lunes, 13 de marzo de 2017

Sancho III Garcés el Mayor

Rey de Pamplona durante el primer tercio del siglo XI, llegó a gobernar varios condados de los Pirineos y en el Condado de Castilla, por lo que fue llamado Rex IbericusSancio rege Navarriae Hispaniarum, y Imperator totius Hispaniae



SANCHO III GARCÉS EL MAYOR


La Hispania cristiana del siglo XI comenzó bajo la hegemonía del Reino de Pamplona. Ya finalizado el siglo anterior, los monarcas pamploneses copaban todo tipo de influencias en los territorios cristianos hispánicos. Los necesarios acercamientos entre estos para establecer un frente común ante los incesantes ataques de Almanzor dieron como fruto alianzas que estrecharon lazos entre hermanos de religión.

A comienzos de milenio moría García II Sánchez el Temblón. Le sucedía su primogénito heredero, Sancho III Garcés el Mayor, coronado como rey de Pamplona y conde de Aragón en 1004. Como era menor de edad,estuvo bajo la supervisión de un Concejo de Regencia integrado por los obispos de Pamplona y Nájera, por su madre doña Jimena, hija del conde de Castilla, y su abuela Urraca Fernández.

En base a diversos títulos y derechos, extendió su hegemonía política de forma tan brillante que pronto consiguió el dominio o influencia de todos los territorios del norte peninsular. Durante la mayor parte de su reinado, entre 1004 y 1035, fue el soberano más poderoso de los monarcas cristianos de su tiempo, desde León hasta Cataluña.

Heredó el extinguido linaje de Fernán González por su esposa Muniadona (doña Mayor), y en nombre de su mujer pasó a gobernar las tierras castellanas. Cuando cumplió quince años se había extendido por La Rioja, hasta las riberas del Ebro. Por el oeste peninsular, intervino en los asuntos galaicos y extendió su influencia sobre León, mediante lazos familiares reforzados por la autoridad militar.

Por la cordillera pirenaica, heredó el Condado de Aragón y conquistó los Condados de Sobrarbe y Ribagoza, mientras en la frontera del Ebro lograba el vasallaje de los islámicos Beni Qasi de Zaragoza. Al mismo tiempo, conseguía una autoridad política relativa sobre los condes de Barcelona y de Gascuña.

Sancho III ejerció su infancia en el monasterio de San Salvador de Leire, teniendo como residencia habitual al ciudad de Nájera. Se le considera el primer rey europeista, extendiendo sus relaciones más allá de los montes Pirineos, con el ducado de Gascuña, y aceptando las nuevas corrientes políticas, religiosas e intelectuales.

Su reinado coincidió con el declive del Califato de Córdoba. Pretendió la unificación de los estados cristianos, bien por vínculos de vasallaje o bajo su propio mando.


SANCHO III GARCÉS, POR JUAN RICCI, SIGLO XVII


Sancho Garcés III, llamado el Mayor o el Grande, nació hacia 990, siendo rey de Pamplona desde alrededor del año 1004 hasta 1035.

Desde un punto de vista coronímico y socionímico, Sancho III fue un rey pamplonés, pero esa titularidad nobiliaria no indica su lugar de origen y procedencia, es decir, que fuese natural de Pamplona. El gentilicio "pamploneses" también tenía un significado social para identificar a la nobleza del reino, utilizando el término socionímico "navarros" para designar a la población campesina.

Por línea materna, Sancho III era hijo de una leonesa, Jimena Fernández, que a su vez era hija de los condes leoneses Fernando Bermúdez, de la casa de Cea, y de Elvira Díaz, de la casa de Saldaña.

Por línea paterna también abundaba la sangre castellana, pues aunque Sancho III era hijo del rey pamplonés García II Sánchez el Temblón (994-1000), también era biznieto de Fernán González (933-970), primer conde de Castilla, y nieto de la infanta castellana Urraca.

Por tanto, desde el  sentido etnonímico de su origen y pertenencia, tres de sus cuatro abuelos no eran vascones. Y de sus ocho bisabuelos, todos conocidos, uno era aragonés, dos eran navarros y cinco leoneses. Esto fue así porque la dinastía Jimena, que reinaba en Pamplona desde el año 905, había seguido una política matrimonial de enlaces con sus vecinos, particularmente los reyes de León y los condes de Castilla. Por eso, este rey fue crisol de dinastías hispánicas.

Todo lo contrario sucedió con Abderramán III, que tuvo una madre vascona y su padre también, de tal manera que tres de los cuatro abuelos del primer califa de Córdoba eran vascones, es decir, todo lo contrario a lo sucedió con Sancho III, demostrando una vez más la irrelevancia del origen étnico para ser el legítimo titular de un reino.




ANTEPASADOS DE SANCHO III GARCÉS


Su reino estaba formado por varias unidades territoriales:

1. la Navarra primordial, entre los años 1000-1035, origen del Reino de Navarra y centro de la monarquía. Incluían los territorios viejos del reino en torno a su capital Pamplona, llegando hasta el Pirineo navarro al norte. Otra pieza importante era la zona de Estella o Deyo, más reciente. Quedaba excluida probablemente aún la Navarra atlántica, vinculada desde 1066.

