FUNDACIÓN DE LOS PRIMEROS FUEROS


FUNDACIÓN DE LOS FUEROS DE JACA Y ESTELLA POR SANCHO RAMÍREZ

El Fuero de Jaca fue cabeza de innumerables fueros copiados, ampliados o mejorados que se recibieron en muchos territorios vascos, otorgados por reyes navarros. Y lo que es más importante, el Fuero de Jaca fue otorgado por Sancho Ramírez, rey de Aragón-Navarra en el año 1077. Desde la perspectiva de relación entre el Reino de Navarra y los territorios vascos, el rey Sancho Ramírez, al otorgar el fuero, era rey no sólo ya de Aragón, sino también de Pamplona. Fue el rey de aragoneses y pamploneses quien por primera vez otorgó un fuero, y que sería el modelo de los futuros fueros navarros y vascos. Sancho Ramírez, nieto de Sancho III el Mayor, estuvo en el origen de aquellos buenos fueros.



SANCHO RAMÍREZ TOMANDO JURAMENTO A SUS HIJOS


La gestación del Fuero de Jaca tiene un carácter más político que jurídico. Durante las décadas de los 60 y 70 del siglo XI, los centros neurálgicos del Reino de Aragón experimentaron la llegada de nuevos pobladores de origen franco y de mucho prestigio en la arquitectura, escritura y artes liberales, así como en ciencia de la Iglesia. Tuvo que ver mucho la Corte de la esposa de Sancho, Felicia, y los cambios en las autoridades eclesiásticas de la reforma de la Iglesia. Las circunstancias históricas convertían al Reino de Aragón en un foco de atracción para los francos de forma pacífica.

Para Sancho Ramírez, era el momento de poner por obra de algún instrumento político que retuviese a los que llegaban y para atraer a otros. Ese instrumento fue la Carta de población del Fuero de Jaca. Una herramienta jurídica establecida para atraer y retener a esa magnífica población de francos y europeos, con esa fuerza cultural que iría aumentando también los recursos humanos y, por tanto, la fuerza militar del reino. Por esa razón se conoce como Fuero de francos en un doble sentido: atraer franceses (francos) y exonerar las transacciones comerciales de determinados impuestos o franquicias.

Consultó el rey Sancho Ramírez a los más expertos en leyes y decidió que el mejor cauce sería aquella carta de población, aquel breve Fuero de Jaca promulgado en 1077.

Las tres líneas de fuerza que vertebran el Fuero de Jaca eran:
1. Dispensar a los habitantes de Jaca de los malos fueros, es decir, pesados tributos y cargas vejatorias para los habitantes.
2. Atraer población de más allá de los Pirineos, mediante la garantía de su libertad y la consideración, tanto de los burgueses como mercaderes en igualdad con los caballeros.
3. Fomentar la adquisición de propiedades privadas y fuertes garantías para su protección.

Este ámbito de libre comercio, que podría se equiparable en la actualidad a un paraíso fiscal, unido al hecho de ser un centro neurálgico del Camino de Santiago convirtieron pronto a Jaca en una gran ciudad y la capital del rey de aragoneses y pamploneses.

El Fuero de Jaca abrió las puertas para asentar la sede episcopal de Aragón en aquella floreciente ciudad. Jaca tendría su obispo, algo imprescindible para ser la nueva capital del reino. Trasladar a Jaca la sede episcopal de Aragón (que no tenía ubicación fija), fue una muestra de la preclara visión del rey.


CATEDRAL DE JACA


En el año 1090, Sancho Ramírez quiso trasladar a Lizarra la experiencia de Jaca, pero su proyecto chocó con los intereses de San Juan de Peña, que prefería asentar la población de los francos en Zarapuz, propiedad del monasterio y también situada en el Camino de Santiago, cerca de Irache.

Sancho Ramírez mantuvo su elección de Lizarra, y para no enfrentarse con los monjes les entregó diezmos de todas las rentas reales, más todas la iglesias parroquiales que se levantaron, más un solar para edificar casa en la nueva población. Los pobladores se establecieron junto al río Ega, en su margen derecha y junto a un castillo que por entonces se llamaba Estella. Todos eran francos, que se fueron agrupando en la parroquia dedicada a San Pedro. No mucho después se desarrollaron dos barrios a ambos lados del primer núcleo urbano, y también habitados por francos.


