sábado, 30 de enero de 2016

Humanismo cristiano en la Colonización de América


La expansión del Cristianismo por el Nuevo Mundo que descubrió la Monarquía española a finales del siglo XV fue un objetivo esencial de la Iglesia, marcando la trayectoria durante siglos, y constituyó un esfuerzo incluso mayor que el colonial.

El descubrimiento, la conquista y la colonización de América engendraron un numeroso grupo de pensadores, políticos y eclesiásticos que especularon sobre los derechos de España en el Nuevo Mundo y sobre la manera de gobernar a los hombres recién descubiertos, y de cronistas e historiadores que registraron el pasado de los pueblos indígenas y los grandes acontecimientos que en ese tiempo y como consecuencia del contacto hispano-americano estaban verificándose.

En pleno Renacimiento, el Humanismo cristiano español se cuestionó las causas de la conquista del Nuevo Mundo y sus métodos de civilización de indios. Entre los primeros eclesiásticos misioneros y humanistas destacaron las figuras de Las Casas, Montesinos, Vitoria o Zumárraga, entre otros, denunciaron los abusos y excesos de los conquistadores ante la Corte de Carlos V en Valladolid y solicitaron leyes protectoras de Indias.



MISIÓN DE JESUITAS EN EL NUEVO MUNDO


El franciscano natural de Durango Juan de Zumárraga fue nombrado primer Arzobispo de México y protector de Indios en 1527. Fue uno de los primeros defensores de los derechos de los indios contra los abusos y el esclavismo de los colonizadores, junto a fray Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria.

Redactó uno de los primeros documentos clave en la historia de la defensa de los derechos humanos y tuvo un papel capital en el inicio de la castellanización de los indios.

Realizó bautismos colectivos de indios, la fundación de la catedral de México, del hospital del Amor de Dios, y de la primera imprenta que hubo en esta ciudad y en toda América, con la edición de la Breve y más compendiosa doctrina cristiana en lengua mexicana y castellana, e inició gestiones para la creación de la universidad y de colegios para la formación y enseñanza de los naturales en lengua castellana.



MONUMENTO A JUAN DE ZUMÁRRAGA EN EL PARQUE DE EZKURDI


Junto al pensamiento de Zumárraga, se encontraba el alavés Francisco de Vitoria que se preocupó por los derechos de los indios. Su obra De indis recoge las relecciones en las que expresa su postura ante el conocimiento de diversos excesos cometidos en las tierras conquistadas en América. En ella afirma que los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Este es el inicio del Derecho de Gentes.

Francisco de Vitoria era un hombre muy respetado por su valía intelectual, perteneciente a la Escuela de Salamanca junto al navarro Martín de Azpilcueta.

Vitoria fue el fundador del Derecho Internacional moderno, al concebir el mundo como una comunidad de pueblos organizada políticamente y basada en el Derecho Natural de Gentes. Estas bases fueron el precedente del ideal moderno de los Derechos Humanos, que arrancan en la cuestión del derecho moral de conquista del Nuevo Mundo por los españoles.

Fue consultado en las Cortes de Castilla ante el emperador Carlos V. Junto a este alavés universal, se encontraban también Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, y también el navarro Bartolomé de Carranza, solicitando la aprobación de nuevas leyes protectoras de indios. Así es como en 1542, se promulgaron las Leyes Nuevas de Indias, que ponían a los indios bajo la protección directa de la Corona.

En De iure belli, Vitoria analizaba los límites del uso de la fuerza para dirimir las disputas entre pueblos. Proponía que era lícito hacer la guerra pero bajo la única causa justa de responder proporcionadamente a una injuria. Por tanto, no era lícita la guerra simplemente por diferencias de religión o para aumentar el territorio.

Estableció, en De potestate civili, las bases teóricas del derecho internacional moderno, del cual es considerado el fundador junto con Hugo Grocio. Fue uno de los primeros en proponer la idea de una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural, y no basar las relaciones internacionales simplemente en el uso de la fuerza. Mientras que Nicolás Maquiavelo consideraba al Estado como un conjunto moralmente autónomo (y que, por tanto, no podía ser juzgado según normas externas), en Vitoria surgía la idea de que las actuaciones de los países en el mundo tienen límites morales. Vitoria es calificado con razón como precursor de la idea de las Naciones Unidas.

Desarrolla ocho Justos Títulos para justificar la conquista y reinado de los españoles en América, recogidos en las leyes de conquista en el reinado de Felipe II.



MONUMENTO A FRANCISCO DE VITORIA EN VITORIA


Entre los cronistas que se establecieron en América, destaca la figura del también vitoriano Jerónimo de Mendieta, que llegó a ser el cronista por antonomasia de las grandes construcciones de la Nueva España.

Su obra Historia Eclesiástica Indiana, terminada en 1596, es una crónica de la evangelización en la Nueva España, en ella también describe la situación cultural de los pueblos que allí encontraron los españoles en su llegada al Caribe.

Por un lado, Mendieta defendió la labor humanitaria de los misioneros que recorrían, sin recursos y solitarios, vastos y abstrusos territorios, llenos de peligros desconocidos, siempre en busca de convertir a los indios. Describía así una época dorada donde la fe cristiana se expandía sin la imposición de la espada. Por otro, denunciaba con valentía los excesos y abusos de los colonizadores, así como el cambio de los valores principales de la conquista, en especial la ambición de los colonizadores de hacerse rico a cualquier precio. Por eso, plantó los problemas religiosos y políticos en una carta dirigida a Felipe II.

Según explicó Mendieta, la intención primera de la conquista fue la de cristianizar aquellas tierras, pero que el afán de riqueza de los nuevos colonos que llegaban consiguió una perturbación y un estorbo para la cristianización de aquellas gentes. El rumbo que estaba adquiriendo la Conquista y el establecimiento del régimen virreinal  habría que cambiarlo, ya que pasaba muchas veces de enseñar al indio a explotarlo, y las encomiendas se habían convertido en sistemas de producción basados prácticamente en una forma de esclavitud y no en focos de educación cristiana.

La visión que tivo Jerónimo de Mendieta de los indígenas era totalmente patriarcal. Contempló al indio como un ser indefenso, lleno de valores cristianos naturales que necesita ser protegido. La defensa del indio le trajo a Mendieta muchos problemas y enemigos. Sus cartas de denuncia y asesoramiento al rey y al Consejo de Indias fueron en parte la base para cambios importantes en la legislación (como las efectuadas por Las Casas, Montesinos y otros).

Mendieta, siguiendo las doctrinas de San Francisco, hizo de la pobreza la máxima expresión en el cristianismo, y enfrentó esta filosofía a la que, en ese tiempo, imperaba en la Iglesia, la de la Contrarreforma, que esgrimía una capacidad material suficiente a favor de la jerarquía eclesiástica para hacer frente y contrarrestar la separación protestante. Pero a la vez, para defender ese objetivo de la defensa del pobre, del humilde, se alineaba con la directriz contrarreformista que pedía poder político para la Iglesia, una Iglesia que debía controlarlo todo.



MANUSCRITO DE LA HISTORIA ECLESIÁSTICA INDIANA
DE JERÓNIMO DE MENDIETA


Ya entrado el siglo XVII, destacó un teólogo y estudioso de problemas sociales y asuntos sobre los indios de Nueva España y obras de carácter polémico. Se trata del navarro natural de Fitero, Juan de Palafox y Mendoza.