2. la Rioja y Rivera navarra, que incluía probablemente La Rioja alavesa, integrada en el Reino de Navarra hasta el siglo XV, arrebatada a Al-Ándalus en la primera mitad del siglo X. Se trata de una nueva zona llana incorporada y ganada por sus antepasados a los Banu-Qasi. Incluían a ciudades como Logroño y Viguera, pero fue Nájera la que tomaría una importancia creciente. Quedaba excluida la parte más meridional del valle medio del Ebro, que se encontraba en poder del Reino de Tudela, en poder de la dinastía de los Banu-Qasi.

3. el Condado de Aragón, entre los años 1000-1035, limitado entonces a los valles más occidentales y septentrionales de la región a la que ha dado su nombre, unido durante el siglo X mediante una vinculación personal, consecuencia de una herencia, al Reino de Pamplona y que conservaba su autonomía. La unión dinástica entre Pamplona y Aragón se dio en dos periodos: del año 1000 al 1035 y del año 1076 al 1134.


TENENCIAS DEL REINO DE PAMPLONA HASTA 1035


Cuando García II murió en el año 1000, el legítimo heredero, Sancho III tan sólo tenía ocho años. Siendo menor de edad, su madre Jimena Fernández y su abuela Urraca de Castilla dirigieron la política del Reino de Pamplona en una regencia. Durante los años 1000 y 1004, la regencia pasó a cargo de su tío materno Sancho Ramírez, quien fuese primo carnal de García II, pero ahora con el título de rey interino.

Con tan sólo doce años, Sancho III fue coronado, pero en la práctica el gobierno efectivo de los primeros años correspondió a su madre y su abuela, que le introdujeron en los intereses de la política de León y de Castilla. Estos precedentes sentaron las bases del interés que posteriormente mostró Sancho III para vincular el Reino de León y el Condado de Castilla a la Monarquía de Pamplona. Su primer acto de relación fue el matrimonio con la hija primogénita del conde Sancho García, Muniadona, efectuado hacia 1010, abriendo posibilidades sobre el control sobre del condado. Esta unión condicionó todo su reinado y la herencia que dejó, ya que las familias reinantes de los reinos de Navarra, Castilla, León y Aragón mantendrían su origen en el mismo antepasado, Sancho III.

En el 1016, Fortún Ochoa de Cameros en representación de Sancho III de Pamplona, y Nuño Álvarez de Bureba en el de Sancho García, establecían mediante acuerdo y conveniencia los límites entre el ambas entidades políticas en el tramo riojano-soriano, frontera que arrancaba desde el monte San Lorenzo hasta Garray. Concluyendo a favor del reino pamplonés las disputas sobre el control de la zona riojana de San Millán de la Cogolla, donde Castilla tenía gran influencia desde los tiempos de Fernán González, como se puede comprobar en la documentación del monasterio.

En el 1017, Sancho García de Castilla moría, quedando vacante su puesto. Su heredero legítimo García Sánchez tan sólo contaba con siete años de edad, lo que propició la intervención de Sancho III. Cuestionado por muchos nobles castellanos y por el rey leonés Alfonso V, Sancho III apoyó a su cuñado García Sánchez. Este ganó el condado y Sancho III adhesiones dentro de Castilla. Durante esta actuación, Sancho III se vio momentáneamente frenado por la actuación de al-Mundir, máximo gobernador de Zaragoza. Esta intervención y tutela política sobre el Condado de Castilla fue más fácil cuando Alfonso V de León murió en 1028, siendo su heredero Bermudo III menor de edad para reinar. Aprovechando la coronación de este rey leones, Sancho III medió para que se casara con una de sus hijas, Jimena, de esta forma establecía una nuevo vínculo de parentesco entre ambas dinastías.


SANCHO III GARCÉS


En el 1028, García Sánchez ya era mayor de edad para gobernar, pensando en la opción más beneficiosa para Castilla solicitó la unión matrimonial con Sancha, hermana del rey Bermudo III de León. Cuando las nupcias se encontraban a punto de celebrase, los Vela, una familia de magnates alaveses enemistados con el linaje dominante en Castilla, asesinan al conde castellano García en presencia de su prometida y del propio rey Sancho III. De nuevo intervino el pamplonés en la resolución de aquella situación, casando a su hijo Fernando con la joven leonesa.

De esta manera tan peculiar se fue construyendo el futuro Reino de Castilla y Sancho III vinculando este condado bajo la órbita de influencia del Reino de Pamplona, a través de los derechos de su esposa Muniadona, la hermana del conde muerto, convirtiéndose en conde de Castilla en 1029. Aunque es verdad que quiso delegar el gobierno en su hijo Fernando, un niño todavía en aquel año, y que se convertiría en el futuro primer rey de Castilla.

Desde 1030, aparece rigiendo sobre las tierras del Condado de Cea"Regnante rege Sanctio in Ceia et rege Ueremudo in Legione". Este territorio además entraba dentro de su influencia, ya que la madre de Sancho III era hermana del conde de Cea Pedro Fernández, muerto alrededor del año 1028.

Al final de su vida, en 1034, ejerció el poder sobre León, llegando militarmente sobre Astorga y León. El 21 de diciembre de aquel año, restauró la sede palentina encomendando al obispo Ponce la organización de la misma.

