quedaban del lado luso, Carlos I quebrantaría las relaciones diplomáticas con Portugal. Magallanes, basándose en los mapas de su tiempo, creyó que el camino occidental es viable y que las primeras islas asiáticas están cerca de la barrera americana.

Se trató, a posteriori, de un error de cálculo, pero el rey de España confió en la empresa y puso al portugués al frente de 265 hombres y 5 barcos: la capitana Trinidad, la Concepción, la Victoria, la Santiago y la San Antonio, cargadas de provisiones previstas para dos años (galletas, sardinas arenques, higos y siete vacas que les proporcionaban leche fresca). Era la llamada Flota de las Molucas.

Juan Sebastián Elcano tuvo conocimiento del proyecto y tomó partida en él como contramaestre de la nave Concepción. Marino guipuzcoano con amplios conocimientos náuticos, nació en Getaria en 1476. Participó en la expedición del cardenal Cisneros a Argel de 1509, y en las campañas de Italia del Gran Capitán. Elcano, arruinado, perseguido por la justicia por haber entregado la nave que mandaba a sus acreedores extranjeros, estaba en Sevilla, tratando de embarcarse en alguna de esas expediciones descubridoras que le supondría un empleo conforme a su capacidad y el indulto subsiguiente. Para ello debió recurrir a un alto empleado de la Casa de Contratación, Ibarrola, pariente suyo.


Durante la preparación de la armada magallánica, la Casa de Contratación contaba con bastantes administradores y funcionarios de origen vascongados. Uno de ellos era el vizcaíno Sancho de MatienzoEn el libro de gastos de la expedición consta el envío de una alta suma de ducados de oro al capitán de Lequeitio Nicolás de Artieta, con fecha de 19 de agosto de 1518. Durante el otoño e invierno Artieta, acompañado del cuñado de Magallanes, Duarte de Barbosa, y de Cormeño, polvorista de la Casa de la Contratación, trabajaban en la costa vasca preparando el abastecimiento necesario para la expedición. El capitán Artieta compraba la Trinidad en Bilbao. Juan de Aranda, oficial de la Casa de Contratación de Sevilla, estuvo también implicado en la compra de las naves, siendo probable la procedencia zarauztarra de la nao VictoriaJuan López de Recalde cumplía funciones de contador. Los Isasaga, Equino, Munibe-Alberro, Isasti, Urquiza, Oña, Iturriza, Berrozpe e Ibarrola ocupaban también otros elevados cargos.

La calidad y precio de los pertrechos y de la artillería habían determinado que se adquirieran en ferrerías de armas y herramientas de Vascongadas. En la época de los descubrimientos la costa vasca jugaba un papel de primer orden en la construcción de naos y pertrechos de marinar. 



FERNANDO MAGALLANES


La organización de la expedición contaba con tripulación de origen vascaDe los 265 hombres que comenzaron la expedición, alrededor de 30 eran vizcaínos o guipuzcoanos, cuya distribución en las 5 naves fue la siguiente:

En la Trinidad: mandada por Magallanes, el escribano León de Espeleta, el marinero de Lequeitio Domingo de Urrutia, y el escribano Juan de Elorriaga.

En la San Antonio: el maestre guipuzcoano Juan de Elorriaga y el marinero de Segura Juan de Segura; los 11 vascos restantes volvieron a España al fugarse la nao cuando abandonó la expedición desde el estrecho de Magallanes.

En la Concepción: el maestre de Guetaria Juan Sebastián de Elcano, el contramaestre de Bermeo Juan Acurio y Berriz, el calafate de Bermeo Antonio de Basozabal, el carpintero de Deva Domingo Icaza, los grumetes de Bermeo Juan AguirreMartín de Iraurraga, el marinero de Soravilla Lorenzo de Iruña, el grumete de Pamplona Joan Navarro, el grumete de la merindad de Marquina Pedro de Muguertegui, y el paje de Bermeo Pedro de Chindurza. Elcano y Acurio terminaron la expedición en la nave Victoria

En la Victoria: el carpintero de Deva Martin de Gárate, el grumete de Somorrostro Juanico el Vizcaíno, el grumete de Bilbao Juan de Arratia, el grumete de Bilbao Ochoa de Erandio, el grumete de Tolosa Pedro de Tolosa, el paje de Baracaldo Juan de Zubileta, y el marino de Tudela Lope Navarro.

Como servidores del contador Antonio Coca estaban enrolados el ballestero de Bilbao Juan de Menchaca, el barbero de Galdácano Pedro Olabarrieta, el grumete de Somorrostro Juan de Santelices. Además, tomaron parte en la expedición Juan de ArocaPerucho, Rodrigo de HurriraMartín de Barrena y Pedro Santúa


DESCUBRIMIENTO DEL ESTRECHO DE MAGALLANES


La expedición partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519. El primer tramo de la expedición es relativamente tranquilo. Toda la armada cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Tocan Río de Janeiro, bordean la costa de Brasil, hacen un breve descanso en Río de Janeiro, exploran la gran boca del Río de la Plata y el litoral de la Patagonia. Pero empiezan a surgir los problemas y las desconfianzas de la tripulación con respecto a Magallanes debido a varios motivos: primero, Magallanes mantiene en secreto el objetivo de su viaje, lo cual inquieta al resto de capitanes; segundo, los capitanes españoles desconfían de Magallanes, en buena parte por las discusiones establecidas en Sanlúcar con agentes portugueses; y tercero, la costa suramericana parece interminable, no aparece ningún paso hacia el otro lado y, además, a bordo hace un frío insoportable.

La armada navega por el hemisferio sur, donde en invierno empieza en marzo, las temperaturas son tan bajas que deciden invernar en la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación. El inspector de la expedición, Juan de Cartagena, secundado por otros tripulantes, Luis de Mendoza, tesorero, Antonio Coca, contador, y Gaspar de Quesada, se niega a seguir adelante. Magallanes resuelve el problema con astucia, pero fue severo con los cuatro cabecillas del complot. Más bien prefirió contemporizar con unos marineros muy necesarios para continuar el viaje. Uno de los más beneficiados por aquella indulgencia fue Elcano, subordinado de Gaspar de Quesada, que estaba entre los cabecillas del motín. Elcano se vio atrapado en un conflicto de fidelidades: o seguir al capitán de su barco, o seguir al jefe de la expedición. Primero se amotinó, pero luego contribuyó a sofocar el motín, ganándose la confianza de Magallanes. No tuvo la misma suerte
 el guipuzcoano Juan de Elorriaga, quien murió durante el conflicto.

En la bahía de San Julián sobreviven durante cinco meses bajo el frío, cazando animales como avestruces, zorros y moluscos y derritiendo el agua de bloques de hielo. La nao Santiago, durante un reconocimiento, se estrella contra la costa por un temporal, sin consecuencias. Y toman contacto con los indios tehuelches, los "patagones" por las enormes huellas que sus abarcas dejan en la nieve.

El 21 de octubre de 1520, se adentraron en el deseado paso al que Magallanes bautizó como estrecho de Todos los Santos y de las Once Mil Vírgenes. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas, los marineros mueren a mansalva al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. Cuando los víveres se agotaron, llegaron a alimentarse de cuero, ratas, cucarachas y todo lo que encontraban.

Durante la etapa transpacífica, la San Antonio, al mando del portugués Esteban Gómez, abandona la flota por falta de víveres para volver a España.







El 24 de enero de 1521 llegaron a la isla de Guam, perteneciente a las islas Marianas, también conocidas como islas de los Ladrones, que las llamaron así porque los indígenas entraban en los barcos y robaban todo cuanto encontraban. Continuaron hacia el oeste en dirección Cebú.

