lunes, 30 de enero de 2017

Vasconia en el Reino de Asturias


El Reino de Asturias surgió de la reacción que el hispano-visigodo Pelayo efectuó en Cangas de Onís ante la actuación del gobernador musulmán de Gijón. Este magnate supo reunir bajo su mando a un grupo de refugiados godos e hispanos con los que contó para resistir en la victoria de Covadonga en el año 722.

El primer rey de Asturias fue Alfonso I, hijo de Pedro, duque de Cantabria, y de Ermesinda, hermana del conde de Oviedo, Favila, y nieta de Pelayo. El primer rey astur aprovechó el abandono de las posiciones bereberes en el valle del Duero para efectuar una serie de exitosas campañas que le llevaron hasta las cercanías de la cordillera Central. Aunque tuvo que replegarse al norte ante la falta de gentes para repoblar el suelo tomado.

Su reino controlaba los territorios de las Primorias (Cangas de Onís), Asturias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza y las Vardulias (primitiva Castilla), que fueron repobladas no sólo con sus naturales sino con gentes que huían de los invasores islámicos desde posiciones más al sur. Otras regiones de su reino no necesitaron este aporte humano, pues siempre estuvieron pobladas por sus naturales: Álava, Vizcaya, Ayala, Orduña, y limitando con el Condado de Pamplona las villas de Deyo y Berruela.


REINO DE ASTURIAS CON ALFONSO I


La primera referencia sobre Álava se escribió durante el reinado de Fruela I, quien sucedió a su padre en el año 757. Tuvo que reprimir varios alzamientos de los condes locales, gallegos y alaveses, que tenían una amplia autonomía. Su matrimonio con una mujer vascona, Munia, puso fin a las disputas.

La noticia sobre los vascongados, que se encuentra en las Crónicas de Alfonso III, es muy escueta: "Uascones reuelantes superauit". El término "reuelantes" siempre se refiere a las subversiones interiores que sucedieron en el Reino astur y que tuvieron su fundamento en ambiciones personales y no en pretensiones étnicas. A la inversa, tal expresión nunca se utilizó para identificar los conflictos entre reinos. La importancia de la cita está en que es la primera vez que el etnónimo "vascones" o "Vasconia" aparece en España referida a un territorio fuera del ámbito navarro.

En las décadas siguientes, los vascongados participaron activamente en las disputas por el trono real. Así, cuando en el 783 Alfonso II fue derrocado por Mauregato tuvo que abandonar Oviedo y refugiarse entre sus parientes maternos: los vascongados. Una vez recobrado el trono, se dedicó a defenderse de los ataques que el Ejército de los Omeyas cordobeses realizaron por constituir el principal exponente de la resistencia cristiana. Durante los años de su reinado, entre los años 791 y 841, los territorios de Álava y Castilla sufrieron las aceifas musulmanas en una docena de ocasiones, ya que la calzada romana que seguía el valle del Ebro era una vía de entrada despejada para las incursiones militares.


REINO DE ASTURIAS CON ALFONSO II


En el 850, Ordoño I tuvo que hacer frente a una sublevación de los alaveses, que contaban con el apoyo de los Banu Qasi, según quedo escrito de manera escueta en la Crónica de Alfonso III: "prouincie Uasconie ei reuellauir". La calificación de "prouincie" indica  la situación administrativa del territorio con respecto al Reino astur.

Durante el reinado de Alfonso III, entre los años 866 y 910, las relaciones con los vascongados de Álava sufrieron encuentros y tensiones. La Crónica Albeldense recoge que el rey asturiano tuvo que hacer frente en dos sublevaciones: "Uasconum feritatem bis cum exercitu suo contriuit atque humiliauit". La Crónica de Sampiro ampliaba la información de la primera de estas rebeliones, efectuada en el año 868, explicando que no hubo un enfrentamiento bélico, sino que los insurrectos mostraron vasallaje al rey cuando comprobaron la superioridad de sus fuerzas. Álava se instituía como un condado, cuyo conde era un representante regio en la zona que estaba apoyado por magnates locales.

Bajo el nombre de Vela Jiménez aparece el conde de Álava, en el año 882, rechazando a los musulmanes ante los muros de la fortaleza de Castro Cellórigo (La Rioja) y colaborando con Diego Rodríguez, conde de castilla, en la defensa de la fortaleza de Pancorbo (Burgos).


PLACA CONMEMORATIVA DE LA BATALLA DE CEROLLIGO


Vizcaya no aparece referenciada en los textos, salvo en la Crónica de Alfonso III. Su territorio se extendía en los siglos IX y X entre las cuencas de los ríos Nervión y Deva y estaba supeditada al Condado de Álava por ser esta una región de mayor importancia estratégica para el Reino asturiano. Era un territorio secundario con una baja densidad poblacional y una economía dedicada a la ganadería bovina y a la pesca fluvial. Las incursiones normandas obligaron a sus gentes del litoral a guarnecerse en las montañas interiores.

No obstante, la estructura administrativa del Reino astur se extendía con seguridad por tierras vizcaínas y en las primeras décadas del siglo X ya aparecía identificado uno de sus señores: Monnio de Vizcaya. Era un magnate vinculado personalmente a Pamplona por su matrimonio con la hija de Sancho I Garcés Velasquita.

La situación de Guipúzcoa durante los siglos IX y X es prácticamente desconocida. De hecho, su primera mención data del año 1025, pero basándose en datos eclesiásticos se comprueba que estas tierras estuvieron vinculadas en al ámbito religioso a la diócesis de Dax y posteriormente, a partir del año 830, a la de Bayona, con lo que habría que especular con una inclusión al Reino franco, quizás desde tiempos visigodos. La pérdida de la influencia carolingia en la zona durante el siglo IX dejó el terreno libre a Asturias y Pamplona.

A pesar de la carencia de fuentes, no parece sostenible la existencia de una entidad política independiente en la zona. En un documento del año 893 del monasterio de San Julián de Labasal, donde se enumeran las entidades político-territoriales de la zona, no aparecía recogida su presencia. Al igual que en Vizcaya, la población se desplazó hacia el interior ante los ataques normandos, lo que ocasionó la fundación de villas en los valles interiores como Vergara, Hernani y Oyarzun, que empezaron a ser citados en la documentación del Reino pamplonés.