Sancho III fue prohijado por algunas viudas castellanas, como doña Goto y doña Oneca que le hicieron donación a título privado de sus cuantiosos patrimonios, los años 1028 y 1031. Esta práctica algo habitual sirvió para acrecentar el poder de Sancho III en el Condado de Castilla.

En la escritura de sus documentos utilizó el romance navarro-aragonés más que el euskera, y dejó que esta lengua se perdiera en tierras de La Rioja, de Álava y de la Ribera navarra convirtiéndola en una lengua tan vasca como el euskera hace ya siglos.

No fue la lengua castellana la que recortase el uso de la lengua euskalduna en Euskal Herria, ya que el Condado de Castilla tan sólo era una pequeña entidad nacida del impulso navarro, sino los reyes de Navarra. Así lo explicaba fray Bernardino de Estella, este historiador escribió que los euskaldunes reyes navarros "se dieron mucha prisa en adoptar la lengua castellana para redactar sus documentos, adelantándose unos 60 años a los mismos reyes de Castilla".


ALEGORÍA DEL TESTAMENTO DE SANCHO III GARCÉS


Bajo su mandato, el Reino cristiano de Nájera-Pamplona alcanzó su mayor extensión territorial, abarcando casi todo el tercio norte peninsular, desde Astorga hasta Ribagorza. De hecho, Sancho III pretendió la unificación de los estados cristianos peninsulares, bien por vínculos de vasallaje, de matrimonio o bajo su propio mando.

Reforzó las posiciones de la Rivera riojana. A comienzos de su reinado, tanto el poder regio como importante monasterios como el de Leyre, Albealda o San Millán, cumplían un importante papel en las riberas del del Ebro como motores de repoblación y de organización agraria y del espacio rural. Fijó Nájera como su residencia principal y la añadió por primera vez a la titulación de los reyes de Pamplona. Esta predilección alcanzó su apogeo con su hijo García III Sánchez el de Nájera.

Este desplazamiento del eje del reino hacia el Ebro, en detrimento de la cuenca de Pamplona y las montañas pirenaicas, tuvo sus efectos culturales e identitarios. El componente linguístico vascón fue quedando como originario y reducto en las zonas más norteñas, adoptándose el reino a una más acusada centralidad del componente mozárabe, monástico, latino y, por tanto, culturalmente castellano. Así pues, el Ebro y La Rioja fueron prioridad para Sancho III como lo habían sido para sus antepasados de la dinastía Jimena.

Gracias a su vinculación al Reino de Castilla, incorporó a su reino los territorios vascongados: las tenecias de Álava y de Guipúzcoa, y el Señoría de Vizcaya.

Intervino en los Condados de Sobrarbe y Ribagorza, que fueron anexionados al Reino de Pamplona, o en situación de subordinación semejante a la que ya tenía el Condado de Aragón. El Condado de Sobrarbe, asolado por el Califato, fuer incorporado al reino de Pamplona hacia 1015. A la muerte del conde ribagorzano Guillermo Isárnez, en 1017, Sancho III consiguió el poder del Condado de Ribagorza, en base a que su esposa Muniadona era su legítima heredera como nieta de Ava de Ribagorza. El resto del territorio ribagorzano correspondiente a Mayor de Ribagorza en base al reparto de 1010, fue incorporado por el rey de Pamplona hacia 1025.

Haciendo valer sus intereses como descendiente de Dadildis del Pallars, no dominó pero si ejerció influencia en el Condado de Pallars, que hacia 1011 se había dividido en dos, Pallars Jussá y Pallars Sobirá, este último en la cuenca alta del río Noguera-Pallaresa. Además, consiguió el vasallaje del Condado de Barcelona.

También incorporó el Vizconado de Labort, entre los años 1021 y 1023, tras el apoyo al conde de Gascuña, Sancho Guillermo, en su lucha contra el Condado de Toulouse. Y tras morir sin descendencia este, en octubre de 1032, trató de extender su autoridad sobre el Condado de Gascuña, la antigua Vasconia ultrapirenaica comprendida entre los montes Pirineos y el río Garona, aunque finalmente gobernó Eudes:
"Por el Norte, la frontera del reino pamplonés está clara, los Pirineos (caso de haberse extendido la autoridad de los reyes navarros hasta el Baztán, lo que es lo más probable, pero que no se puede acreditar hasta el 1066), y no se modificó. No es cierto, pese a todas las veces que se ha dicho, que Sancho III lograra el dominio de Gascuña (la única Vasconia de entonces, es decir, el territorio entre los Pirineos y el Garona, en el que la población que podemos considerar vasca por su lengua sólo era una minoría). El rey navarro únicamente pretendió suceder en 1032 al duque de Gascuña Sancho Guillermo, muerto sin descendencia, lo que bastó para que en algunos documentos se le cite reinando en Gascuña. Pero la verdad es que la herencia recayó en Eudes."