El Fuero de Jaca fue modelo de Fuero de Estella, otorgado por el mismo Sancho Ramírez en el año 1090. A través de Estella el fuero pasó a San Sebastián y a otras villas en los territorios vascos.



Los artículos del Fuero de Estella son una transcripción literal del Fuero de Jaca, con unas pequeñas variantes, típicas de la ciudad de Estella. Esta fórmula estellesa de Fuero de Jaca se aplicó a otros núcleos urbanos de Navarra donde se instalaron francos. Pero en este fuero había algo identitario y característico, a pesar del origen jacetano.

Las localidades que lo recibieron (Puente la Reina, Olite y Monreal, etc.) nunca tuvieron relación alguna con la ciudad de Jaca para consultas ni apelaciones. Y tales ciudades nunca llegaron a regirse por el Fuero Extenso de Jaca. La gran excepción fue Pamplona, que al recibir expresamente el Fuero de Jaca en el año 1129, acogió todas las innovaciones que habían enriquecido el derecho jacetano en su ciudad de origen. Pero ésta es una cuestión discutida. Según Lacarra, sí que se acudía para aclarar e interpretar el texto de los fueros, pero no en apelación, al menos desde la prohibición de Sancho VII el Fuerte.


En todo caso, sea por el Fuero Breve, sea por el Fuero Extenso de Jaca, hay una cuestión indiscutible que remite el origen de la mayoría de los fueros navarro y muchos de los territorios vascos a la iniciativa y el impulso político del rey aragonés Sancho Ramírez.



EXTENSIÓN DEL FUERO DE JACA






LA FUNDACIÓN DE PUENTE LA REINA Y FUERO DE FRANCOS EN PAMPLONA POR ALFONSO I

Casi a mitad de camino entre Pamplona y Estella, durante los siglo XI y XII se estuvo gestando otro asentamiento en el Camino de Santiago. Era conocido como Puente del Arga, por la proximidad del río. Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona entre los años 1104 y 1134, quiso impulsar este asentamiento concediendo a sus vecinos los fueros, usos y costumbres del Fuero de Estella.

La carta fundacional fue firmada en Milagro en 1122 tanto por el rey como por los obispos de Esteban de Huesca, Raimundo de Roda, Pedro de Zaragoza, Sancho de Pamplona, etc., así como por los señores pamploneses Fortún Garcés Cajal de Nájera y Lope Garcés de Estella.

El territorio del asentamiento se extendía desde el puente sobre el río Arga hasta el llamado prado de Obanos. Se ordenaba a los vecinos construir sus viviendas en el plazo de un año, bajo pena de perder los derechos de posesión del solar. El rey concedió para los pobladores facultad de labrar las tierras que pudieran alcanzar en una sola jornada, incluyendo el tiempo de vuelta a sus casas. Decía el fuero: Y de cuanto podáis trabajar donéis los diezmos para vuestras capillas.

También fue concesión regia la facultad de aprovechamiento de las aguas locales. Igualmente prescribe el fuero otorgado por el rey que se apaciente el ganado, y que se pueda talar leña y madera per totos montes illos in circuito et in totas partes, in quantum in uno die poterites ire et venire. Hay una cláusula final extensiva de las facultades del fuero: para vosotros y vuestros hijos y toda vuestra posteridad.

El nombre de Puente la Reina se menciona expresis verbis en el primer párrafo del fuero: quicumque veneritis populare ad illo Ponte Arga, qui eciam cognominatur de illa Regina…

Unos años más tarde, en 1129, Alfonso I visitaba Pamplona como rey legítimo de los pamploneses. Su llegada generó gran expectación entre sus súbditos. Pamplona era una ciudad en pleno crecimiento demográfico y económico, reinada por el aragonés desde hacía veinticinco años, y desde entonces no había hecho más que acrecentar los territorios de su reino, ganándose un gran prestigio en el terreno militar. Los magnates navarros y aragonés que sabían arrimarse a su corte potenciaron sus carreras, como la del pamplonés Fortún Garcés.

Enseguida pidieron audiencia al rey el obispo de Pamplona y algunos magnates destacados, como por ejemplo el representante de los pobladores francos. Todos sabían que sus decisiones tenían fuerza en España e influencia en Europa. El rey de Pamplona pudo conocer el desarrollo que había experimentado el burgo nuevo, una población en torno a la iglesia de San Saturnino y junto al núcleo primitivo de la Navarrería. Con el paso de los años, los inmigrantes eran una comunidad diferenciada y con carácter propio que pretendían mantener una relación directa con el obispo y con el rey. Intentaron conseguir derechos y libertades frente a los infanzones, clérigos y campesinos de la cuenca de Pamplona y que el rey regulase sus pleitos. Alfonso I escuchó las peticiones de estos artesanos, hosteleros, mercaderes y cambistas de origen franco que enriquecían al reino con su trabajo. Quedó tan satisfecho, que al poco tiempo les concedió carta foral en Tafalla.