El 16 de marzo llegaron a la playa de San Lázaro, en Cebú, isla perteneciente al archipiélago de Filipinas, donde establecieron buenas relaciones con los nativos. Las tripulaciones se abastecen, descansan y se recuperan. No así para los vascos Juan de Aroca y Martín Barrena, que fueron los primeros enterrados en Filipinas.

En la isla de Mactán, el 27 de abril, surgieron las complicaciones. Magallanes desembarcó con 60 hombres armados para obtener la soberanía española sobre todas aquellas islas. Contaba el portugués con el apoyo del rey de Cebú y sus soldados. Pero, mientras entraban en amigables tratos con los aborígenes, el jefe cacique local Lapu-Lapu se niega a reconocer a Magallanes como su señor, y unos 1.500 isleños rebeldes cayeron sobre ellos.

Durante la emboscada, los soldados españoles atacaban con fuego de mosquetón y tiros de ballesta, mientras que los indios se protegían con escudos de madera y contraatacaban con flechas envenenadas.

Magallanes participó durante su juventud, en 1511, en una expedición para conquistar Malaca, en la India portuguesa. Sus compatriotas se impusieron a los nativos en gracias a la ventaja que les proporcionaba la artillería. Ahora, a la vista de unos indígenas filipinos técnicamente incapaces de hacer frente a los europeos, el portugués cometió el error de infravalorarlos y no tomar las debidas precauciones, costándole la vida y la de algunos de sus compañeros. También fue un error el haberse implicado en una contienda de jefes locales. 
Allí cayeron los vascongados León de Espeleta, Rodrigo de Hurrira y Sancho de Heredia.

Sobrevivieron 114 hombres para tres barcos. La expedición quedó al mando, sucesivamente, de varios de sus capitanes que se disputaban el poder, mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los jefes locales y buscando la ruta de las Molucas. Duarte de Barbosa, el capitán, fue asesinado junto con 24 soldados en otra emboscada. El mando superior pasó a Juan Carbajo. Entonces, decidieron hundir la nao Concepción, debido a una plaga de moluscos que había carcomido el casco. La cada vez más mermada tripulación se repartió entre las dos únicas naves efectivas. Gonzalo Gómez de Espinosa mandaba la Trinidad, y Juan Sebastián de Elcano recibía la Victoria.

Desde Cebú, la expedición buscó las tan deseadas Molucas, haciendo una aventurada travesía. Primero pasando por Mindanao, y tras hacer escala en Bohol y Panilongo, llegaron a Cimbonbon. Finalmente, un triunvirato encabezado por Elcano se hizo con el mando de lo que quedaba de la flota, argumentando que los jefes portugueses colaboradores de Magallanes habían eludido a propósito las Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucrativo monopolio del comercio de las especias.

Elcano, al mando de la expedición, puso rumbos suroeste, atravesó los archipiélagos de Basilán y Joló, desembarcó en las islas de Batuán, Calagán y Monolipa, donde encontraron una canela de gran calidad. Llegaron a su destino, las Molucas, el archipiélago de las ricas especias, a finales de 1521.

Allí, en la isla de Tidore, establecieron tratados con los príncipes nativos y cargaron un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje.

El 21 de diciembre, la expedición se dividió. La Trinidad, dirigida por Gómez Espinosa, sufría una avería, por lo que se acordó su permanencia en las Molucas hasta su adecuada reparación. El viaje de regreso se efectuaría con rumbo al Darién, entre Panamá y Colombia. Pero el plan fracasó, no consiguieron encontrar una travesía de vientos que les retorne a América, el torno-viaje que medio siglos más tarde hallaría Urdaneta, y sus hombres terminaron presos de los portugueses, dueños comerciales de la zona. Domingo de Urrutia quedó prisionero en Borneo y Antonio de Basozabal en Tidore.

La proximidad de los portugueses, hizo que Elcano al frente de la Victoria pusiese rumbo al oeste. Allí se gestó el proyecto de dar la vuelta al mundo. Regresar a España por el océano Índico suponía la violación del Tratado de Tordesillas. Acompañado de 47 españoles y 13 naturales, arribó a la isla de Timor, ya en 1522, donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia.



ESTATUA A ELCANO EN GETARIA


La expedición de Elcano cruzó el océano Índico por una ruta lo más meridional posible, pasando un calvario de hambre, sed y enfermedades. Por otra parte, el rey Juan de Portugal se propuso sabotear la nueva ruta, por eso, ordena a todos los puertos portugueses que negaran cualquier ayuda a las expediciones españolas.

Elcano consiguió dominar la impaciencia de la tripulación, ansiosa de bajar a tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique y el 19 de mayo de 1522, doblaron el cabo de Buena Esperanza.

En Cabo Verde, en el África occidental, Elcano decidió enviar a trece hombres en una pequeña embarcación, un esquife, para conseguir víveres sin revelar su identidad. La colonia era de dominio portugués, y su gobernador se ofreció a comerciar. Cuando consiguieron agua y comida, cometieron el error de pagar en especias, descubriendo su ilegal procedencia, por lo que los marineros fueron apresados. 
Entre ellos, estaban Pedro de Chindurza y Pedro de Tolosa, aunque después fueron repatriados. Fue en este lugar donde supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de este a oeste, dando la vuelta a la Tierra. Un descubrimiento más, comprobado empíricamente por la expedición. Elcano comprendió la situación, nadie puede aportarles ayuda, y puso rumbo final por la costa oeste del Atlántico hacia España. 

En el Atlántico, la carencia de alimentos se hizo sentir de nuevo. Durante días y días, los supervivientes navegaron sin probar alimento fresco. El escorbuto se cebó en los hombres, a los enfermos se les hinchaban las encías y se les caían los dientes, muchos murieron completamente extenuados entre grandes dolores. Sólo el indomable tesón de Elcano mantuvo la moral de sus hombres para hacer frente a tanta adversidad.

Cuando ya estaban cerca, una enorme tormenta desvía la nao Victoria hacia las portuguesas islas Azores.

Por fin, después de tres años menos catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Magallanes-Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda. Llegó con sólo 18 supervivientes, exhaustos, hambrientos y enfermos, a bordo de la nave Victoria, la única que quedaba de las cinco que partieron, eso sí, con las bodegas cargadas de especias. Misión cumplida.


PLACA HOMENAJE A LOS SUPERVIVIENTES DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO


Los 18 supervivientes que llegaron a Sevilla eran trece españoles, tres italianos, un portugués y un alemán: Juan Sebastián de Elcano, de Getaria, capitán; Miguel de Rodas, piloto; Juan de Acurio, de Bermeo, piloto; Antonio Lombardo (Pigafeta), de Vicenza, cronista; Juan de Arratia, de Bilbao, grumete; Juan de Zubileta, de Baracaldo, paje; Martín de Yudícibus, de Génova, marinero; Francisco Albo, de Axila, piloto; Hernando de Bustamante, de Alcántara, marinero y barbero; Nicolás el Griego, de Nápoles, marinero; Miguel Sánchez, de Rodas, marinero; Antonio Hernández Colmenero, de Huelva, marinero; Francisco Rodrígues, portugués de Sevilla, marinero; Juan Rodríguez, de Huelva, marinero; Diego Carmena, marinero; Hans de Aquisgrán, cañonero; Vasco Gómez Gallego, el "portugués", de Bayona, grumete; Juan de Santandrés, de Cueto, grumete.

De los 13 españoles, 4 eran vascos: Juan Sebastián de Elcano, de Getaria, capitán; Juan de Acurio, de Bermeo, piloto; Juan de Arratia, de Bilbao, grumete; y Juan de Zubileta, de Baracaldo, paje.