Desde inicios del milenio, el Reino de Pamplona y su entonces satélite Condado de Aragón se fueron convirtiendo en sociedades feudales. Una aristocracia de barones detentaba la hegemonía social y disponía de señoríos, sobre todo en las zonas llanas al sur de los Pirineos. El Reino de Pamplona estaba ensayando en las primeras décadas del siglo XI un modelo de control territorial surgido en el siglo anterior y basado en castillos regios en los que actuaban nobles que eran delegados de la autoridad regia. Se denominan honores o tenencias y se asemejan a los castillos castellanos epicentro de los alfoces regios. En el caso navarro y aragonés, estos aristócratas que detentaban el honor servían al rey de Pamplona o de Aragón (cuando este fue independiente) y recaudaban tributos para el poder real, pero también consiguieron acaparar un poderoso patrimonio bajo su dominio personal.


FRONTERAS DE ARAGÓN, SOBRARBE Y RIBAGORZA CON SANCHO III GARCÉS


Sancho III organizó el Camino de Santiago, que años antes ya fijó la ruta el eclesiástico Domingo de la Calzada, pero Sancho modificó dicha ruta haciéndola pasar por Nájera, su lugar de residencia. El Camino de Santiago fue establecido por Sancho III como una manera de vertebrar los diferentes reinos cristianos hispánicos, y como una vía de europeización y modo de introducir nuevas culturas, lo que supuso un inmenso aporte económico y cultural en los siguientes mil años. Los peregrinos trajeron nuevas ideas, estilos artísticos modernos y cambios eclesiásticos.

El inicio de su reinado coincidió con el fin del Califato de Córdoba, iniciado a la muerte de Almanzor en 1002 y terminado con el principio de los reinos de Taifas o lugartenencias. Mientras que Al-Ándalus se desvertebraba y dividía, Sancho III pretendió la unificación de los todos los territorios cristianos hispánicos, bien por vínculos de vasallaje o bajo su propio mando, generando una política de intereses comunes.

Años más tarde, pero todavía en el siglo XI, el nieto de Sancho III e hijo de Fernando de Castilla, Alfonso VI, continuó esta labor europeizante y vertebradora de los reinos cristianos peninsulares que empezó su abuelo Sancho. Destacó en tres aspectos:

1. el sometimiento de todas las taifas a un régimen de parias o tributos. Si antes los cristianos pagaban tributo a los islámicos, los hijos de Sancho III serían ahora los que perciban parias de los reinos de taifas, lo que devolvería a los reinos cristianos conciencia de unidad.

2. la integración plena de los reinos cristianos peninsulares en la reforma gregoriana, que significaba la consolidación de la europeidad. Bajo su reinado se introdujo en la península el rito romano, olvidando el mozárabe, y los monasterios empezaron a someterse a la autoridad de Cluny. Rectificó la Ruta de Santiago enviándola por lugares más accesibles en vez de seguir el viejo trazado por sendas norteñas.

3. la devolución a musulmanes y judíos del estatus de religión lícita, aunque sin sobrepasar los límites de una tolerancia.

Sancho III devolvió la idea neogótica "del imperio y del emperador". De su reinado partieron los Reinos de Castilla y de Aragón y él fue por consecuencia el fundador de las dinastías que reinaron, tanto en Castilla como en Aragón. El verdadero sentido de su reinado surgía como uno de los primeros conceptos de una España unificada.

Si en la ascendencia dominó abrumadoramente la sangre no vascona, su descendencia controlaría todos los tronos de la España cristiana. Su reinado sentó las bases para que durante un siglo todos los reyes hispano-cristianos descendieran de Sancho III por línea paterna (dinastía navarra).

Durante el reinado de Sancho III se aprecian los primeros síntomas de una expansión económica, política y cultural de la Plena Edad Media, iniciándose un proceso de europeización y vertebración de los reinos cristianos de España que terminaron sus descendientes. Este reino fue en 1034 una de las potencias cristianas más importantes de Europa occidental.


REINADO DE SANCHO III GARCÉS



Sancho III se convirtió, a principios del siglo XI, en el primer gran europeizador  de los reinos cristianos hispánicos que, hasta entonces, habían estado influidos por su herencia hispano-visigoda y el esplendor de al-Ándalus. El rey pamplonés establece contactos culturales con la cristiandad europea.

Con la Iglesia del condado de Cataluña mantuvo contacto a través de abad de Ripoll, Oliba. La relación con la abadía de la Orden del Cluny también fue muy próspera. Los Cluny lideraron el proceso de reforma de la Iglesia, Oliba supo integrar el espacio español dentro de la reforma gregoriana, que creaban las bases de la europeidad. Oliba mostraba igualmente empeño en extender los movimientos de Paz y Tregua de Dios, demostrando que los reinos españoles contaban con una base jurídica común, que se adaptaba a las nuevas circunstancias marcadas por el Fuero de León y la maduración de las costumbres en Cataluña.

Sancho el Mayor abre sus territorios a influencias europeas, gracias a dicha reforma gregoriana, incorpora a sus reinos la cultura cluniacense, atrayendo a sus dominios a la Orden de Cluny, lo que supuso la implantación del latín en los rituales eclesiásticos, en sustitución del ritual mozárabe vigente hasta entonces.

Posibilitó la introducción del románico francés en la arquitectura de catedrales, monasterios e iglesias como de Silos, de Santiago, o de Pamplona. La catedral de esta última ciudad fue restaurada, en cuyo decreto de restauración habla de "nuestra Patria, España". Bajo su gobierno comenzó a construirse la primera catedral románica, la de Palencia.