El fuero de población establecía que la comunidad de francos quedaría en adelante bajo el señorío del obispo y del rey, y disfrutaría los privilegios de franqueza. La carta foral prohibía asentarse en San Saturnino a clérigos, infanzones y villanos naturales del reino. También se prohibió edificar entre el nuevo barrio de francos y la iglesia de Santa Cecilia, dependiente de Leyre. Los francos no sólo continuarían con su mercado semanal, sino que adquirían el monopolio de la venta de alimentos a los peregrinos. Se autorizaba a los vecinos del nuevo barrio a apacentar ganado y talar madera en la tierra que podían recorrer yendo y volviendo en el día.

El fuero contenía otras varias prerrogativas, pero el rey era consciente de la pujanza de la ciudad de Pamplona. Sabía que los privilegios atraerían más pobladores y engendrarían pleitos, interpretaciones y muchas discusiones. Por tal motivo, ante la previsible burocratización judicial, el rey remitía al Fuero de Jaca. Pero no al Fuero Breve que otorgó su padre, Sancho Ramírez en 1077, sino al Fuero Extenso enriquecido por la casuística y adornado por la jurisprudencia de los último cincuenta años. Y así lo dejó por escrito.


El Fuero Extenso de Jaca abrió una brecha jurídica consolidando una previa diferencia cultural. Había vecinos autóctonos que plantearían agravios comparativos con vecinos privilegiados. En adelante, un hecho diferencial marcaría la vida local. Pero era un fenómeno extendido en muchas ciudades del Camino de Santiago. Además, era un factor de riqueza para el reino y había que aprovechar las ventajas y tratar de minorar los posibles inconvenientes.




LA APLICACIÓN DE LOS FUEROS MODÉLICOS DE LOGROÑO Y JACA


Los fueros vascongados surgieron durante la Baja Edad Media, otorgados por los reyes de Castilla; no existen fueros escritos anteriores a la invasión musulmana. La Corona de Castilla es el origen de los ordenamientos jurídicos forales vascongados, pues nunca hubo fueros a un poder que los otorga. Lo que si existió es un conjunto de costumbres y usos locales conforme a los cuales se formalizó el fuero mediante puesta por escrito, promulgación y sanción soberana.


La recepción de Fueros y la titularidad de villa proporcionaban a los habitantes de las mismas un amplio grado de autogobierno: los fueros daban a cada región vasca leyes locales, impuestos y tribunales independientes. Estos fueros eran diferentes para cada región.

Dentro del Señorío de Vizcaya, existía unas diferencias entre los fueros de las Encartaciones y la Tierra Llana, que poseían el fuero de Vizcaya, y entre los fueros de la ciudad de Orduña y de las villas fundadas en los siglos XIIII y XIV.

Aunque los fueros se trataban de leyes particulares muy variados entre sí, es cierto que se inspiraban unos en otros, que se formaban familias según el modelo que cada territorio adoptaba para reglamentarse y que, bajo su aparente diversidad, presentaban cierta uniformidad normativa peninsular que no respeta las fronteras entre los reinos hispánicos. Por ejemplo, los fueros de Jaca y Huesca en Aragón fueron de una misma familia gestada en el siglo XI.

En otros lugares se aplicó el fuero de otros por considerarlo modélico y eficaz, es el caso del Fuero de Logroño, concedido por el rey de Castilla Alfonso VI en 1095 para favorecer el rápido crecimiento de la población al ocupar la ciudad en una situación fronteriza. Posteriormente, fue mejorado en 1157. Fortalecer esta ciudad concediéndole igualdad jurídica de derechos, libertades y privilegios a sus habitantes, fueran francos o del lugar, suponía fortalecer el reino. Este fuero de población fue modelo para cerca de 80 ciudades más en todo el norte peninsular, suponía una concepción muy moderna de la sociedad y daba un trato de consideración a los peregrinos.