Siendo nombrado fiscal del Consejo de Indias, en 1642 recibió el nombramiento de virrey de Nueva España. Su actividad en aquellas tierras fue muy importante y perdurable. Donó su gran biblioteca Palafoxiana al Seminario Archidiocesano de Puebla y emprendió una profunda reforma de las órdenes religiosas afincadas en los territorios de su jurisdicción.

Entre su obra destacan De la naturaleza y virtudes del indio (1650) e Historia real sagrada, luz de príncipes y súbditos; esta última obra discurre en torno a la formación política y cristiana de los príncipes y se opone a la obra de Maquiavelo y a la de Bodin.



RETRATO DE JUAN DE PALAFOX

jueves, 28 de enero de 2016

Castillo de Carlos V de Fuenterrabía

 

 
El Castillo de Carlos V en Fuenterrabía es una fortaleza de planta rectangular construida a finales del siglo X por el rey Sancho Abarca de Navarra y ampliada por Sancho el Sabio en 1194 en la parte más alta del promontorio. Se constata en 1200 la existencia del castillo con motivo de la toma de Guipúzcoa por Alfonso VIII.

Durante la mayor parte de su historia estuvo destinado a la función de cuartel y de residencia del gobernador de la plaza militar. Situado en lo alto de la colina sobre la que se extiende la trama urbana de la ciudad vieja, presenta un recio núcleo antiguo organizado en torno a un patio cuadrado, conservando algunos restos de los torreones circulares medievales.

Más tarde, los Reyes Católicos construyeron un castillo que Carlos V mandó ampliar y restaurar, de aspecto palaciego, construyendo una gran plataforma artillera rectangular a la que se debe su sobria fachada principal a la plaza de Armas.

 


En 1660 sirvió de residencia de la familia real española durante los esponsales de la infanta española con el futuro rey francés Luis XIV en la cercana isla de los Faisanes.

En el siglo XVIII las cinco plantas de este edificio fueron utilizadas como cuartel para 850 soldados, formándose en la azotea una batería artillera comunicada por medio de una escalera con la cubierta del sector más antiguo del edificio. El denominado Parque de Artillería era un anejo de una sola planta en forma de L que incorporaba almacén de pólvora a prueba de bomba, patio y una estancia subterránea. 

En 1794 quedó severamente dañado por las tropas francesas. Y a principios del siglo XX fue subastado en estado ruinoso, permaneciendo en manos privadas hasta el año 1928.

En 1968 fue rehabilitado y transformado en Parador nacional, función que sigue cumpliendo en la actualidad, siendo el único de esta red de hoteles nacionales en la provincia de Guipúzcoa. Desde el 17 de enero de 1964 fue oficializado como Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico de España


martes, 26 de enero de 2016

Bartolomé de Zuloaga

Tesorero de los Reyes Católicos y representante la reina Isabel en la Junta de Guipúzcoa de 1475 para recibir el juramento de fidelidad de la provincia





Natural de Rentería, Guipúzcoa, Bartolomé de Zuloaga fue una personalidad relevante de esta provincia a finales del siglo XV. Llegó a ser notario del Sacro Palacio nombrado por el Papa Pío II en 1462.
 
Sirvió al rey Enrique IV de Castilla, quien le otorgó diversas mercedes, como una renta anual de 3.000 maravedies por juro de heredad, situadas sobre el producto de alcabalas de Rentería. Este privilegio fue confirmado los Reyes Católicos en 1483 y por Juana de Castilla en 1509.

En 1470, Enrique IV había reconocido solemnemente los Fueros guipuzcoanos, elogiando agradecido los grandes servicios de Guipúzcoa:
"su voluntad siempre había sido y era, acatando la gran lealtad y servicios tan señalados de la misma, el honrar la y guardar sus privilegios y libertades más principalmente que a otra alguna tierra de sus reinos, y así lo entendía hacer y guardar en adelante."

A la muerte del rey Enrique, fue enviado por Isabel la Católica en representación suya, junto con Antón de Baena, para asistir a la Junta Particular de la Hermandad de Guipúzcoa, reunida en Basarte el 2 de enero de 1475, con el objetivo de pedir a la Provincia juramento de fidelidad a la nueva reina, como así se hizo. En  virtud de los poderes recibidos, Zuloaga y Baena asintieron a la petición y lo prometieron en nombre de la reina. Las cartas reales fueron leídas en las Juntas ante Domejón González de Andía:
"Podades prometer e prometades en mi nombre que yo guardaré e manda réguardar e confirmaré sus privilegios, buenos usos e costumbres, según que los tuvieron e tienen de los Señores Reyes de gloriosa memoria, mis progenitores."

A su vez, los junteros suplicaron a la reina y a sus comisionados que "los mantuviese e amparase en toda paz e justicia, e les mandase confirmar e aprobar sus privilegios e franquicias, libertades, exenciones, buenos usos e costumbres, su Hermandad, e el Cuaderno, ordenanzas, cartas e provisiones de ella".

Al día siguiente del pleito homenaje rendido por Guipúzcoa a Isabel, dieron en Azcoitia palabra de guardar los Fueros. Bartolomé de Zuloaga juró la guarda y confirmación de los privilegios, usos y costumbres de Guipúzcoa en nombre de la reina Isabel.

El escribano Domenjón González de Andía formalizó el acta:
"Nos los dichos Antón de Baena y Bartolomé de Zuloaga, por virtud de los poderes de la Reina nuestra señora a nosotros dados, decimos que loamos y aprobamos los dichos capítulos, e prometemos en nombre de Su Alteza, que guardará, cumplirá y confirmará lo susodicho, e en firmeza de ello firmamos aquí nuestros nombres. Fecho en Azcoitia a 15 de enero del nacimiento de Nuestro Señor.
Jesucristo de 1475 años.
Antón de BaenaBartolomé de Zuloaga"


CORONACIÓN DE ISABEL I DE CASTILLA


Pero no conforme la Junta provincial con la fiel palabra de la reina Isabel de Castilla, exigió además el juramento de su rey consorte Fernando de Aragón. Este aprobó los fueros guipuzcoanos en cédula firmada en Valladolid el 3 de junio de 1476. Unos días más tarde firmaba otra cédula, grandemente elogiosa para Guipúzcoa:
"Mi intención no es de agravaros en cosa alguna, salvo guardaros en vuestra hidalguía y libertad como a mis buenos y leales fidalgos vasallos, e vos entiendo gratificar en gracias, mercedes e libertades sobre las que tenedes, porque de esa Provincia tengo más cargo que de las otras nin lugares de mi reinos según los servicios que me habéis fecho e los trabajos que habéis pasado por mis servicios."

Durante la Guerra de Sucesión al trono de Castilla entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, se mantuvo partidario de la última. PoR ello, el ejército francés, favorable a Juana, destruyó su casa y arruinó los manzanales de Rentería. En el marco politico de este enfrentamiento consiguió que la provincial de Guipúzcoa apoyase a Isabel I contra la pretendiente Juana la Beltraneja y sus aliados portugués y francés.