Elcano y la tripulación superviviente fueron socorridos en Sevilla por la rápida intervención, entre otros, del tesorero de la Casa de Contratación Domingo de Ochandiano y del escribano real Juan de Eguibar. Más tarde, marcharon para Valladolid ante la corte del emperador Carlos V. Allí presentaron a los indios que traían de aquellas remotas islas, los regalos de sus reyes, pájaros raros, producciones exquisitas, y las preciosas especias adquiridas. El cargamento traído en la nao Victoria era de 381 sacos de especias, con un peso de 524 quintales. Su venta en el mercado español y europeo cubrió los gastos de la expedición y arrojó un beneficio de 346.220 maravedíes.

El emperador llenó de honores a los héroes de tal hazaña, recibió personalmente a todos los supervivientes y, además, se preocupó de que fueran liberados los marineros apresados por los portugueses tanto en Filipinas como en Cavo Verde. Elcano recibió una cuantiosa renta anual y un escudo de armas cuya cimera, un globo terráqueo, lleva la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me diste la vuelta).

Tras el hallazgo, las Cortes de Castilla y de Portugal trataron de aclarar las diferencias contraídas sobre la pertenencia de las Molucas por medio de jueces instruidos, reunidos entre Yelves y Badajoz. El emperador convocó a Elcano, el gran testigo ocular de la verdadera situación de aquellas islas. Su voto y manifiesto fue razón de mucho peso y autoridad en las conferencias. Con su ayuda los castellanos impusieron sus argumentos sofocando la razón de los lusitanos, y en 1524, sentenciaron la titularidad de las Molucas a favor del emperador.

Apenas cuatro años después Elcano regresa al mar, se enrola en la expedición marinera de García Jofre de Loaysa para conquistar las Molucas. Muere el 4 de agosto de 1526 mientras atravesaba el Pacífico al mando del Espíritu Santo.

Hay un viejo dicho latino que Plutarco atribuye a Pompeyo y que la Liga Hanseática adoptó como lema: Navigare necesse este, vivere non est necesse (Navegar es necesario, vivir no es necesario).


REGRESO DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO A SEVILLA,
POR ELÍAS SALAVARRÍA INCHAURRANDIETA (1919)

miércoles, 27 de mayo de 2015

Sancho de Alquiza

Marino, militar y gobernador de Venezuela, la Guayana y Cuba entre 1606 y 1619






Natural de Fuenterrabía, Guipúzcoa, donde nació en el siglo XVI.

Sancho de Alquiza se dedicó durante mucho tiempo a la persecución de piratas y contrabandistas, actividad que le generó una gran fama en su tiempo. Sin embargo, su mayor reconocimiento lo obtuvo en 1606, tras descubrir la ejecución de un contrabando producido por ingleses y holandeses en la costa de la América española. Debido a su aviso a la Corona española del contrabando descubierto, el Consejo de Castilla lo nombró capitán de galeones, confiándole, además, una nave.

Además, el Consejo de Indias decidió proponerlo al rey como gobernador de la Provincia de Venezuela, comenzando su mandado en dicha colonia desde 1606.

Considerado un gobernante "duro", encarceló a gente que no pagaba sus impuestos y que estaba vinculada al contrabando, incluyendo a gente de clase alta. El encarcelamiento, sin embargo, se cumplía en la casa del gobernador, ya que la cárcel en estos momentos, en realidad, aún no existía. También cobró enormes tributos a los encomenderos que no habían confirmado sus títulos de propiedad.

Por otra parte, el 20 de julio de 1606, tras hacer ahorcar a una persona que comerció con piratas, pidió al rey que este perdonara a todas las personas que habían ejercido dicho comercio, ya que, según él, si no les tendía su perdón, toda la población residente en Caracas podía abandonar la ciudad. Sin embargo, su política, que aumentaba el dinero a pagar en tributos por parte de la clase baja, ya estaba provocando una notable emigración desde la ciudad. El perdón se concedió en 1607.

Alquiza también creó un impuesto para negros y mestizos. Entre sus políticas, destaca también la fundación de la Compañía Guipuzcoana. En 1611, terminó su gobierno en la provincia de Venezuela y abandonó Caracas.

En 1615, el Consejo de Indias lo envió a Guayana y a la isla de Trinidad (colonias que en estos momentos pertenecían aún a España) para ejercer una inspección en las mismas, debido al conocimiento de una denuncia. Sin embargo, el culpable era una persona de influencia, lo que provocó que la sentencia dictada por el Consejo no se diera a conocer, por lo que el culpable mantuvo su puesto y consiguió que Sancho de Alquiza fuera enviado al gobierno de Cuba.

Como gobernador de Cuba, impulsó notablemente la industria agrícola. Así, fundó una hacienda en la parte occidental de La Habana, la hacienda Alquiza. Introdujo el cultivo del café en Cuba y promovió el desarrollo de la caña de azúcar y de la importación de esclavos.

Murió el 6 de junio de 1619, dando fin a su mandato en ese archipiélago y siendo sustituido por el interino Jerónimo de Quero.


SITUACIÓN DE LA VILLA ALQUIZAR, ANTIGUA HACIENDA ALQUIZA

martes, 26 de mayo de 2015

Tomás de Larraspuru


Consejero Real de Guerra y Capitán General de la carrera de Indias durante el reinado de Felipe III. Además fue Armador, Caballero de Santiago y Administrador de la encomienda de Dos Barrios de la misma órden.





Natural de Azcoitia, Guipúzcoa, donde nació en 1580. En 1598, comenzó a servir de soldado en el estado de Milán. Su carrera marítima principió, en 1602, de sargento y alférez de la gente de mar, cargos que desempeñó en los diversos viajes a Indias.

El siguiente año navegando en la armada de Luis de Silva en el navío Delfín peleó con seis navíos ingleses y holandeses abordando y rindiendo a la capitana enemiga recibiendo una grave herida. Ocurrió lo mismo en 1605, cerca de la Dominica.

En 1607, se le nombró capitán de Galeones en cuyo cargo demostró como en todos los actos de su carrera una extraordinaria pericia. Su cometido, con base en La habana, consistía en limpiar aquellas aguas de enemigos.

En 1608, ejerció de almirante de la Armada Real que se envió a Nueva España, y en 16010 se encontraba a Larache.

En 1611, se desplazó a La Habana "a acabar el galeón de quedó allí comenzado de los de la Armara de Barlovento".

En 1612 y 1613, era ya almirante de la Flota de Nueva España.

En 1615, fue ascendido a almirante de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, llevando a sus órdenes una armada que tuvo victoriosos encuentros con los enemigos de España.

La elección en 1621, para capitana de la Armada de la Carrera de un galeón proyectado por él, motivó la satisfacción del Consejo de Indias, organismo que no dudaba que el bajel atesoraría las suficientes garantías por ser fabricado por Larraspuru. Perfecta simbiosis de militar y armador, fabricó sus unidades en La Habana y Guipúzcoa. Un mínimo de tres de sus bajeles fueron utilizados para transportar plata.

En 1623, fue con el cargo de general de una Escuadra a Indias, siguiendo durante varios años el desempeño de esta misión, prestando eminentes servicios señaladamente en la conducción del tesoro procedente de la feria de Portobello que importaba 25 millones de pesos. Por sus continuos éxitos marítimos fue apellidado “hombre de buena estrella”.

En 1628, hizo un brillante desembarco para la liberación el puerto de Salé (Lamamora) del cerco que le tenían puesto los africanos a los cuales atacó por tierra y mar haciéndose dueño en la derrota que les causó del campo y del puerto, así como de ocho cañones y un barco de los enemigos. Al final de su carrera cruzó el océano Atlántico en siete ocasiones al mando de la Flota de Indias.

Por este y otros importantes servicios el rey Felipe IV, dijo de este general "que no tenía otro hombre como él para su servicio".