El rey de Navarra Sancho el Sabio se inspiró en el fuero de Logroño para implantarlo en Vitoria, en 1181, durante su ocupación de la ciudad. Y este Fuero de Vitoria fue un nuevo foco de implantación en otras villas, ya que los señores de Haro extendieron a la misma Haro y a todo su señorío de Vizcaya.

En efecto, el fuero modélico de Logroño fue otorgado a varias villas y ciudades de Vizcaya. Valmaseda es la primera villa en recibirlo a finales del siglos XII, en 1199, por el señor de Bortendo, Lope Sánchez de Mena.

En ese tiempo se fijó la estructura territorial de Vizcaya, puesto que se configuraron entonces las villas y las anteiglesias. A finales del siglo XII, el señor de Bortendo fundó la primera villa que fue Valmaseda (1199).

En el siglo XIII, las siguientes villas obtuvieron sus cartas puebla:

Orduña (1229), Bermeo (1236), Ochandiano (1254) y Lanestosa (1287) por Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya.

Plencia/Gaminiz (1299) por Diego López de Haro.


En el siglo XIV consiguieron fueros municipales:

Bilbao (1300) por Diego López de Haro

Portugalete (1322), Lequeitio (1325) y Ondárroa (1327) por María Díaz de Haro

Villaro/Areatza (1338) por Juan Núñez de Lara

Villavicio de Marquina (1355), Elorrio (1356), Guernicaiz (1366), Guernica (1366) y Durango (1372) por Tello.

Ermua (1372), Miravalles/Ugao (1375), Munguía, Rigoitia y Larrabezua (1376) por el infante Juan.


El Fuero de Vitoria, sancionado en 1181 y derivado del Fuero de Logroño, también fue modelo para otras muchas ciudades de Álava y Guipúzcoa.

La fundación de estas villas y la obtención de sus correspondientes cartas-puebla y titularidad empezaron a documentarse por escrito a partir del siglo XIII.

Por otra parte, el Fuero de Logroño también fue implantado en otras zonas del Reino de Castilla, especialmente en Burgos y Cantabria (Castro Urdiales, Laredo, etc.)


El Fuero de Jaca también fue modelo de aplicación a otras villas recién fundadas en Navarra y en Vascongadas. El foro de Jaca fue fundado en 1077 y renovado en 1134. Este fue aplicado en Estella en 1090 y renovado en 1164, a su vez, este Fuero de Estella sirvió de fuero modelo para fundar el Fuero de San Sebastián en 1180. No resulta tan extraño que el fuero modélico de Jaca se implantara en villas de territorios diferentes cuando en aquellas fechas los reinos de Aragón y Navarra estaban unidos bajo un mismo rey, y las fronteras de Navarra llegaban al Cantábrico.

El Fuero de San Sebastián también fue modelo de fundación de los de Fuenterrabía, Rentería, Hernani, Usúrbil, Orio, Zarauz, Guetaria, Zumaya y Motrico.




LA POLÍTICA FORAL DE SANCHO IV Y LA FUNDACIÓN DE LOS FUEROS DE SAN SEBASTIÁN Y VITORIA


Durante la década de 1180, el rey de Navarra Sancho VI dedicó sus esfuerzos a la reordenación de la política interior. Destaca la elaboración de un censo para mejorar la recaudación de impuestos. También concedió fueros a varias ciudades, siendo las más destacadas San Sebastián y Vitoria.

Sancho VI era consciente de la dificultades para el ejercicio de su soberanía en la red nobiliaria de los territorios vascos. En aquel espacio tan señorial quiso intervenir y trató de poner las bases de algunos núcleos francos de población. El enclave escogido para el establecimiento de pobladores francos, en el espacio guipuzcoano, fue San Sebastián. Con el fin de repoblar este puerto, Sancho Vi erigió un burgo aforado al derecho de los francos en la versión estellesa del Fuero de Jaca. El Fuero de Estella tuvo desde el comienzo un carácter identitario, de modo que los recursos y apelaciones surgidos en la aplicación del mismo nunca se dirigían a Jaca, sino que se integraban con el propio derecho estellés. No obstante, el Fuero de San Sebastián, aun derivado del Fuero de Estella, contiene aportaciones originales referentes al derecho marítimo.

La fecha de su aprobación data de 1180, justo un año antes de tratado de paz firmado el 15 de abril de 1179 entre los reyes de Castilla y de Navarra. En dicho acuerdo habían redefinido las fronteras, quedándose el navarro con Álava, Guipúzcoa y Durango. Era lógico actuar sobre estos enclaves estratégicos con la intención de consolidar esas fronteras.