En 1483, los Reyes Católicos nombraron tesorero real de descargos y embajador a Bartolomé de Zuloaga, Continuo de la Real Casa. Gracias a ello recibió rentas de 3.000 maravedís sobre las ferrerías de Arratzubia, en Orio, y sobre las rentas del hierro de las ferrerías navarras de Anizlarrea, mineral que en traba y se cargaba en los puertos de San Sebastián, Fuenterrabía y Villanueva de Oiarso. Este privilegio fue confirmado por la reina Juana, hija de los Católicos, en 1509 desde Valladolid. Estas mercedes obedecían a servicios efectuados en favor de la Corte castellana.

Todavía, en 1484, Isabel y Fernando declararon que aprobaban y confirmaban los privilegios de Guipúzcoa de los reyes predecesores. Carlos V repetiría el gesto en 1521.
 
En esta evocación de lealtades correspondidas, se agiganta la figura del renteriano Zuloaga, único guipuzcoano que tuvo el honor de confirmar, en nombre y con poderes de la Isabel de Castilla, los fueros de su tierra nativa.

En 1505 la reina doña Juana de Castilla concedía a Bartolomé de Zuloaga un privilegio de 16.000 maravedís de renta cada año, sobre los derechos del hierro que se labraba en ferrerías que traían sus productos a los puertos de esta provincial de Guipúzcoa.

domingo, 24 de enero de 2016

Expedición misionera y evangelizadora a las Indias Orientales por San Francisco de Javier


El navarro Francisco de Jaso y Azpilicueta, patrón de Navarra, fue uno de los fundadores de la Compañía de Jesús junto a San Ignacio de Loyola, natural de Javier, donde nació en 1506.

SAN FRANCISCO JAVIER


Su vida religiosa comenzó en París, a donde llegó en 1525 para estudiar filosofía en la Universidad de la Sorbona a la edad de 19 años. En el colegio de Santa Bárbara de esta ciudad estudó bajo la protección de la corona portuguesas. En 1528 obtuvo el grado de licenciado. Según las fuentes de la época, le retrataron como un tipo bien plantado, muy activo e inteligente. Durante su estancia en el colegio conoció a dos personalidades importantes del siglo XVI: uno es un estudiante suizo con fama de arrogante, Juan Calvino; el otro es un guipuzcoano algo mayor y un poco extravagante, vestido con harapos, medio cojo, que vivía de las limosnas, sumergido en el fervor religioso, San Ignacio de Loyola, autor de los Ejercicios Espirituales.

El encuentro fue determinante en la vida de Javier. Ignacio había sido militar y había combatido, bajo las banderas de Castilla, en el bando de los beaumonteses contra la familia de Javier, del bando de los agramonteses satélites de Francia. En el sitio de Pamplona, Ignacio quedó herido de una pierna y casi le costó la vida.

Después de un camino de discernimiento mutuo, Ignacio se fue ganando la amistad del navarro, Francisco fue tocado muy profundamente por una frase que determinaría el rumbo de su vida: "¿de qué sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Francisco prefirió ganar su alma y la de muchos.

En torno al guipuzcoano se fue creando una pequeña comunidad: el saboyano Pedro Fabro, el portugués Simón Rodríguez, los castellanos Diego Laínez, Nicolás Bobadilla y Alonso Salmerón y el propio navarro Franco Javier.

Una idea les obsesionaba, viajar a Tierra Santa y conquistar las almas, en una nueva cruzada, pero esta vez de carácter apostólica. El 15 de agosto de 1534, esta pequeña comunidad se recogió en la cripta de Montmartre. Bajo la dirección de Ignacio, pronunciaron votos de pobreza y castidad, y se comprometieron a peregrinar a Jerusalén. Y decidieron que, caso de no haber podido viajar antes de un año, se pondrían a disposición del Papa, y de esta manera se fundó la Compañía de Jesús.



CASTILLO DE JAVIER



El viaje a Tierra Santa fue extremadamente peligroso, porque entre piratas berberiscos y galeotas otomanas, el Mediterráneo había dejado de ser europeo. El único puerto relativamente seguro era Venecia, pero para llegar había que atravesar Francia e Italia, que estaban en guerra. La comunidad lo intentaba a través de Alemania y Suiza, y en penosas condiciones, viviendo de limosnas y cuidando enfermos para sufragar gastos.

En 1537, llegaron a Venecia, donde navarro y guipuzcoano se ordenaron sacerdotes. Al año siguiente viajaron a Roma para recibir la bendición del Papa, Pablo III.

El proyecto de viaje a Tierra Santa resultaba muy difícil ya que el pirata Barbarroja causaba el temor en los mares Adriático y Mediterráneo debido a la guerra entre venecianos y otomanos. La Compañía se dedicó a realizar obras de caridad en varias ciudades italianas, mientras que Francisco Javier se quedaba en Roma junto a Ignacia trabajando como secretario y ayudándole en la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús.



SAN FRANCISCO JAVIER Y SAN IGNACIO DE LOYOLA


En 1540, se les presentó el embajador de Portugal, Mascareñas, que pedía a Ignacio misioneros para evangelizar las Indias Orientales a raíz de una petición de Juan de Portugal. El Imperio luso había establecido numerosas factorías desde África hasta la India y el mar de China. Esa fue el destino de Javier: la gran expedición misionera en el Imperio marítimo portugués.

Zarpó desde Lisboa el 7 de abril de 1541, cuando tenía 35 años. El itinerario hacia las Indias Orientales fue el portugués, es decir, doblando África por el sur en dirección Este y atravesando el océano Índico, en lugar de la ruta española, doblando el estrecho de Magallanes y atravesando en Pacífico. Con él, partieron el italiano fray Pablo de Camerino y el portugués Francisco Mansilhas. Otros cuatro navíos completaban la flota. En el barco viaja el gobernador de la India, Martín Alfonso Sousa y, además de la tripulación, hay pasajeros, soldados, esclavos y convictos; gente de toda clase entre los que Javier tuvo que mediar en reyertas, combatir la blasfemia, el juego y otros desórdenes, y catequizarlos a todos.

Durante el viaje sufrió las grandes marejadas del Atlántico, después el intenso calor de la zona ecuatorial pudre el agua y los alimentos, y por último las grandes calmas del océano que provocan un parón en el golfo de Guinea. Con el barco inmóvil, se declara la peste y el escorbuto a bordo. Javier convierte su camarote en enfermería, dedicándose a cuidar a los enfermos y arrojar los cadáveres al mar.

Tras doblar el cabo de Buena Esperanza, realiza su primera parada en Mozambique. Durante su estancia de un año, ayuda en el hospital y percibe la realidad del trato que se da a los negros, lo cual le lleva a tener los primeros enfrentamientos. Después sigue por la costa este del África oriental y efectúa escalas en Melinde y Socotora, pequeños puertos entregados a su propia suerte, donde marinos árabes comparten soledad con mercaderes portugueses, misioneros de vida precaria y nativos africanos.



TRAYECTO DE LA EXPEDICIÓN MISIONERA


Por fin, la expedición llegó a Goa, en la costa occidental de la India, el 7 de mayo de 1542. Era una brillante ciudad hindú capturada por los árabes y, después conquistada por Alfonso de Alburquerque para la corona portuguesa. Capital del Imperio portugués de oriente, contaba con más de 225.000 habitantes y más de un centenar de iglesias y conventos de dominicos y franciscanos. Desde Goa organizó sus expediciones evangelizadoras y misionales.