Dirigió en la Habana la construcción de excelentes galeones y desempeñó elevados cargos este ilustre almirante resultando por sus dotes de valor y pericia una de las más grandes figuras marítimas de Guipúzcoa. Tomás de Larraspuru fue uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española. A su pericia náutica y militar hay que sumar sus conocimientos en construcción de buques. Fue sin duda uno de los más cualificados arquitectos navales de la Europa del siglo XVII.





Un eximio escritor forma el siguiente juicio del célebre general:
"Larraspuru, favorito de la fortuna, marinero constructor piloto, ascendido por mérito excelente desde soldado a Capitán General de la armada del mar Océano, primera de España, portadora del estandarte real, a cuya vista todos los otros se abatían. Señaló la insignia de Calatrava en su pecho que el aplauso de las derrotas con que una y otra vez condujo a España caudales del Perú, pasando con pocas naves entre ochenta que en ocasiones le buscaban."

Aunque la mentalidad mercantilista de los vascongados la España del siglo XVII quedase patente con su protagonismo en cada una actividades económicas que enlazaban el Imperio americano con la metrópoli, también existía una fidelidad e identificación con el proyecto de dominio mundial. Esta mentalidad quedó de manifiesto en uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española, Tomás de Larraspuru, quien escribía en 1627 a su rey, después de atracar en Sanlúcar, de vuelta con treinta y cinco naves:
"Los tesoros del mundo deseo ver a los pies de Vuestra Majestad para mayor grandeza suya y aumento de la Fe Católica y ser instrumento para muchos efectos del servicio de Vuestra Majestad."

En 1632, el general Larraspuru, respondía mediante carta al consejero reale de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, Fernando Ruiz de Contreras, que lo requerían para dirigir todas las operaciones:
"Acabo de recibir la carta de v.m. en que me representa la voluntad de su Majestad no se admita la excusa de la falta de salud que di con el ultimo correo y que luego parta al ejercicio de mi cargo. Lo que puedo decir a v.m. es que los achaques se han agravado de modo que me hallo hoy con tercianas dobles y que cuarenta y un días ha que llegué aquí guardo cama y en esta ocasión si con dinero pudiera comprar la salud lo hiciera para obedecer con el amor y veras que debe como lo he hecho por el pasado cuando lo he podido."

A pesar de su deseo de servir en la Armada de su majestad moría en su casa natal de Azcoitia por cuestiones de salud.

sábado, 23 de mayo de 2015

Participación vascongada en la Guerra Anglo-Española de 1585-1604


INTRODUCCIÓN

La I Guerra Anglo-Española fue un conflicto generado entre el Reino de Inglaterra de Isabel I y el Imperio español de Felipe II, entre los años 1585-1604.

Las causas que llevaron a Felipe II a la guerra fueron económicas, políticas y religiosas:

Políticas: Inglaterra consideraba a España una amenaza para su seguridad, ya que el Imperio español no dejaba de expansionarse por América, se había anexionado el Imperio portugués en 1580, y contaba con el apoyo de los Habsburgo en Alemania y de los príncipes italianos. Además, Inglaterra apoyaba al pretendiente al trono portugués Antonio Prior de Crato, así como a los rebeldes holandeses en la Guerra de los Ochenta Años. Mediante el tratado de Nonsuch de 1585, una alianza militar anglo-holandesa fue pactada contra España.

Religiosas: El protestantismo inglés se enfrentaba al catolicismo español. Cuando Isabel I de Inglaterra fue excomulgada por el papa Pío V en 1570, Felipe II firmó el tratado de Joinville en 1584 con la Santa Liga de París, para combatir el protestantismo.

Económicas: Las constantes expediciones de los corsarios ingleses contra los territorios españoles en las Indias y contra la flota del tesoro, que cargada de riquezas mantenía las finanzas de la metrópoli, no fueron grandes victorias, pero suponían una molestia para los intereses económicos.

La guerra comenzó con algunas victorias inglesas como la de Cádiz de 1587, y la pérdida de la Armada Invencible española de 1588, pero diversas victorias españolas por mar e invasiones a las costas de las islas Británicas produjeron la rendición de Inglaterra a la muerte de Isabel I. El fin de la guerra se produjo con el Tratado de Londres de 1604, bastante más favorable para España.

En el contexto de esta guerra tuvieron gran protagonismo las Armadas de Guipúzcoa y de Vizcaya, y destacándose como héroes de la contienda naval marinos como Juan Martínez de Recalde, Miguel de Oquendo, Pedro Zubiaur o Martín de Bertendona, entre otros.





EL DESEMBARCO DE SMERWICK, 1579

En 1579, el líder de los rebeldes irlandeses, James Fitzmauri, obtuvo en Roma el apoyo del papa y de Felipe II para organizar una expedición libertadora que expulsara a los ingleses de Irlanda. La expedición, zarpó de Civitavechia, reuniéndose en las costas de Galicia con la Flota española.

La flota de asalto estaba formada por 1.500 hombres, la mayoría eran voluntarios irlandeses e italianos, los voluntarios españoles fueron 400, con armas para otros 4.000 rebeldes irlandeses que esperaban en Smerwick, puerto de Kerry, en la costa oeste de la isla. La expedición estuvo conducida por Juan Martínez de Recalde a bordo de 8 naos y 4 pataches. Martínez de Recalde era un veterano almirante natural de Bilbao que había conseguido, años antes, algunos éxitos en las Escuadras de Vizcaya y de Laredo.

A pesar de cumplir con su cometido, la decepción surgió cuando Martínez de Recalde no encontró el apoyo popular que esperaba de los irlandeses, por lo que decidió volver a España con la gran mayoría de voluntarios españoles. Tan solo unos 700 voluntarios se fortifican en el “Castillo de Oro” en Lymbrik, y resistieron durante casi un año a los ataques por tierra y por mar de superiores fuerzas inglesas. Aquello demostró su debilidad y sentó un precedente para futuras invasiones, pero la guerra contra Inglaterra no se había declarado aún.


JUAN MARTÍNEZ DE RECALDE


LA EXPEDICIÓN DE LA “ARMADA INVENCIBLE” ESPAÑOLA

Armada Invencible era el nombre de la Grandísima y Felicísima Armada Española enviada por Felipe II para invadir Inglaterra en el año 1588.

La reina británica Isabel I, contraria a España, había favorecido a los rebeldes de los Países Bajos: firmó con ellos un tratado de ayuda militar a cambio de la presencia de sus tropas en Holanda. En ese mismo año, el corso entre España y Las Indias se recrudeció y, en mayo, Felipe II ordenó la captura de todas las naves inglesas ancladas en puertos españoles. En septiembre, Francis Drake inició una campaña de ataque sistemático a las colonias españolas del área del Caribe.

La invasión de Inglaterra por parte de la Armada tenía como finalidad la dominación de la rebelión en Flandes y terminar con la piratería de los corsarios ingleses que tanto perjuicio causaban a los buques españoles.

Felipe II ordenó la construcción de una gran armada, despertando una gran actividad febril en los astilleros y puertos de Guipúzcoa y Vizcaya, que aportan naves, aparejos, artillería y moniciones, capitanes, marinos, tripulaciones y guarniciones.

La gran armada constituida por 130 naves, 2.000 cañones, 30.000 soldados de infantería y 500 soldados a caballo, salió del puerto de Lisboa en mayo de 1588. Una serie de tempestades hicieron que la marcha fuera lenta y bordeando con dificultades la costa hasta La Coruña.

Las Armadas Guipuzcoana y Vizcaína participaron en aquel intento de asalto, de la mano de Juan Martínez de Recalde y Miguel de Oquendo, como capitanes de sendas armadas. Junto a ellos, otro el bilbaíno Martín de Bertendona capitanea la Armada de Levante.

Juan Martínez de Recalde era segundo jefe de la expedición, por detrás del duque Medina Sidonia, pero tenía a su mando las Escuadras de Oquendo y Bertendona, la nao capitana era la San Ana.