A partir de 1025, introdujo en los monasterios del Reino de Pamplona la regla benedictina, imperante en la Europa carolingia, que conoció al ocupar el condado de Ribagorza. Además fomentó la llegada de clérigos catalanes a sus monasterios gracias a su especial vinculación con el abab Oliba.

Fue el primer monarca hispano en viajar al extranjero y entrevistarse con un rey foráneo; también mantuvo importantes relaciones diplomáticas con señores norpirenaicos y con el Papado.

Fomentó la peregrinación a Santiago de Compostela, que constituyó uno de los elementos fundamentales del proceso de europeización. La Historía Silense señala que "puso en mejor circulación el camino de Santiago, puesto que antes los peregrinos tenían que rodear por Álava por miedo a los árabes". Este trasladó el itinerario de la Ruta Jacobea más al sur, pasando por Estella, Los Arcos, Viana, Logroño y Nájera, tal y como se recorre en la actualidad.


CAMINO DE SANTIAGO POR TIERRAS DE CASTILLA Y NAVARRA


Antes de morir Sancho III, en 1035, dividió sus territorios entre sus hijos, dejando en el testamento un reparto más o menos equitativo del territorio según el derecho navarro:

García III de Nájera, como conde de Pamplona-Nájera y primogénito, heredó el Reino de Pamplona, algunas tierras de Aragón, la tenecia de Álava y buena parte del Condado de Castilla (La Bureba, Montes de Oca, Trasmiera, Encartaciones y Castilla Vieja).

Ramiro, como conde de Aragón, se hacía con el control del Condado de Aragón, que se convirtió también reino.

Gonzalo, conde de Segorbe y Ribagorza, reinó en estos señoríos pirenaicos y otros puntos distantes de Aragón. En 1039, fallecía Gonzalo dejando oportunidad a su hermano Ramiro para ampliar las fronteras de un Reino de Aragón cada vez más sólido, que no se conformaba con los primigenios reductos montañeses atreviéndose a bajar al llano dominado todavía por los musulmanes.

Fernando I, como conde de Castilla, obtuvo un mermado Condado de Castilla (la zona burgalesa hasta el Duero), convertido en Reino. Había sido gobernador de estas tierras por delegación de su padre, hasta 1035, desde entonces rey de Castilla, pero contando con la oposición del todavía rey leonés Bermudo III. La pugna se resolvió a unos 20 kilómetros de Burgos, en un paraje llamado Tamara o Tamarón, donde los castellanos derrotaron a los leoneses en septiembre de 1037; en el mismo campo de batalla moría Bermudo III y se impulsaba definitivamente el Reino de Castilla y León.


DESCENDENCIA DE SANCHO III Y LÍNEA SUCESORIA DE PAMPLONA


Así lo sostiene Philippe Sénac:
"On a longtemps supposé, à partir de sources telles que la Crónica Silense ou la Crónica Najerense, que Sanche III divisa son royaume entre ses fils selon des parts qui reflétaient la hiérarchie des droits à l'intérieur de la famille royale. Ramire, né avant le mariage de son père avec domna Muña, la fille du comte de Castille, aurait reçu l'Aragon, puis, suivant l'ordre de primogéniture, García la Navarre, Fernando la Castille, et Gonzalo le Sobrarbe et la Ribagorce. Cette thèse repose sur un document daté de 1035, dans lequel Sanche III remit le territoire aragonais à son fils Ramire, Loarre, San Emitier et les villas qui en relevaient à Gonzalo, et Ruesta et Pitiella à García. Cette thèse fut d'abord mise en cause par J.-M. Ramos Loscertales pour lequel elle semblait contraire aux traditions employées á l'époque en matière de transmission successorale, puis définitivament rejetée par A.Ubieto. Selon cet auteur, l'emsemble du royaume de Sanche III revint a García; Fernando reçut le titre de comte de Castille, Gonzalo de regulus en Sobrarbe et Ribagorce, et Ramire celui de regulus en Aragon."

Algunos autores como Tomás Urzainqui sostienen que:
"Sancho III el Mayor no tuvo que adjudicar nada a su hijo Fernando en forma testamentaria, ya que el condado de Castilla lo había recibido éste, en 1029, directamente por los derechos de su tío el "infant" García, derechos que habían correspondido a la madre de aquél doña Mayor». De hecho, Fernando tras la muerte de su tío García Sánchez en León aparece en la documentación como conde de Castilla: «regnante rex Sancio In Legione et comite Fernando in Castella", "Fredinando Sánchez comitatum gerente", "regnante gratia Dei, principe nostro Sanctio et prolis eis [sic] Fredenandus comes."