Javier residió en Goa y alrededores durante cinco años como delegado del Papa, reorganizó la catequesis y el sistema de evangelización basándose en el catecismo de Juan Barros, tradujo los textos sagrados a las lenguas vernáculas, asistía a moribundos y cura enfermos, visitaba a presos y socorría a pobres, abrió escuelas, colegios y dispensarios, bautizaba y catequizaba a miles, y descubrió a todos el amor de Dios.

Goa se conviertió en la base de operaciones de todas las misiones en Asia. Allí se instaló el Seminario de San Pablo y desde allí partió la misión jesuita al Tíbet con el sacerdote portugués Andrade: el primer europeo que entró en la ciudad de los lamas.

Hacia octubre de 1542, viajó por los pueblos de los pescadores de la costa del sur de la península, con intención de revitalizar el cristianismo, casi perdido por falta de sacerdotes. Para lograr un acercamiento más intenso, se dedicó a aprender la lengua del país. Evangelizó a los indios Paravas y recorrió las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture. Encontró la oposición de los brahmanes, que habitaban las pagodas de la región. Aprendió tamil y tradujo a esa lengua parte de los textos cristianos y una plática sobre el cielo y el infierno.

SAN FRANCISCO DE JAVIER EN LA INDIA


Pasó casi tres años desempeñando la labor misionera en el oeste de la India. En sus andanzas llegó hasta Sri Lanka. En noviembre de 1543 se encuentró con sus compañeros Micer Paulo y Mansilla en Goa y se entrevistó con el obispo de la ciudad, Juan de Alburquerque, para pedirle misioneros. El obispo destinó a 6 sacerdotes para esa labor.

Con los nuevos colaboradores marchó de nuevo a la Pesquería, donde estableció un sistema de asignación de territorios a un responsable, el cual debía de mantenerle informado del devenir de la misión. Una vez organizado ese territorio, partió hacia Manapar y el distrito sur, donde permaneció un mes con los makuas, bautizando a más de 10.000.

Durante 1544 estuvo realizando más de veinte viajes de evangelización. El rey de los hindúes de Ceilán del norte, Jaffna, ordenó la ejecución de seiscientos cristianos en Manar. Ante estas noticias, Francisco volvió a Goa y habló con el gobernador, Martín de Sousa, para acompañar a la expedición punitiva para castigar las acciones contra los cristianos. Por diferentes causas dicha acción nunca se llevó a cabo.

Durante tres meses Francisco Javier estuvo aprendiendo una base del idioma y se familiarizó con la cultura local; también tradujo, con ayuda de gentes entendidas, la parte básica de los textos de la doctrina católica. Ese mismo año escribió al rey de Portugal Sobre las injusticias y vejaciones que les imponen los propios oficiales de Vuestra Majestad.


SAN FRANCISCO JAVIER


En 1545, continuó su misión de predicación en las islas Molucas en compañía de Juan Eiro, llegando a Malaca poco después y terminando en la isla de Mindanao, siendo San Francisco Javier el primer apóstol de Filipinas.

Desde 1546 hasta 1548, no paró de viajar. Salió hacia las islas de Amborio y Ternate, después de escribir las Instrucciones para los catequistas de la Compañía de Jesús. Recorrió diferentes islas de la región y en Baranula (Ceran), continuando por Ternate, rico centro comercial de especias y última posesión portuguesa, las islas del Moro, y terminando de vuelta en Cochín.

Después de seis años en Asia, realizando labores de reordenación y supervisión de las misiones establecidas en India y Molucas, donde se sintió decepcionado con el deterioro sufrido, recibió la noticia de que un rey de Japón desea convertirse. Japón estaba muy lejos; hasta allá el mar estaba lleno de piratas; no había tropas portuguesas para cubrir el camino, pero Javier resolvió acudir a la llamada. Terminó siendo otro viaje portentoso y terrible, como de antigua leyenda. Para empezar, no había barcos disponibles, pero el viaje urgía, porque la estación de los vientos favorables se acercaba. El capitán de Malaca, Pedro de Silva, hijo del gran marino Vasco de Gama, no pudo ofrecer a Javier otra cosa que el junco del pirata chino Aván. Como Silva no se fía del chino, apresó a su mujer, confiscó sus bienes y le hizo jurar que irá directamente al Japón en cuanto soplase el viento.

Fue el 24 de Junio de 1549 cuando en el junco de bambú se apelotonaron doscientos hombres y trescientos sacos de pimienta, tan valiosa como el oro. Viajaban con Javier el valenciano Cosme de Torres y el cordobés Juan Fernández. Después de mil peripecias, donde no faltaron los piratas, los tifones, las triquiñuelas de Aván y hasta un encuentro con la escuadra imperial china, con el último viento del sur lograban arribar un 15 de agosto a Kagoshima, entonces capital del reino Sur del Japón.


SAN FRANCISCO JAVIER EN KAGOSHIMA


En esta ciudad permaneció durante un año, aprendió el idioma japonés, e hizo traducir la obra Declaración de los artículos de la Fe. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban se valió de un intérprete. Se ganó la confianza del señor feudal de la provincia, Shimazu Takahisha, pero también sufrió las hostilidades de los bonzos.

Creyó en la posibilidad de que si el rey se convirtiera al catolicismo, el pueblo también los haría, por ello, en 1550 se dirigió a Miyako, principal ciudad de Japón, situada en la parte central. Fundó una pequeña colectividad cristiana en Hirado. Llegó a Yamaguchi, luego a Sakai y finalmente a Miyako. Aquella ciudad sufría las penalidades de una guerra, por eso se instaló en Yamaguchi, obteniendo del príncipe la garantía de respeto a los conversos al cristianismo. Ante esa perspectiva estuvo realizando, junto con sus dos compañeros, una intensa labor de predicación y la creación de una pequeña comunidad católica. Muchos de los convertidos eran samuráis. La oposición del clero local, los bonzos, fue siempre fuerte.

Tras dos años de misión, Javier logró difundir el Evangelio en algunas ciudades del sur suscitando interés y fundando comunidades cristianas que más tarde crecerían muy rápidamente. Llegó a la conclusión de que la cultura japonesa dependía de la cultura china, y que si lograba sembrar el evangelio en China, entonces el Japón lo abrazaría. Ideó un plan para misionar en China.

Utilizando su título de embajador de Portugal, fue recibido en septiembre de 1551 por el príncipe de Bungo. Aquel gobernador quedó tan encantado con el sacerdote que otorgó su permiso para predicar, su protección oficial y le cedió un antiguo templo budista para que se alojase mientras estuviese ahí.

Un mes después y dejando algunos conversos, Francisco Javier regresó a la India aprovechando la llegada de un navío portugués a Funai. Quedó alertado por las noticias que le llegaron sobre las crecientes dificultades y abusos que se cometían en la India tanto entre los misioneros como entre las autoridades portuguesas.

El viaje de vuelta fue a bordo de la nao Santa Cruz, que capitaneaba Diego de Pereira, quien le ofreció la idea de organizar una embajada a China en nombre del rey de Portugal para entablar negociaciones de paz. Cuando llegó a Malaca se enteró de que la India había sido nombrada provincia jesuítica independiente de Portugal y que él es su provincial.