Miles de soldados y marinos vascos se encontraban en las armadas de Guipúzcoa y Vizcaya, gentes de Bermeno, Sopelana, Guecho, Plencia, San Sebastián Zarauz, Fuenterrabía, Pasajes y Zumaya. Lo mejor de la marinería vasca se volcó con la empresa de derrotar al enemigo inglés y ocupar su territorio.


ARMADA INVENCIBLE



La Armada Invencible partió del puerto marítimo de La Coruña el 22 de julio de 1588, en dirección al Canal de la Mancha, donde llegaron un semana después.

Tras ser hostigada la Armada por las naves inglesas en el Canal de la Mancha, el primer enfrentamiento serio con los ingleses ocurrió a la altura de Calais, el 31 de julio. La armada inglesa estaba al mando del almirante Howard y Francis Drake. Los ingleses utilizaron bancos incendiarios, y otras tretas y estratagemas.

Poco más tarde, frente a Gravelinas, se desató un terrible tormenta hace dispersar la flota causando grandes destrozos. El furioso temporal dura once días. Los vientos impulsaron hacia el norte a los restos de la escuadra que, ante la imposibilidad de volver al Canal y acudir al encuentro de Farnesio en Holanda. Por otra parte, las tropas de Farnesio no llegan a tiempo a las costas de Flandes según lo planeado.

Finalmente se optó por un largo y duro regreso rodeando las islas Británicas. Recalde agrupó las naos dispersas. Nuevas tormentas, a la altura de Irlanda, remataron el desastre. Aun así, algo más del 50% de las embarcaciones (67) logró llegar al puerto de Santander. La gran mayoría de las naves que se perdieron fue debida a las inclemencias meteorológicas y sus elementos, y no a la fuerza de combate inglés.

 
La Armada de Vizcaya, gobernada por el capitán general Juan Martínez de Recalde, estaba compuesta de 14 buques: 10 naos y 4 pataches, 1200 marineros, 2000 soldados y 250 piezas de artillería. Los buques eran los siguientes:

Santa Ana
El Gran Grin
Santiago
La Concepción de Zubelzu
La Concepción de Juanes del Cano
La Magdalena
San Juan
La María Juan
La Manuela
Santa María de Monte-Mayor
Patax la María de Aguirre
Patax la Isabela
Patax de Miguel Suso
Patax San Esteban



La Armada de Guipúzcoa, gobernada por el capitán general Miguel de Oquendo, estaba compuesta de 12 buques, y otros 2.600 hombres. Los buques eran los siguientes:

Santa Ana
Nuestra Señora de la Rosa
San Salvador
San Esteban
Santa Marta
Santa Bárbara
San Buenaventura
La María San Juan
Santa Cruz
La urca Doncella
Patax la Asunción
Patax San Bernabé

La Armada de Levante, dirigida por el capitán Martin de Bertendona, tenía 10 buques.

La Armada de Castilla, dirigida por el general Diego Flores de Valdés, tenía 16 buques.

La Armada de Portugal, bajo el cargo del Duque de Medina-Sidonia, tenía 12 buques.

La Armada de Andalucía, a cargo del capitán general Pedro de Valdés, tenía 11 buques.

 
RUTA DE LA ARMADA INVENCIBLE

LA EXPEDICIÓN DE DRAKE-NORRIS O DE LA ARMADA “INVENCIBLE” INGLESA DE 1589

La expedición de la Real Armada inglesa de 1589 o Contra Real Armada fue una flota naval comandada por el almirante Francis Drake y el general John Norrey, enviada por la reina Isabel I de Inglaterra con la intención de invadir la península Ibérica, durante el conflicto anglo-español de 1585-1604.

El objetivo de la Armada inglesa era aprovechar la ventaja naval obtenida tras el desastre de la expedición de la Armada “Invencible” española que trató de invadir Inglaterra en 1588, y obligar a Felipe II a claudicar la guerra en sus términos de paz.

El plan consistía en quemar la flota española del Atlántico afincada en La Coruña, San Sebastián y Santander, desembarcar en Lisboa para causar una revuelta portuguesa contra Felipe II, y establecer una base naval en las islas Azores para interceptar los tesoros de la Flota de la Carrera de Indias con dirección a Cádiz.

De la financiación de tal empresa se ocuparon la reina Isabel I, el gobierno holandés, y nobles y mercaderes, aun así, sufrió un retraso sobre el plan inicial debido a la falta de logística y el mal tiempo.

Aquella flota estaba por 6 galeones reales, 60 buques mercantes ingleses, 60 barcos pequeños holandeses, y unas 20 pinazas. Al menos 150 buques, mucho mayor que la de la Armada “Invencible” española, compuesta por 131 buques. Además de las tropas de tierra formada por sólo 1.800 soldados veteranos frente a 19.000 voluntarios, desprovistas de armas para sitiar ni caballería, embarcaron 4.000 marineros y 1.500 oficiales. La tripulación total, entre marineros y soldados, alcanzó 23.000 hombres.


MARÍA PITA Y LA RESISTENCIA EN LA CORUÑA


La flota zarpó de Plymouth en 13 de abril. Drake decidió no atacar los puertos españoles de Cantábrico ante el temor de verse acorralados en el golfo de Vizcaya por los fuertes vientos. Prefirió iniciar el ataque en La Coruña el 4 de mayo, tomando la ciudadela baja, destruyendo algunos barcos menores, pero finalmente fueron rechazados ante la heroica resistencia popular, destacándose María Pita.

La siguiente etapa era invadir Lisboa y provocar el levantamiento portugués en contra de Felipe II y a favor de Prior de Crato, el pretendiente de la Casa de Avis, apoyado por la reina de Inglaterra, con la intención de disminuir el poder de España en Europa.

Al llegar Norreys a Lisboa no se produjo ningún levantamiento. Su armada carecía de medios para realizar un asalto tanto en Lisboa como en Azores, estaba reducida por las tormentas, y la tripulación cada vez más débil por las enfermedades, volviendo a Londres. Drake, de vuelta, saqueó Puerto Santo en Madeira y la villa de Vigo, sufriendo un motín al llegar a Plymouth.

Durante su huida, las galeras españolas salieron en caza y captura. Tres buques ingleses fueron detenidos en el puerto de La Coruña, otros cinco fueron capturados por Martín de Padilla, tres por Alonso de Bazán, y dos por Diego de Aramburu.

La expedición de la Contra-Armada es considerado el segundo mayor desastre naval de que han sufrido los ingleses en toda su historia, sólo por detrás de la humillación que efectuó Blas de Lezo en el sitio de Cartagena de Indias de 1741. Los costes de la expedición inglesa agotaron el tesoro real inglés.

De los 23.000 hombres que zarparon, 3.000 huyeron tras el motín de Plymouth, 2.000 desertaron en La Coruña, y tan sólo 5.000 regresaron vivos a Inglaterra, el resto murió en combate o por enfermedad, entre los que se encontraban coroneles y capitanes. A estas pérdidas hay que añadir la destrucción o captura por los españoles de al menos doce navíos, y otros tantos se hundieron por temporales en el viaje de regreso.



CONTRA-ARMADA "INVENCIBLE" INGLESA


EL COMBATE DE LAS AZORES: LA CAPTURA DEL REVENGE

En la expedición de las Azores de 1591 participaron navíos vizcaínos y guipuzcoanos dirigidos por el General de Armada, Alonso de Bazán, el capitán de la Armada Guipuzcoana, Marcos Aramburu, y el capitán de la Armada Vizcaína, Martín de Bertendona, y almirantes como Joanes de Villaviciosa, Santiago de Aristeguieta y Antonio de Urquiola entre otros.