Una de las mejores intervenciones se conseguía atrayendo pobladores. La localidad debía de tener, con anterioridad al fuero, una cierta actividad comercial con las tierras de Gascuña. Como es natural, algunos de los comerciantes gascones pasarían largas temporadas en San Sebastián, y otros estaban dispuestos a establecerse allí de modo permanente. El incremento de pobladores venidos desde Labourd, atraídos por el fuero del rey Sabio, puedo ser la causa de un exhorto del obispo de Pamplona al de Bayona referido a la atención pastoral de los inmigrantes.

Las disposiciones iniciales del fuero regulan la adaptación de la exención de la lezda (un tributo pagado por mercancías) a la navegación marítima. La exención de la lezda, vigente ya en Jaca, regía para la importación de mercancías y tan sólo la podían disfrutar los que eran vecinos, con casa habitada en la población. Ahora se planteaba por primera vez el caso de mercancías importadas por mar. Al parecer, Sancho el Sabio quería incrementar la población de San Sebastián para hacer de aquel puerto el puerto de Navarra. En este sentido, como muchas de las mercancías tenían a Pamplona por destino, dispuso que las que se dirigieran hacia Pamplona se les rebajara la lezda en un tercio.

La parte central del fuero es idéntica y, transcrita del Fuero de Estella, con las mismas prohibiciones para poblar en la villa a clérigos o navarros. En la parte final se desarrolla con originalidad la institución de la fianza, así como la prueba del hierro candente y el hostalage (hospedaje). Hay una mención curiosa acerca del almirante, título que ostentó en la ciudad de Pamplona el representante del obispo en el burgo de San Cernin. El Fuero de San Sebastián se extendería por unos y otros reyes a numerosas ciudades de la costa cantábrica: Fuenterrabía, Guetaria, San Vicente de la Barquera, Zarauz, etc.

El Fuero de Vitoria también se debe al rey Sancho VI de Navarra. Lo otorgó asimismo desde Estella en septiembre de 1181. Estaba dirigido a los pobladores del burgo erigido sobre la antigua aldea de Gasteiz, llamado por el rey Nova Victoria.

El estatuto jurídico era el que disfrutaban los burgueses de Logroño. El Fuero de Logroño, cabeza de otros muchos, fue otorgado por el rey castellano Alfonso VI a la ciudad de Logroño como una extensión del Fuero de Jaca en el año 1095. La innovación principal del Fuero de Vitoria consiste en la admisión de eclesiásticos y de infanzones entre los nuevos pobladores, siempre que se sometan a las mismas obligaciones que los demás burgueses. Estos clérigos de iglesia en territorio aforado no quedaban obligados a ceder la cuarta parte de los diezmos que correspondían al obispo, y podían recibir por manutención hasta un tercio de la renta eclesiástica. En suma, entre otras disposiciones del Fuero de Vitoria, destaca la facultad de los francos para elegir a su propio alcalde y para deponerlo por incumplimiento de las obligaciones de su cargo. Y entre las garantías que se exigen en la adquisición de tierras, está la obligación de redactar un documento por escrito con intervención de testigos.


Sancho VI otorgó otros muchos fueros, destacando en 1164 la renovación del Fuero de Estella, y el Fuero de Laguardia también sobre la base del Fuero de Logroño. El Fuero de Laguardia fue concedido por Sancho VI a San Vicente de la Sonsierra (La Rioja) en 1172. Y desde Tudela, en 1182, extendió el Fuero de Laguardia a Antoñana y Bernedo (Álava). Otra de las fundaciones del rey Sabio fue la del Condado de Treviño (entre Burgos y Álava).



LA FUNDACIÓN DE AZPEITIA

El rey castellano Fernando IV dio permiso a los habitantes del valle guipuzcoano de Iraurgui en el año 1.310 para fundar la población de Garmendia, llamada después Salvatierra, y hoy conocida como Azpeitia. A cambio de una serie de amplios terrenos, estos guipuzcoanos debían pagar al rey de Castilla mil maravedíes, y se otorgó a los mismos el Fuero de Vitoria.

Sin embargo, Azpeitia se desarrolló por entonces con mucha lentitud debido a la vecindad de poderosas familias enfrentadas entre ellas. De hecho, para defenderse de ellas consta que ocho poblaciones vascas de acogieron a la protección de las Hermandades generales de Castilla en las Cortes de Burgos de 1.315, junto con 82 pueblos más de Castilla y León.