No obstante, la herencia de Sancho el Mayor ha sido motivo de polémica entre los historiadores, dado que algunos no aplican el derecho navarro a dicha herencia. Así José María Lacarra afirma que:
"Lo cierto es que la tradición jurídica pirenaica, establecida ya en el siglo X por la dinastía de Sancho Garcés, se basaba precisamente en la no desintegración del Reino, es decir, en transmitir al sucesor todos los territorios. En el Reino de Pamplona, territorios distantes como Aragón y Nájera se mantienen bajo las mismas riendas a la muerte de Sancho Garcés I (905–925). Ahora bien, aun cuando el primogénito era el único que heredaba los bienes patrimoniales, es decir, el Reino, con los acrecentamientos que éste hubiese obtenido, el deseo de dotar a los demás hijos había introducido la costumbre de constituirles un patrimonio con bienes territoriales que podían trasmitir a su herederos, aunque sin desvincularlos del Reino, ya que éstos estaban sometidos a la fidelidad debida al Soberano, y los bienes eran tenidos "sub manu" del primogénito."

REINO DE PAMPLONA CON SANCHO III Y DIVISIÓN TERRITORIAL EN 1035




El caso castellano fue el más complejo de todos los territorios. Se desconoce si fue voluntad de Sancho III, pero lo cierto es que después de su fallecimiento, al Condado de Castilla se le habían amputado, en favor del Reino pamplonés, las tierras de Castilla Vetula, las de Oca y Bureba y las de Álava, este último singularizado dentro del Condado unitario de Castilla. Es posible que en vida, Sancho III hubiera dividido en dos el Condado, entregando a Fernando la parte occidental con el título de conde, y a García la parte oriental. Habría considerado a la parte oriental de Castilla como una ganancia más de Pamplona, como lo había sido en tiempos La Rioja. Estos habría ocurrido también, por lo tanto, con Castella Vetula y el Condado de Álava. Es posible que las tierras de la Bureba y Oca se añadieran a la ganancia navarra ya después de Sancho III, cuando Fernando I, que accedió en 1037 al trono leonés, tuvo que contar para ello con el apoyo del rey pamplonés, que quizá no fue gratuito. En cualquier caso, esta frontera nueva, que rompía la unidad fraguada por Fernán González y sus sucesores, destruyendo la identidad dada a Castilla por sus condes autóctonos, evidentemente a corto plazo favorecería a García III Sánchez, a Pamplona frente a Castilla, pero creó grabes problemas en las décadas siguientes.

De este reparto surgió la nueva estructura política de los siglos XI y XII, con los reinos de Navarra, Aragón, Castilla y León. La Reconquista cobraba una insospechada dimensión añadiendo a esto la disgregación en pequeños reinos de taifa del Califato de al-Ándalus.

Fernán Pérez de Guzmán, historiador y poeta castellano del siglo XIV, sobrino del canciller de Ayala y tío del marqués de Santillana, escribió sobre la descendencia de Sancho el Mayor de Navarra los siguientes versos, bajo el título de Loores de los claros varones de España:

"De Navarra subcedieron
a Castilla los que oy son
nobles reyes de Aragón:
desta línea descendieron.
Los castellanos ovieron
a su fijo don Fernando;
al que, en Aragón reinando,
don Ramiro le dixieron.
Gran razón es que se lea
e relate por fazaña
que si en los reinos de España
el menor Navarra sea,
es de gran gloria que vea
quien de su generación
a Castilla et Aragón
las impere y las posea"


LAUDA SEPULCRAL DE SANCHO III


Su lugar de enterramiento aún constituye objeto de controversia, puesto que tanto el burgalés Monasterio de San Salvador de Oña como el leonés Panteón de los Reyes de San Isidoro tienen tumbas que afirman corresponden a este monarca, y fuentes escritas que documentan ambos.

Aun así, la mayoría de los historiadores consideran que Sancho está enterrado en monasterio abacial de Oña, donde habían sido sepultados los últimos condes castellanos. Este templo fue construido durante su reinado, en el 1011, de gran belleza y riqueza, tiene 80 metros de largo y 20 de altura.

En la Capilla Mayor se conserva la arqueta de oro y plata con los restos de San Íñigo el benedictino, al que el rey de Pamplona ordenó marchar de San Juan de la Peña a Oña para ordenar y dirigir la construcción del monasterio. El sarcófago del rey Sancho III Garcés posee los escudos de sus reinos, es decir, Navarra, Castilla y Aragón. También figura el nombre de Sancho Abarca, en recuerdo sin duda de su antecesor, el rey Sancho "Abarca".

A su lado el sarcófago de su esposa, la reina Munia o doña Mayor, la que organizó bajo su mandato la construcción del puente de Puente la Reina y de la iglesia de Fromista, ambos en el Camino de Santiago.


MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE OÑA

PANTEÓN REAL CON SEPULCROS DE SANCHO III Y MUNIADONA


Sancho III realizó el primer Imperio Hispánico cristiano durante la Reconquista y fue denominado Rex IbericusHispanis RexRex Navarrae Hispaniarum, y llegó a utilizar el título de Emperador al ocupar León.

Rex Hispaniarum "Rey de las Españas" es el título que aparece, por ejemplo, en el acta de traslación de su cuerpo a San Millán, el 14 de mayo de 1030. Al igual que Alfonso III de León, que se autodenominó Imperator Totius Hispaniae, el objetivo de los reyes navarros, compartida con otros reyes peninsulares, no era construir un Estado vasco sino reconquistar España, la Hispania sometida en esos momentos a los invasores islámicos. Buena prueba de ello es que llegó a acuñar moneda en Nájera con el título con dicho título: Imperator Totius Hispaniae. No era un título de emperador al estilo romano, pues esa titularidad correspondían al Sacro Imperio y Bizancio en Oriente, sino como el soberano de los reinos españoles, rey sobre reyes y condes cristianos peninsulares. A pesar del precedente de Alfonso III sin continuidad, Sancho III inauguró este título de "rey de España"; sus sucesores repitieron hasta hacerlo habitual durante dos siglos.