Tras las pérdidas de la Grande y Felicísima Armada española en 1588, y aunque la Armada inglesa también había sido bastante vapuleada tras la desastrosa aventura de la Contra-Armada de 1589 en Lisboa, la Monarquía inglesa decidió organizar una flota para combatir y apresar los galeones españoles de la Carrera de Indias que traían tesoros desde América, tan necesarios para mantener el extenso imperio colonial de Felipe II. Esta armada pretendía emboscar a la flota española en las inmediaciones de las islas Azores para repostar durante la travesía.


ISLAS AZORES


Una escuadra la británica que se compondría de al menos 20 galeones de guerra y que estaría comandada por dos insignes marinos, Thomas Howard y Richard Grenville. Al mando del HMS Defence, como capitana, y del HMS Revenge, como almiranta a las órdenes de Greenville. Otros 4 galeones de 500 toneladas formaban el núcleo principal de la flota incursora, a los que se unían 4 galeones menores y 6 mercantes armados como corsarios, llegaron en Mayo del mismo año a las Azores. Más tarde, se incorporó otra escuadra de 8 buques, 7 corsarios y el galeón Garland con la misión de vigilar la costa portuguesa en previsión de que apareciese una flota española que los pudiera pillar en desventaja.

Ante esta amenaza, el rey Prudente, Felipe II, dio la orden de retrasar la salida de la Flota de Indias para evitar su captura, y organizar una armada de 52 galeones al mando de Alonso de Bazán, más los 6 filibotes portugueses de Luis Coutiño. Una semana después de su partida, llegaron los navíos españoles a las inmediaciones de las Azores, donde Alonso de Bazán se aprestó a la batalla dividiendo sus fuerzas para coger a los ingleses en dos frentes.

Las órdenes del almirante disponían que Aramburu con los 7 galeones de Castilla, el San Francisco de la Presa, la capitana de los pataches y 2 filibotes portugueses atravesarían por entre la isla de Flores y la del Cuervo, mientras que el principal de la escuadra a su mando lo haría por el margen izquierdo de la de Flores. A barlovento los galeones San Pablo, San Martin y San Felipe con los filibotes de Luis Coutiño y a sotavento los que mandaban Martín Bertendona, Sancho Pardo y Antonio de Urquiola, mientras que los galeones de Villavicencio quedaban a retaguardia como escuadra de reserva.

Tras avistar a la flota de Howard, Aramburu que navegaba junto a Bazán se lanzó contra ellos. Este ya conocía del ataque de los españoles por lo que tenía prestas sus naves para la defensa, pero en vista de la superioridad española optó por retirarse a todo trapo. En un primer momento, los barcos de Aramburu persiguieron a los ingleses tal y como era su misión principal, la destrucción de la flota enemiga e incluso el San Cristóbal llegó a cañonear y disparar varias descargas de artillería al Defence mientras este maniobraba para evitar el abordaje, y finalmente huir.

Grenville, que comandaba el Revenge, se enfrentó a los españoles con notable fracaso: el Golden Noble se retiró de la lucha y poco después lo hizo el Foresight con graves pérdidas, el Revenge, antiguo buque de Darke, fue capturado.


CAPTURA DEL GALEÓN INGLES MHS REVENGE


La victoria no fue gratis para los españoles, el Ascensión y el San Andrés, la urca de Luis Coutiño se abordaron de tan mal manera que se fueron al fondo, el Ascensión ese mismo día y la urca al día siguiente, si bien gran parte de su tripulación y su artillería pudieron ser rescatadas. Según las crónicas, las bajas españolas fueron menos de 100, algo menos de las que tuvo solo el Revenge, incluyendo los muertos del Ascensión. Una vez hechas las reparaciones de urgencia, la escuadra se adelantó más allá de las islas para encontrarse con las Flotas de Indias y respaldarlas.

A la llegada a España, la gesta no se consideró una gran victoria, más bien una ocasión perdida para apresar a aquella armada inglesa. En cualquier caso, la jornada no fue más favorable a los ingleses, a la pérdida del Revenge y a la frustración de no haberse podido hacer con las riquezas de la Flota de Indias, hay que añadir, que los barcos que huyeron de las Azores llegaron en muy mal estado a Inglaterra, con grandes pérdidas humanas y materiales (aunque consiguieron llegar todos a Plymouth) y la escuadra corsaria bajo mando de Monson también sucumbió ante las galeras de Francisco Coloma, que les capturo un galeón de 200 toneladas, una zafra y una carabela e hizo prisionero al mismísimo Monson.

Y sobre todo, quedó constancia de que tras la Jornada de Inglaterra, España había vuelto a convertirse en la dueña del mar. Dominio indiscutible que conservaría hasta el combate de las Dunas en 1639 y que a partir de entonces sería disputado por Holanda, no por los ingleses.

Además, el motivo de esta batalla, los metales de la Flota de Indias, nunca estuvo en peligro, ya que previendo el ataque, se desembarcó en La Habana y partió rumbo a Sevilla a bordo de cuatro fragatas que arribaron a España en Enero de 1592.


CAPTURA DEL MHS REVENGE


LA ACTIVIDAD LOGÍSTICA Y CORSARIA DE ZUBIAUR

Pedro de Zubiaur Ibarguren se convirtió en el gran almirante de la segunda mitad de esta Guerra Anglo-Española. Era natural de Santa María de Zenazurra, tenía una gran experiencia en el combate marítimo contra buques ingleses, transportando caudales a Flandes o defendiendo las costas españolas.

En 1590 consiguió el mando de una escuadra integrada por un número variable de filibotes en los que embarcaban entre 35 y 40 soldados en cada uno de ellos. El resultado de la utilización táctica de estas unidades fue excelente en funciones de transporte y corso, aunque tuvieron dificultades a la hora de enfrentarse a unidades enemigas de mayor tonelaje, por lo que Zubiaur reclamó insistentemente la construcción de unos galeones de 250 a 300 toneles que, finalmente, le fueron entregados.

Nada más tomar el mando, fue enviado con 3 filibotes a dar escolta a varios navíos, siendo sorprendido, frente a Bayona, por 14 buques holandeses con los que trabó combate, logrando capturar a siete de ellos que condujo a Ferrol.

Volvió a salir ese mismo año de 1590 para transportar armas y municiones a Flandes y, cuando regresaba a España, se encontró, a unas 40 millas de Muxía, con 9 galeones y un patache ingleses a los que se enfrentó con audacia en un combate que se prolongó a lo largo de nueve horas.

Fue ese mismo año cuando se llevó a cabo el envío del tercio de Juan del Águila a Bretaña, donde estuvo operando en apoyo de la Liga Católica hasta que en 1598, durante los últimos días del reinado de Felipe II se firmaron las paces con Francia y nuestras tropas retornaron a la península.


PEDRO DE ZUBIAUR


Durante los ocho años que duró la presencia española en las ciudades de Blavert y Brest, Zubiaur estuvo al mando de los filibotes de la Armada en la costa de Bretaña. Fue el organizador del mantenimiento de las fortificaciones de Blavet y Brest y de los suministros a las fuerzas allí destacadas, transportando caudales, refuerzos y pertrechos de todo tipo, así como la de tomar parte en importantes hechos de armas.

A pesar del fracaso de la Gran Armada, se mantuvo durante muchos años una eficaz presencia de las unidades navales españolas en esas aguas, amenazando en ocasiones a las propias costas inglesas. Zubiaur consideraba que la mejor utilización de los buques propiciar el colapsar el tráfico marítimo del enemigo, mediante operaciones de corso, sin rehuir los enfrentamientos con sus unidades de combate.

Las presas efectuadas por Zubiaur fueron numerosas, a costa de pérdidas muy limitadas. La que más le dolió fue la de su almiranta, acaecida en 1592 mientras se encontraba en Pasajes.