En 1552 llegó a Cochín y a Goa. Después de solucionar algunos problemas de las misiones, comenzó a preparar la expedición a China. Él mismo lo explicaba así:
“La China es una tierra grandísima, pacífica y gobernada con grandes leyes, hay un sólo rey, y es en gran manera obedecido. Es un riquísimo reino y abundantísimo. Estos chinos son muy ingeniosos y dados al estudio, principalmente a las leyes humanas sobre la gobernación de la república; son muy deseosos de saber. Si acá en la India no hubiere algunos impedimentos que me estorben la partida, este año espero ir a la China por el gran servicio de Dios nuestro Señor que se puede seguir, así en la China como en Japón; porque sabiendo los japoneses que la ley de Dios la reciben los chinos, han de perder más presto la fe que tienen a sus sectas. Grande esperanza tengo que así los chinos como los japoneses, por la Compañía del nombre de Jesús, han de salir de sus idolatrías y adorar a Dios y a Jesucristo, salvador de todas las gentes.”

Partió hacia China en abril de 1552 acompañado de otros evangelizadores. El viaje se retrasó, llegando a la isla de Sanshoan a finales de agosto. Esta isla era el lugar de encuentro entre los mercaderes chinos y portugueses y punto de embarque hasta el continente, dista unos veinte kilómetros de la costa y está situada a cien kilómetros al sur de Hong Kong. Nunca llegaría a China. El 3 de diciembre de ese año moría Francisco de Javier cuando contaba 46 años de edad, víctima de unas fiebres. Su cuerpo fue conducido a Goa, donde llegó en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa ciudad.

MONUMENTO EN KAGOSHIMA


Aquí terminó la expedición evangelizadora y misionera de Francisco de Javier que fue el precedente de futuras misiones cristianas en Asia.

Fue canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, con el nombre de San Francisco Javier, al mismo tiempo que Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila, Felipe Neri e Isidro el Labrador.

Por su inestimable empresa en las Indias, Benedicto XIV le concedió el título de Patrono Universal de las Misiones de Oriente en 1749. Se conservaron algunas de las cartas que San Francisco escribió a San Ignacio. También hay pequeños escritos catequísticos conocidos, como el pequeño catecismo (1542), y el gran catecismo (1546). Con motivo del V Centenario de su nacimiento se multiplicaron los estudios y ediciones en la red y en papel.

En 1949, en el monte del castillo de Kagoshima, aquella ciudad japonesa, se elevó una piedra con la siguiente inscripción:
“Este es el lugar donde el príncipe Shimazu Takahisa se encontró con el misionero Zabiel.”

MONUMENTO EN KAGOSHIMA

viernes, 22 de enero de 2016

Condado de Pamplona contra francos y musulmanes


En 711, un ejército islámico de 7.000 soldados, la mayoría bereberes, a las órdenes de Tariq ibn Ziyad, cruzaban el estrecho de Gibraltar poniendo el pie en Tarifa destrozaron los ejércitos del rey Rodrigo en Guadalete, tomaron la capital, Toledo, y controlaron las llanuras y ciudades del sur. Más tarde, con la fuerza de 18.000 hombres, sometían la antigua Tarraconense, el valle del Ebro y llegaban al pie de la cordillera Cantábrica y de los montes Pirineos.

Ya en el año 713, Muza ibn Nasayr atravesó la zona meridional y Pamplona cayó en su poder antes del 718. El ejército musulmán partió de Zaragoza, siguiendo la calzada que enlazaba con la vía romana a Astorga y avanzó hacia Pamplona. Esta ciudad fue obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado.

Una vez desaparecido el Reino hispano-visigodo y las tropas musulmanas preparaban su asedio al norte de los Pirineos, la resistencia cristiana se refugió en las montañas pirenaicas y cantábricas, dibujando una doble frontera política y cultural. Surgieron diversos núcleos políticos que, taponando a los ejércitos musulmanes, iniciarían una restauración conocida como Reconquista.

El primero de ellos fue el Reino de Asturias, cuyo origen está unido a la figura del noble de origen godo Pelayo y a la batalla de Covadonga el 722. Pelayo hizo retroceder a las huestes de Munuza hacia León. La primera victoria frente al islam consiguió que miles de voluntarios de toda condición llegados de Asturias, Galicia, Cantabria, Vizcaya, etc. se sumasen a sus ejércitos. 


MAPA PENINSULAR DE LA INVASIÓN ÁRABE


Mientras tanto, el actual territorio de Navarra se había convertido en la base estratégica de las incursiones islámicas hacia el Reino franco. Desde aquí partió la expedición del valí Abd al-Raman al-Gafiqui del año 732. Tras unos exitosos comienzos con la victoria en el río Dordoña y el subsiguiente saqueo de Burdeos, fracasaron ante el ejército de Carlos Martel en Poitiers parando en seco la embestida islámica hacia la vertiente norte de los Pirineos. En esos años, el valí Yusuf ibn Abd al-Rahman al-Fihri envió a dos de sus generales, Suleiman ben Siban y Al-Husani ben al-Dayan, contra los vascones. La campaña se saldó con una completa derrota de los musulmanes, y murieron ambos generales durante el enfrentamiento. 

En 739, reinaba en Asturias Alfonso I, quien estableció su capital en Oviedo, ocupó los valles gallegos y la cordillera Cantábrica llegando hasta los territorios occidentales de Álava y Vizcaya, repoblando Las Encartaciones de Vizcaya y comunicando grupos aislados de vascones. Los primeros pasos del Reino asturiano pasaron por asentar su dominio en la cornisa cantábrica frente al inicial auge conquistador musulmán. En esta etapa ya existía la presencia de vascones en las huestes cristianas.

Aprovechando la derrota islámica en Poitiers y la fundación del Reino de Asturias, los vascones de Pirineo recobraban su independencia, quizá con apoyo merovingio. Los árabes reaccionaron y, tras una larga campaña, Pamplona fue conquistada de nuevo en 739. Pero por poco tiempo, ya que la rebelión de los bereberes en 740 y las guerras civiles que siguieron en Al-Ándalus a la matanza de los Omeyas en 750 permitieron que los vascones volvieran a sacudirse el yugo islámico y a hacerse fuertes en la cuenca del río Arga. En 755, dos generales enviados contra ellos por el valí Yusuf al-Fihrí fueron derrotados y murieron en la lucha. 

En septiembre de ese mismo año, llegaba a Al-Ándalus Abd al-Rahman I, el último de los Omeyas que sobrevivió a la irrupción de los Abasíes. Con la ayuda de grandes apoyos clientelares derrocó al valí oficial nombrándose emir independiente del Califato de Damasco. Tras afirmar su posición con las autoridades locales emprendió una expedición recaudatoria en Álava en el año 767.


INVASORES ÁRABES


En 759, los francos ya controlaban Aquitania, Borgoña y Narbona, quedando los musulmanes definitivamente al sur de los Pirineos. Carlomagno estableció numerosas zonas militares en los límites del reino carolingio, denominadas “marcas” que suponían colchones defensivos ante cualquier invasión. La Marca Hispánica englobaba a un conjunto de territorios de este a oeste de los Pirineos, que incluía al Condado de Pamplona en un límite occidental.