Los reyes pamploneses emparentaron con aragoneses, asturianos, leoneses y castellanos en un intento de hacer avanzar la empresa reconquistadora común. Era un rey navarro el que en el decreto de restauración de la catedral de Pamplona se refería a "nuestra patria, España" hace poco menos de un milenio. A los reyes hispano-visigodos Witiza y Rodrigo los denominó "nuestros predecesores y antepasados". Por lo tanto, Sancho III el Mayor se definía a sí mismo como emperador de las Españas y heredero de los visigodos. Y se definía "el Mayor" o "el Grande" como era norma entonces, un término que se había aplicado a Carlomagno (Carlos el Grande, o Carlos el Mayor) y a algunos de los Papas.

Existe una moneda atribuida a su reinado con la inscripción Imperator acuñada en Nájera. Pero dicha moneda sería un ejemplar único y actualmente es considerada posterior a Sancho III, tratándose de una emisión del reinado de Alfonso VII de León. Por tanto, también hay historiadores que creen que el título de imperator carece de fundamento.

Al final de su vida era llamado Sancius rex in Aragone et Pampilonia, in Suprarbi et in Ripacorga, in Nagera et in Castella et in Alava.


SANCHO III GARCÉS EL MAYOR


Un eclesiástico contemporáneo suyo fue Oliba, el abad de Ripoll, suprema autoridad religiosa en aquellas tierras y personaje de gran prestigio intelectual. En una carta que le escribió en el 1030, este abad catalán calificó a Sancho III como Rex Ibericus, que significa "Rey de toda Iberia", título simbólico y honorífico en representación a su enorme conjunto territorial.

Otro eclesiástico catalán, Bernardo, que fue elevado por el rey pamplonés a la dignidad de obispo de Palencia, escribió, al narrar la historia de la sede palentina, que el monarca navarro "mereció justamente ser llamado rey de los reyes españoles".

Por el mismo tiempo, un cronista francés llamado Rodulfus Glaber le definía como Sancio rege Navarriae Hispaniarum que significa "Sancho, rey navarro de las Hispanias", que extendió su autoridad al total de los reinos cristianos de la península.

Cuando en 1034, Sancho III fue coronado con el título de rey de León se hizo llamar Rex Dei gratia Hispaniarum, que significa "por la gracia de Dios, rey de los españoles" y lleva implícito que su reinado es sobre todos los reinos cristianos ibéricos independientes. En los documentos del burgalés monasterio de Oña, donde fue enterrado junto a los últimos condes castellanos, se le llamó Sancius, Gratia Dei, Hispaniarum Rex.

La acepción Dei Gratia, algo usual en la práctica francesa, viene a significar que su derecho a reinar tiene un origen divino. Y es que se le atribuye a Sancho III la introducción en España de la fórmula de "rey por la gracia de Dios", consecuencia de la teoría paulina del origen divino del poder y llamada a tener una gran trascendencia.

El calificativo de "mayor" apareció por primera vez en una biografía de Santo Domingo de Silos, escrita en 1089-1091. Su autor se refiere a García III Sánchez como Filius Sancii regis Maioris. "Hijo del rey Sancho el Mayor".

Sólo los autores árabes le dieron el título de Malik al-Bashkunsh, rey de los vascones, reutilizando una denominación étnica arcaica procedente de los autores clásicos.

Desde Galicia hasta el Condado de Barcelona, jamás un rey hispánico cristiano había alcanzado tanto poder desde tiempos del Reino Hispano-visigodo.


ESTATUA DE SANCHO III EN PAMPLONA


Desde principios del siglo XXI, se está haciendo un uso mal interpretado de la figura de Sancho III como gran "señor de los vascos".

El "señor de los vascos" procede de la traducción castellana de un fragmento árabe de la crónica Ibn-Bassâm, del siglo XII, en la que se refiere a Sancho III como sahib al-bashkunsh. Fragmento que publicó el arabista holandés Dozy en sus Recherches sur I "histoire politique et littéraire de l" Espagne pendant le Moyern Age (1860, 1881).

Dozy tradujo la expresión árabe "bashkunsh" por el francés "basques" y los traductores españoles de Dozy tradujeron a su vez "basques" por "vascos". Lo hizo concretamente el doctor Antonio Machado y Álvarez, que publicó en castellano las Recherches de Dozy en varias ediciones desde 1850.

Esta traducción es incorrecta, debido a que desde la aparición en castellano desde el siglo XIII hasta el siglo XIX, la palabra vasco significaba basque, o sea vasco de Ultrapuertos, vascofrancés diríamos hoy. La palabra vasco se empezó a utilizar para denominar a navarros, guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos hasta el siglo XIX. Decir que Sancho III era "señor de los vascos", como expresión del siglo XI-XII, equivale a decir que era señor de los vascos de ultrapuertos.