En Blavet había dejado a cinco de sus filibotes al mando de Juan Pérez de Mutio y fue El Falcón Blanco el capturado por tres navíos de Pechelingas, tras un durísimo combate.

La fama de Zubiaur se acrecentó durante su permanencia en Bretaña por la valentía demostrada en todas las ocasiones en las que hubo de enfrentarse a fuerzas muy superiores. Entre ellas destacó el combate mantenido, en noviembre de 1592, con cuarenta mercantes ingleses a los que quemó la capitana y capturó tres navíos, no siendo mayor el daño causado por la inesperada llegada de seis buques de guerra, de los que pudo zafarse.

Pero, sin duda, el combate más espectacular fue el que mantuvo en abril de 1593, en aguas de Blaye, cuando acudió a socorrer a los católicos que se habían hecho con el control de la plaza y estaban siendo sometidos a un fuerte asedio. En Blaye se encontró con seis navíos ingleses que intentaban bloquearlo y, sin vacilar, los embistió a pesar de tratarse de buques muy superiores, logrando abordar y echar a pique a la capitana y almiranta enemiga que se incendió con todos sus hombres, y capturando todas las banderas de la capitana y parte de las de la almiranta.

Tras haber desembarcado el socorro, aparecieron 11 navíos de La Rochelle y de Broage que comenzaron a cañonearle. A pesar del fuego que se inició en su capitana, logró destruir la del enemigo y salvar todos sus buques pero, cuando atardecía, intentaron cortarle el paso 40 navíos y 2 galeotas procedentes de Burdeos. El viento cayó y la corriente hizo encallar algunos de sus barcos, mientras que otros huyeron. Por la noche, pudieron retirarse con la marea alta y emprender el viaje de regreso hasta Pasajes.

COMBATE EN AGUAS DE LA ROCHELLE


Zubiaur se quejaba enormemente de la falta de víveres para la tripulación, el problema radicaba en que los proveedores carecían de los fondos necesarios para el avituallamiento que tenía que depender, en gran medida, de las presas efectuadas en la mar. De ellas se aprovechaban los víveres que transportaban y se vendía el resto de los efectos.

Él fue quien mantuvo las comunicaciones en los momentos difíciles, quien trajo a Diego Brochero de regreso a España en 1595, cuando fue nombrado almirante de la Mar Océano, y quien se encargó de la evacuación de las tropas destacadas en Bretaña, tras la firma de la paz en 1598.

En 1597 es nombrado capitán General de una escuadra de navíos de la Armada, por lo ahora cuenta con mayores fuerzas bajo su mando, partiendo de los puertos (Ferrol, Lisboa y Cádiz) a recorrer la costa para garantizar la seguridad del tráfico marítimo, ante cualquier amenaza de corsarios, o la organización de escuadras para el transporte de personal y suministros.

Participó ese mismo año, en las operaciones de ataque a Inglaterra, sufriendo las penalidades de las grandes tormentas. Su galeón quedó completamente destrozado en su intento de ayudar a la capitana.

A partir de ese momento, sus actuaciones tuvieron como escenario las aguas comprendidas entre el estrecho de Gibraltar y las islas Madeiras, siendo numerosos los buques enemigos que capturó, destacando el enfrentamiento que mantuvo con una escuadra holandesa de la que pudo hacerse con 5 navíos y un rico cargamento que llevó a Cádiz.

Un paréntesis en estas actuaciones fue su participación en la evacuación de Blavet, efectuada en 1598, tras la paz de Vervins, con los galeones a su mando.



EL DESEMBARCO DE CORNUALLES

Al estallar la guerra civil en Francia a finales del siglo XVI, Felipe II apoyó al candidato católico al trono, pudiendo disponer del puerto de Blavert, cera de Brest. Este puerto fue aprovechado por los españoles para atacar el tráfico inglés y holandés por aquellas aguas, especialmente los filibotes y zabras al mando de Pedro Zubiaur y una escuadrilla de galeras de Diego Brochero, consiguiendo continuos éxitos.

Las galeras eran magníficos buques anfibios, y estas se aprovecharon para saquear algunos pueblos hugonotes cercanos a Blavert, como hizo Carlos Amézola con 4 galeras en junio de 1595, poniendo rumbo a Cornualles. La expedición continuó en tierras inglesas, saqueando las ciudades de Mouse Hole, Penzans y Newlin, apresando buques mercantes con carga, y hundiendo 2 buques holandeses.

El capitán Martín de Oleaga volvió a desembarcar en la costa inglesa, con nuevos incendios, saqueos y presas mercantes.

La Corte inglesa decidió apoyar a los hugonotes franceses y atacar a los españoles en el puerto de Blavert. La empresa inglesa resultó, una vez más, un fracaso por la heroica resistencia de los españoles al mando de Juan de Águila por tierra y de los almirantes vascos: Pedro Zubiaur, Martín de Bertendona y Juanes de Villaviciosa. Murió entre otros, el almirante inglés Frobisher.

Finalmente, las tropas españolas ocuparon el puerto de Calais en abril de 1596.

PROVINCIA INGLESA DE CORNUALLES

 

LAS EXPEDICIONES DE 1596 Y 1597

En octubre de 1596, la gran flota de Martín de Padilla, formada por 100 buques y un tropa de desembarco de 9.000 españoles y 3.000 portugueses, puso rumbo a las costas de Irlanda para apoyar la rebelión católica. Mala suerte pues, un temporal sorprende en 28 del mismo mes, y hace retroceder 32 embarcaciones y 2.000 hombres a las costas gallegas.

Al año siguiente, la flota se incrementó a 136 embarcaciones de todos tipos y 24 carabelas, con 12.500 hombres. Zarpando con retraso en octubre, se reunieron con las galeras de Blavert, y se dispusieron a asaltar Inglaterra. Cuando ya divisaban Falmouth, se desencadenó un terrible temporal que dispersó la flota, hundiendo 7 buques y pereciendo 1.000 hombres ahogados.

Sin embargo, 7 de los buques llegaron a su objetivo y pusieron tierra unos 400 hombres, esperando la llegad del resto. Tras comprobar que la flota estaba dispersa y no llegaban refuerzos, se retiraron hacia España. Esta fue la mejor ocasión para invadir Inglaterra, mejor que la del desastre de la “Invencible” de 1588.

Lo sorprendente fue que la flota inglesa al mando de Essex, Howard y Raleigh, con 120 buques y otros 25 holandeses, no vieran esta gran armada y se dirigieran a las Azores con la intención de interceptar la flota de galeones de la Carrera de Indias, que rebosantes de oro y plata, traía de América el almirante Garibay. Pero este supo burlar a sus perseguidores, que al volver frustrados a Inglaterra, se encontraron además con que habían dejado su nación indefensa.

Ello explica que la memoria histórica haya hecho responsables a los elementos del fracaso de la “Invencible”, aunque simplificando los hechos y resumiéndolos en una sola expedición, los tres sucesivos intentos. La Navy sólo intervino en la primera de las ocasiones, y ausente en estas otras dos.

Una notica consoló a los ingleses, Felipe II firmó en 1598, la paz con Enrique IV de Borbón, al que aceptaba como rey de Francia tras su conversión al catolicismo. Y en virtud del tratado fueron devueltas a los franceses las plazas de Blavert y Calais, de suma importancia estratégica contra Inglaterra.

Poco después, el “rey prudente” moría, legando a su hijo, Felipe III, el conflicto con Inglaterra y un enorme imperio.


FELIPE II


IRLANDA, 1601-1602

De nuevo se pensó en que la mejor manera de derrota a Inglaterra era en su débil flanco irlandés, y para ello se organiza una operación de asalto dirigida por Juan de Águila y apoyada por los rebeldes irlandeses, los condes de Tyrone y O´Donnell.