En 777, Carlomagno intervino en la zona pirenaica por primera vez en apoyo de la petición de ayuda que le había hecho Suleiman ibn al-Arabi. Este valí de Zaragoza, descontento con Abd al-Rahman I, se desplazó hasta Padeborn para establecer un pacto: Suleiman prometía a Carlomagno la entrega de Zaragoza y toda la provincia que controlaba a cambio de quedar como representante suyo. Carlomagno puso en marcha su ejército hacia el sur, cruzando la cordillera pirenaica en 778. Pero una vez que llegó hasta las inmediaciones de Zaragoza, la situación era bien distinta a lo previsto. Al-Husain ibn Yahya, lugarteniente de Ibn al-Arabi, no aceptó el trato y ante la ausencia de su superior se negó a entregar la ciudad. 

El Ejército carolingio inició un largo asedio a la ciudad, pero su heroica resistencia y la llegada de noticias de una sublevación en Sajonia ocasionaron la retirada de la península y esperar mejor ocasión. Llevaron como rehén a Ibn al-Arabi, capturado como botín de guerra, pero sus hijos consiguieron rescatarle  y debieron de producirse algunos ataques. 

En este clima de violencia, se procedió a destruir las murallas de Pamplona a su paso por la ciudad, como represalia o como aviso para que los magnates locales se mantuviesen neutrales. Pero lo sucedido fue muy distinto y la retaguardia del Ejército franco sufrió una duraemboscada en Roncesvalles quedando destruido. Fue una derrota sin paliativos, en la que cayeron un buen número de magnates importantes, como el senescal Eginardo, el conde platino Anselmo y el gobernador de Bretaña Rolando. 

El Ejército franco, muy numeroso, se desplazaba estirado por montañas cubiertas de bosques y esto ocasionó una falta de comunicación durante el ataque. Además, en territorio montañoso la caballería pasada quedaba inutilizada, mientras que los infantes con sus armaduras metálicas se mostraron pesados ante unos asaltantes armados más ligeramente y que conocedores del terreno se movían mejor por la zona. 

Las crónicas francas Anales regni francorum y la Vita Karoli Magni hicieron responsables a los vascones, mientras que el historiador musulmán Ibn al-Athir se pronunció por una coalición de vascones y musulmanes. Algunos estudios identifican a los asaltantes como los gascones, vascones ultrapirenaicos, que estaban disconformes con la política de fortalecimiento del poder franco en Aquitania. 


PLACA EN CONMEMORACIÓN DE LA BATALLA DE RONCESVALLES


En el año 781, el Emirato cordobés decidió terminar con la situación de rebeldía generalizada la zona media del valle del Ebro. Hixam I se puso a la cabeza de su ejército, y marchando primero hacia Zaragoza derrocó al valí sublevado Husain ibn Yahya. Desde aquí subió por el río imponiendo su autoridad y, tras tomar la comarca de Calahorra se presentó en Pamplona. La ciudad, con las murallas destruidas, no podía oponerse al poderío andalusí y sus magnates mostraron obediencia.

El 797, se produjo la victoria de las tropas asturianas sobre las musulmanas en la batalla de Lutos. Ese mismo año, el emir Al-Hakam I encomendó al general Amrus ibn Yusuf la recuperación de Zaragoza tras la sublevación de su valí Bahlul ibn Masruq. Además de tomar esta ciudad en el 800, también ocupó Tudela.

miércoles, 20 de enero de 2016

Cirugía en Blas de Lezo

A lo largo de su carrera militar, Blas de Lezo tuvo que soportar estoicamente la curación de sus heridas de guerra por parte de los médicos cirujanos enrolados en la tripulación de los buques.


BALA DE CAÑÓN BRITÁNICO DE HIERRO FUNDIDO INCRUSTADA
EN UN SILLAR DURANTE EL SITIO DE TOLÓN EN 1709


Fue durante el transcurso del combate de Vélez-Málaga de la Guerra de Sucesión, en verano de 1704, cuando el guardiamarina Blas de Lezo fue alcanzado por una bala de cañón en su pierna izquierda. Se encontraba en su puesto asegurando que el fuego de la artillería fuese constante y gracias al control de su sufrimiento pudo continuar en su puesto de combate. La bala le produjo tan graves destrozos que, según relató el propio Lezo, "de un tiro de cañón perdió del todo una pierna que se la hubieron de cortar, recuperándose de herida tan considerable a costa de crecidos gastos".

La capacidad destructiva de este tipo de proyectiles de hierro fundido sobre un edificio, y en mayor media sobre una persona, podía ser demoledora. Tras la amputación, a pesar de que tuvo que acostumbrarse a su pérdida además de aprender a andar con una prótesis, se reintegró al servicio naval al año siguiente.

Además de la pierna, perdió la visión del ojo izquierdo durante el sitio del castillo de Santa Catalina de Tolón producido por el impacto de una esquirla que le reventó dicho ojo. Finalmente, un balazo de mosquete le hizo perder la movilidad del brazo derecho en el segundo sitio de Barcelona. Como él mismo llegó a escribir "ostilizando a los enemigos... recibo diferentes eridas".

A los 25 años ya se había quedado cojo, tuerto y manco; "Mediohombre" le llamaron. Pero dando pruebas de su capacidad de superación ante la discapacidad física llegó a ser uno de los grandes marinos de la historia de la Armada española.


SIERRA DE AMPUTAR DE MADERA DE NOGAL DE 1748, POR FRANCISCO MAURO


La sierra de amputar fue un instrumento muy utilizado por los cirujanos destinados a los navíos de guerra. Era difícil de manejar y producía cortes poco definidos y graves destrozos en las intervenciones. Seguramente, un utensilio de parecidas características sirvió para amputar la pierna de Blas de Lezo, cercenada por una bala de cañón en el combate de Vélez-Málaga.

A lo largo del siglo XVIII, los médicos y cirujanos del ejército lograron un mayor reconocimiento. En 1721, Felipe V promulgó el Reglamento sobre servicios sanitarios del ejército y, en 1728, fundó el Cuerpo de Cirujanos de la Armada, preludio de una sanidad naval diferenciada. Aunque fue a mediados de siglo cuando se inauguraron los primeros Reales Colegios de Cirugía y la profesión se especializó definitivamente.


EXTRACTOR DE BALAS DE ACERO, SIGLOS XVIII


El extractor de balas fue, junto a la sierra de amputar, uno de los instrumentos más utilizados por los cirujanos militares en el siglo XVIII. Durante el procedimiento, el paciente debía de soportar un gran dolor y la recuperación no estaba exenta de posteriores infecciones. Sin embargo, la fabricación de estos útiles resultó de gran ayuda a los médicos cirujanos.

Los extractores de balas debían ser ligeros y delgados, pero con la solidez suficiente para soportar la aplicación de la fuerza necesaria para la extracción. El giro del tornillo situado en un extremo permitía que los brazos se abrieran en función del tamaño de la bala.


LÁMINAS DEL TRATADO DE VENDAGES Y APOSITOS PARA EL USO
DE LOS REALES COLEGIOS DE CIRUGÍA, POR FRANCISCO CANIVELL


Blas de Lezo demostró una gran fortaleza psicológica y anímica ante la adversidad a lo largo de toda su vida. Evidentemente, estaba hecho de una pasta especial. Tuvo una naturaleza privilegiada y una enorme resistencia a la fatiga para aguantar, cuando se encontraba al mando de la Escuadra del Mar del Sur, ya que el clima insano, el hambre, la falta de agua y las enfermedades y epidemias causaron numerosas bajas en las dotaciones de tripulación y guarnición.