Posteriormente se publicó la crónica de Ibn Hayyan,  Al-Muqtabis fi ajbar balad al-Andalus, en la que se refiere a Sancho III como amir al bashkunsk. En esta crónica comenta la llegada a la Corte de al-Hakam II de dos embajadores de Sancho, y al nombrar al rey, se lee un frase que se debe traducir, inequívocamente, así: "Sancho hijo de García emir de los vascones". Concretamente, la expresión literal árabe que emplea Ibn Hayyan es amir al-bashkuns.

Traducir amir como "señor" es un error, porque para este concepto pertenece el término sahib, como denominaban al Cid Campeador. Cid proviene del término árabe sahib que significaba señor, mientras que emir proviene del término amir que significaba rey o magnate.

Difícilmente puede entenderse que Sancho III fuese considerado un caballero o señor de los vascones, sahib al-bashkunsh, como lo fue Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, cuando en realidad fue rey o magnate, por lo tanto deberían considerarle como un emir, amir al bashkunsk.

Pero tampoco es tan descabellado traducir las crónicas en las cuales se refieren a Sancho III como "señor de los vascos de Ultrapuertos" con el termino de sahib, pues en el siglo XI, el significado de "señor" es el de persona con derecho de señorío, delegado por alguien superior, un rey o magnate. Y ese rey o magnate superior a Sancho III, que delegó la autoridad de señorío sobre los vascones del  vizcondado de Labort fue Sancho Guillermo, conde de Gascuña, que tampoco fue tal autoridad delegada, sino una gran influencia y poder de decisión, ganadas especialmente en el apoyo que Sancho III ofreció al conde en su lucha contra el Condado de Toulouse en 1021-1023. Y tras morir sin descendencia este, trató de extender su autoridad sobre la Gascuña, pero la herencia recayó en Eudes.

Aún hay más sobre la traducción de la expresión de Ibn Hayyan, amir al-bashkuns, como "emir" o "jefe de los vascones", pues en el siglo XI y en lengua árabe, se denominaba bashkuns no solo a los vascones, sino a todos los habitantes cristianos del noreste peninsular, incluidos los de la llamada Marca Media, como Soria, y excluidos los catalanes, denominados ifrany "francos" y se les asimilaba a los cristianos del sureste de Francia. Para los habitantes del noroeste de la península, de toda la costa cantábrica y de la parte reconquistada de la meseta, hasta Burgos, se les denominaba yilliqi "gallegos".


MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE LEIRE


Los árabes tenían un conocimiento geográfico de los habitantes de la península realmente impreciso y lejano. Al-Idrisi, en el siglo XII, llama yilliqi, a los habitantes de todo el norte peninsular incluyendo a los de León y Bayona. El geógrafo Al Himyari sitúa en esta región la ciudad de Burdeos.

Estos tres nombres: yilliqi, bashkuns ifrany, tampoco pueden traducirse de sus términos latinos de los que proceden: "gallego", "vascón" y "franco", porque se usaban para denominar a las gentes de áreas muy amplias e imprecisas, variaban de un autor a otro. Da la impresión que los árabes emplean estos términos para referirse a los tres territorios con un poder establecido: León, Pamplona y la Marca catalana-aragonesa. Los cronistas árabes llegaron a llamar a los habitantes del norte peninsular reconquistado con nombres como "los cristianos", "los bizantinos", o incluso con insultos, y a algunos de sus monarcas como "rey de los cristianos", cuando en realidad, cristiano lo fueron todos.

Basándose en este "descubrimiento", poco riguroso en el análisis de los textos escritos por los cronistas árabes, y más impreciso todavía en la traducciones e interpretaciones de sus traductores, sobre la consideración de que Sancho III era "señor de los vascos", el Ayuntamiento de Fuenterrabía, tomó la decisión de dedicar un monumento al "Rey del Estado vascón".

Gran error por parte de este ayuntamiento considerar al Sancho III rey de un Estado, en este caso el de Pamplona. La palabra "estado" se ha empleado, equívocamente, por los historiadores, para referirse a una unidad política soberana, desde tiempos de la polis griega o "ciudades-estado".

Lo cierto es que para la mayoría de los historiadores del pensamiento político insisten que esa denominación es errónea, y es mejor evitarla cuando se refiere a unidades políticas soberanas antes del siglo XVI. La denominación "estado" nación en el siglo XV en relación con el desarrollo de la administración real y de su "judicialización"; de igual manera que sería un error denominar "nación" a una unidad política soberana antes del siglo XIX, pues dicha soberanía todavía no estaba en poder de su ciudadanía.

Hay un problema añadido y es que los príncipes cristianos de la reconquista no admiraban a los vascones, sino a los visigodos, de quienes se consideraban sus sucesores legítimos. Pretendían demostrar su descendencia visigoda como derecho a recuperar el viejo Reino, invadido por los islámicos. A Sancho III lo hicieron descendiente de un mítico Pedro, duque de Cantabria, descendiente a su vez de Leovigildo y Recadero, según expone la Historia Silense, escrita en el siglo XII. Su autor pretendía considerar al rey castellano-leonés, Alfonso VI, proveniente de godos, haciendo preceder a uno de sus antecesores, Sancho III, como otro más.


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