En esta expedición estuvieron presentes de nuevo Diego Brochero y Pedro de Zubiaur que habían coincidido en Bretaña y cuyas discrepancias fueron notorias a la hora de abordar los planteamientos tácticos de la guerra en la mar.

El 3 de septiembre de 1601 zarpaba de Lisboa una escuadra de 23 buques al mando de Diego de Brochero con 4.432 españoles de tropa de desembarco. Antes de llegar, un temporal separaba la flota de Pedro de Zubiaur de 8 buques y 1.000 hombres, regresando a Ferrol.

El resto de la expedición desembarcó en el puerto de Kinsale el 2 de octubre, pero la insurrección de la población contra domino inglés no resultó. Apenas llegan a unirse 900 hombres, mal armados.

Al norte, O´Donnell y Tirconell levantaron a 3.000 hombres pero esperaron en Tipperay a la rebelión de O´Neil, sin auxiliar a los españoles.

El puerto de Kinsale fue cerrado por tierra con 6.000 soldados de infantería y 500 de caballería, dirigidos por el virrey de Irlanda, Mountjoy, y la escuadra naval de Richard Levison.

Zubiaur regresó a Irlanda con 6 buques y 600 soldados, desembarcando en Castlehaven, apoderándose también de los puertos de Baltimore, Bantry y Berehaven, desde los cuales montó una guarnición hispano-irlandesa al entablar acuerdos con los jefes locales.

La flota de Levison, superior en número y porte, atacó a la de Zubiaur en Castlehaven. El duro marinero vasco, apoyado con cañones en tierra para apoyar a la flotilla española, rechazó a la inglesa tras 5 horas de combate, habiendo recibido su buque insignia, el María Francisca, más de 350 balazos. Reparado y libre de bloque se reunió con la flota española.

Juan de Águila efectuó una salida a Kinsale el 12 de diciembre, en la que redujo a los sitiadores ingleses que perdieron 700 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, y unos 20 cañones, por sólo un centenar de españoles.

Mientras que los ingleses recibieron continuos refuerzos de Inglaterra e Irlanda, hasta sumar 12.000 hombres, los irlandeses se decidieron a entrar en combate con 6.000 hombres, contactando con los españoles en Castlehaven.

La operación de liberación de Kinsale se acordó para el 4 de enero de 1602. Pero las milicias irlandesas, improvisadas y mal armadas, no consiguieron resistir a las primeras cargas inglesas. Resistían en Kinsale, los 500 de O´Sullivan y los 200 españoles. El resto se encontraba en los otros puertos del sur.

El otro de los caudillos irlandeses, Hugo O´Donnell, se refugió en Castlehaven, pidiendo ayuda a Zubiaur para ser conducido a España y entrevistarse con Felipe III. El 6 de enero, Zubiaur le acompañó a la mar, llegando a Luarca 7 días después.

En Kinsale quedó Juan del Águila completamente aislado y ante el poco apoyo irlandés, el 12 de enero, los españoles pactaron la capitulación con los ingleses con todos los honores.

El resultado final: una fuerza de 3.000 españoles, entre ellos muchos naturales de las provincias vascas al mando de Pedro de Zubiaur, y con escaso apoyo rebelde consiguió apoderarse de cinco puertos del sur de Irlanda, teniendo en jaque a un costoso ejército inglés de 12.000 hombres, durante 4 meses. Este tipo de acciones pasaría factura a las desastrosas arcas inglesas.


CASTLEHAVEN
 

LA ÚLTIMA AMENAZA

Un joven capitán, Federico de Spínola, continuó las operaciones de asedio a puertos ingleses, ahora desde las bases en el Flandes español, y el objetivo era ocupar uno o dos de los puertos ingleses, simultáneamente a la expedición irlandesa.

Reuniendo sus galeras, al mando de Carlos Amézola, a las que se unieron otras, sembró el pánico en la navegación mercantil de ingleses y holandeses. En 1600, su hermano Ambrosio Espinola con un ejército de 9.000 hombres llegaba a Flandes. Sin embargo, la resistencia de los rebeldes holandeses consiguió que la tropa se quedase allí.

A finales de 1602, las tropas alcanzaban los 20.000 reclutados y 2.000 caballos, pero de nuevo, la resistencia holandesa salvaba a Inglaterra de una invasión. Federico Spínola murió de una bala de cañón en el pecho cuando sus galeras atacaban a una escuadra holandesa el 25 de mayo de 1603, y con su muerte se perdía el proyecto.

Sin embargo, las amenazas estaban ahí, y la economía inglesa cada vez estaba más en bancarrota, aunque la española tampoco era muy satisfactoria. Y eso que los galeones de la Ruta de las Indias nunca trajeron tanto oro y plata a España desde América como entre 1588 y 1604.


COMBATE NAVAL ENTRE FLOTAS ESPAÑOLA E INGLESA


LA RENDICIÓN DE LONDRES

Los ingleses comprobaban que, a los españoles no les costaba muy esfuerzo atacar las cosas de las islas británicas y resistir allí durante meses, con apenas unos pocos miles de soldados. A Inglaterra, en cambio, le salió muy cara mantener sus suministros en Irlanda, pues mantener a 20.000 soldados del ejército de ocupación le costaba no menos de 300.000 libras anuales de entonces, desprotegiendo a Inglaterra.

Inglaterra estaba agotada tras sus enfrentamientos con España y ya ni siquiera las riquezas pirateadas compensaban los gastos de tal campaña, por ello, inmediatamente de la muerte de Isabel I de Tudor en 1603, se firma con su sucesor, Jacobo I de Estuardo, el Tratado de Londres de 1604.

La paz llegó a petición inglesa ya que no podían sostener más los costes de un conflicto que fue muy lesivo para la economía británica, y de cuyo acuerdo ganó España. Las condiciones contemplaban el cese de las hostilidades (nunca se cumplió en el ámbito de rivalidad marítima) y el cese de la ayuda a los holandeses.

Tras la paz, España recobró su flota, que rápidamente incrementó su supremacía marítima hasta extremos superiores a los de antes de la Armada Invencible. Dicha supremacía duró casi 50 años más años hasta la batalla naval de Las Dunas. Inglaterra fue capaz de consolidar su soberanía en Irlanda, además de establecer colonias en América del Norte.

Drake, Hawkins y Frobisher, almirantes ingleses habían muerto en la larga guerra, y Raleigh fue ejecutado por sus compatriotas.


DELEGRACIONES ESPAÑOLA E INGLESA EN EL TRATADO DE LONDRES
 
 
INGLATERRA PIERDE SU PRIMERA GUERRA CONTRA ESPAÑA

Durante la Guerra Anglo-Española, las tropas españolas desembarcaron en las islas Británicas en varias ocasiones. De estas, tres veces se hizo sobre suelo inglés, sin sufrir ningún daño y causándolos enormemente en los puertos y ciudades de Inglaterra.

La única vez que los ingleses ofrecieron resistencia, en Kinsale (1601-1602), los españoles provocaron una grave crisis en el sistema defensivo inglés, que de haber contado con apoyos constantes, hubiera podido haber sido decisivo.

En dos ocasiones de invasión a las costas inglesas, los intentos fueron abortados por temporales, no por las escuadras enemigas, muy especialmente en la “Armada Invencible” de 1588, donde lucharon contra los elementos y a duras penas contra los defensores.

Inglaterra contó, aun así, como mucha suerte, y eso que el desgaste de la guerra era soportado mucho mejor por España, pese a luchar a la vez contra varios enemigos.

Fue algo que supieron valorar muy adecuadamente los gobernantes ingleses: poco tenían que ganar y mucho que perder con la continuación de la guerra: plantearon la rendición y la ofrecieron la paz a la mayor potencia económica, política, militar y cultural del mundo durante los siglos XVI y XVII.