Años más tarde, estando al mando de la Escuadra del Mediterráneo, se desencadenó una epidemia de tifus exantemático que ocasionó más de 500 muertos. Lezo, a pesar de encontrase entre los muchos enfermos, logró recuperarse.

viernes, 15 de enero de 2016

Embajada a China por Martín de Rada


Desde un primer momento, y como sucedió en América, el descubrimiento y la exploración de nuevos territorios en Asia se convirtió en una empresa encabezada por misioneros españoles. Jesuitas, dominicos y agustinos emprendieron una frenética labor evangelizadora no exenta de rivalidades, que se extendió hasta llegar a regiones hasta entonces desconocidas para los europeos. También al igual que en América, y en contra de lo que era la actitud generalizada de los conquistadores, los frailes se instituyen como defensores de los derechos de los nativos que habían sido sometidos. Un claro ejemplo de esta actitud fue la figura del fraile agustino Martín de Rada.

El religioso navarro nació en Pamplona el 20 de julio de 1533 y con apenas 20 años ingresó en el convento de San Agustín en Salamanca. Cursó estudios en la Universidad de esta ciudad y en la de París, alcanzando fama como reputado cosmógrafo y matemático.

Viajó entonces hasta Nueva España y conoció allí a fray Andrés de Urdaneta, quien teniendo en cuenta sus valiosos conocimientos, decidió incluirlo en el grupo de frailes agustinos que iban a formar parte de la expedición a las islas Filipinas de 1564. La famosa expedición de Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta.



MARTÍN DE RADA


En la colonización de las islas Filipinas, el peso de los clérigos fue incluso superior al que alcanzaron en la colonización americana, destacando la presencia desde 1565 de los llamados Agustinos Filipinos, siendo Urdaneta y Rada dos de ellos. La presencia secular en esos lugares explica la existencia de un singular Museo Oriental en el Convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid, que fue la sede central donde se formaba a los misioneros antes de enviarlos.

Establecido allí, Martin de Rada destacó por su defensa de los indígenas ante los abusos de los encomenderos y alcaldes mayores. Esta faceta le valió el apodo del "el De las Casas de Filipinas", título con el que en ocasiones también ha sido nombrado el primer obispo de Manila, el dominico Domingo de Salazar.

Las islas Filipinas fueron tomadas por España en 1565 con la intención de repetir los sueños de conquista que habían realizado en el continente americano. Pronto descubrieron que las posibilidades de explotación de los recursos del archipiélago eran muy limitadas. Sin embargo, el contacto con embarcaciones que utilizaban los comerciantes musulmanes instalados en los sultanatos vecinos de Borneo y Mindanao, cargados de valiosas mercancías chinas, como canela, sedas y porcelanas, despertaron el interés de los colonizadores españoles. Estos vieron en ese comercio una posible salida a su decepcionante situación. Además, se conoció la ruta mercante que los portugueses recorrían con la Nao de plata entre los puertos accesibles del sur de Japón con el enclave de Macao en la costa china. Tanto en Filipinas como en la Corte se empezó a valorar la posibilidad de utilizar las Filipinas como base de expediciones futuras hacia la China continental. La ruta española hacia China fue conceptualizada como una prolongación de la singladura americana. Desde Nueva España los intentos de atravesar el Pacífico iban dirigidos hacia las islas de las especias y hacia China.

El primer testimonio de este proyecto se encuentra en la carta que el gobernador de Filipinas, Miguel López de Legazpi, remitió a Felipe II el 23 de julio de 1567. En la misiva proponía la construcción de seis galeras para "... correr la costa de China y contratar con la tierra firme".



MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI


Los misioneros asentados en el archipiélago apoyaron la iniciativa, valorando que lo pudieran utilizar como trampolín para comenzar una labor de evangelización en China y Japón. Martín de Rada fue el primer español en planear una expedición de evangelización a todo aquel territorio, y es que por encima de las facetas de cosmógrafo y matemático el navarro destacó por su labor evangelizadora y misionera. Con fecha del 8 de julio de 1569, escribió una carta dirigida al rey Felipe II en la cual describió un proyecto de colonización de China. Insistió en el mismo aspecto que Legazpi, el de dotar a las islas de una poderosa flota con la que realizar la invasión. En el texto destaca la ingenua concepción que los españoles se habían hecho del extenso y ya entonces muy poblado país de China, debido sobre todo a la falta de informes veraces que mostrasen las dimensiones reales de aquel territorio, creyendo que se podría realizar la empresa con tan sólo un pequeño contingente de esforzados soldados. Así, Martín de Rada escribía en su carta que "... la gente de China no es nada belicosa... Mediante Dios, fácilmente y con no mucha gente, serán sujetados".

López de Legazpi describió los avances de la preparación del viaje en una carta dirigida al gobernador de Nueva España y fechada el 11 de agosto de 1572. Señalaba que había liberado a más de treinta chinos que habían permanecido prisioneros en manos de nativos filipinos, al tiempo que había concedido permiso a diez barcos chinos para comerciar con total libertad con los españoles y naturales de las islas, acciones emprendidas como gestos de buena voluntad. Sin embargo, los planes de la expedición fueron interrumpidos con la muerte de López de Legazpi, el 21 de agosto de ese mismo año.

La expedición de Juan de la Isla en 1572, con la intención de obtener información sobre lo que existían en aquellas tierras desconocidas, fracasó en el intent.



PAISAJE CHINO DEL SIGLO XVI


La oportunidad para enviar una primera embajada a China se presentó cuando las autoridades de la provincia de Fujian ofrecieron establecer relaciones comerciales con los españoles como recompensa a cambio de la captura del pirata Ling Feng, que se refugiaba en el archipiélago filipino después de saquear sus costas. Los españoles aceptaron el pacto y organizaron varias expediciones por mar y tierra para capturarlo y destruir sus bases. Dos juncos imperiales chinos llegaron a Manila el 8 de abril de 1574, para asegurarse de que se cumpliría lo pactado, apenas cuatro días después de que el pirata Ling Feng consiguiera escapar del cerco al que le habían sometido los españoles. Durante el recibimiento del gobernador Guido de Lavezares al séquito del mandatario chino Wang Wanggao, entregaron varias mujeres chinas capturadas por el pirata y se comprometieron a capturarle vivo o muerto.


NAVÍO ESPAÑOL EN FILIPINAS


Ante las buenas intenciones del gobernador, el general accedió a llevar en su junco a una embajada de la colonia española en Manila para presentarla ante las autoridades de la provincia de Fujian. Aquella expedición, que por primera vez entró en territorio chino como embajada de la monarquía Hispánica, estaba integrada por los agustinos Martín de Rada y Jerónimo Marín, a quienes acompañaron Miguel de Loarca y Pedro Sarmiento. Ellos serían los primeros españoles en visitar la China Imperial.

Los objetivos de esta embajada eran de diferente índole. Por un lado, pretendía obtener de las autoridades chinas un compromiso que garantizase la libertad de predicación. Sin embargo, era prioritario conseguir el permiso para establecer un enclave en la costa de Fujian desde el que los españoles pudieran fomentar relaciones comerciales con toda la región, siguiendo el ejemplo de los portugueses en Macao.

Zarparon de Manila el 12 de junio de 1575, dirigiéndose a Bolinao, y de allí rumbo a China, fondeando en el puerto de Zhongzuosuo (Tiong-sosu), el 5 de julio del mismo año. Viajaron durante tres meses por las ciudades de Toncoco, Tangoa, Chincheo y Hochin, pertenecientes a la provincia de Fujian, y situadas en la zona de la bahía de Zhongzuouo, Quanzhou, Xinhua y Fuzhou.

A Fuzhou, la capital, llegaron el 17 de julio. Fueron recibidos por Liu Yaohui, gobernador de la provincia de Fujian. Aquellas autoridades les agasajaron con banquetes y regalos, mientras tanto, aprovecharon para recoger información sobre los usos y costumbres del país, sobre religión e historia, administración y navegación, etc. Mientras tanto, remitieron a instancias imperiales las peticiones del fraile Martín de Rada para predicar en su territorio.


DERROTERO SEGUIDO POR MARTÍN DE RADA


En cuanto al objetivo comercial, las conversaciones tampoco dieron resultados, ya que para la mentalidad china, los europeos suponían una comunidad mercantil más entre las presentes en Asia Oriental, y sus relaciones comerciales con los españoles estaban condicionadas a la obtención de un beneficio, en ese caso la captura de Ling Feng y la entrada de plata desde América.

Tras fracasar en su intento de establecer relaciones diplomáticas con el Emperador y dilatarse el cumplimiento de sus dos principales objetivos, la expedición diplomática decidió regresar a Filipinas con las manos vacías, a bordo de una flota de diez juncos comandada por Wang Wanggao y el general Shao Ye, citado como Siahoya Oxiaguac en la relación de Martín de Rada. Los barcos partieron el 28 de octubre de 1575 y antes de llegar a Manila, mientras se encontraban fondeados en la desembocadura de un río en la costa occidental del actual Taiwan, conocen la noticia de que el pirata ha vuelto a escapar. La expedición regresó a Manila el 28 de octubre de 1575.

Martín de Rada regresó con más de cien libros chinos que trataban sobre historia, religión, agricultura y costumbres de los naturales chinos sirvieron de gran utilidad, junto a su propia vivencia, para redactar un gran número de cartas, informes y relaciones que envió a la Corte, al virreinato de Nueva España o a sus superiores de la orden.


ALEGORÍA DE FRANCISCO JAVIER PREDICANDO EN JAPÓN

Escribió un Arte y Vocabulario de la lengua cebuana y se le atribuye también un Arte y Vocabulario de la lengua china. A partir de las experiencias recogidas durante ese viaje, escribió una relación titulada Relación verdadera del reyno Taibin, por otro nombre China, y del viage que a él hizo el muy reverendo padre fray Martín de Rada, provincial que fue del orden de San Agustín, que lo vio y anduvo, en la provincia de Hocquien, año 1575 hecha por el mismo. La obra es un valioso documento en el que el fraile agustino realizó un análisis detallado de la cultura, la economía y la historia de China como ningún europeo lo había hecho hasta entonces. La Relación ofrece información de primera mano, sobre los alimentos y banquetes, las armas y la guerra, la casa y las ciudades, la agricultura y sus productos, la religión y los ídolos, la escritura y la administración de la justicia, los trajes del país, las facciones fisionómicas de sus habitantes, los entierros, etc. En todo, Martín de Rada se muestra informado y objetivo, sin hacer concesiones a la fantasía.

Los datos y la información que recogió en su relación le permitieron confirmar que la Catay que citaba Marco Polo y la China que él había visitado era el mismo país. Esta fue su contribución más importante realizada a la geografía mundial y a la historia de las relaciones entre Oriente y Occidente.

El hispanista chino Zhang Kai señala que independientemente de los motivos que motivaran el interés del pamplonés por China, las aportaciones de Rada en el periodo inicial de los contactos entre China y Europa "le permitieron obtener el título de primer sinólogo de Occidente".

El incansable Martín de Rada murió en el año 1578 cuando participaba en una expedición de Borneo emprendida por el gobernador de Filipinas Francisco de Sande.


MAPA DE CHINA Y EL SUDESTE ASIÁTICO, POR ABRAHAM ORTELIUS (1570)

miércoles, 13 de enero de 2016

Toribio Alonso de Salazar

Marino y capitán general de la Expedición a las islas Molucas de Jofre de Loaisa, posiblemente el primer europeo en descubrir las islas Carolinas




Natural de las Encartaciones, Vizcaya, donde nació a finales del siglo XVI. Salazar es considerado uno de los vascos universales, aunque su fama fue efímera. La vocación de marino le hizo enlistarse en la cúspide de su carrera en la expedición de García Jofre de Loaisa, en la nao San Lesmes, donde fue nombrado tesorero.

Durante el viaje, mueren de escorbuto Loaysa y Elcano. Salazar pasó al mando de la nave Santa María de la Victoria, como capitán general de la expedición, el 6 de agosto de 1526. Su barco era la única nao superviviente de la expedición de Loaisa que intentó ampliar la circunnavegación del globo que había realizado la de Magallanes y Elcano recientemente.

Fue el primer europeo en descubrir las islas Carolinas (islas Marshall), el 21 de agosto de 1526, aunque no se tiene constancia de que atracara. Se cree que avistó también el atolón Bokak.

Llegó a las islas Marianas, el 5 de septiembre de 1526, pero diez días después falleció por escorbuto tras apenas 40 días de jefatura. Iñigo de Carquizano, quien había sido nombrado como tesorero general de la expedición por el propio Salazar, le sucedió en la jefatura.



ISLAS MARIANAS, PALAOS Y CAROLINAS

lunes, 11 de enero de 2016

Museo de la Industria armera de Eibar


El Museo de la Industria Armera de Eibar está dedicado a la conservación y difusión de la memoria histórica y el patrimonio industrial de un pueblo de gran tradición armera.

El museo alberga, entre sus piezas, una extensa colección de armas procedente de diversos fondos, como el antiguo Museo de la Escuela Armería, y una gran variedad de productos fabricados en Eibar (bicicletas, motos, máquinas de coser...).

El visitante podrá disfrutar de un recorrido por el devenir de la historia industrial eibarresa, desde el siglo XIV hasta nuestros días.




Desde la fundación de la villa de Elgóibar, allí por el año 1346, el carácter industrial de la misma fue muy relevante. El rey se reservó la explotación de los minerales de oro y plata y la producción de las ferrerías. La descripción que en 1800 obtenía Tomás López rezaba de la siguiente forma:
Es esta villa una en las que se fabrican las armas para Placencia y en ella se trabajan al año quando menos cinco mil Cañones de fusil y Pistola, siendo los Maestros que los trabajan los mas sobresalientes de toda la fabrica; en su manifactura no usan otras Maquinas q[u]e las regulares de Fraguas, barrenos de Agua, Limas, etc. Así también en esta villa ai seis ferrerias que labran al año sobre 5 mil quintales de fierro para diferentes usos, y así estas como las fraguas de los cañonistas en la maior parte se surten del carbon (...ilegible...) Juridicción así de Conzejales como de particulares.