TOPONIMIA, SOCIONÍMIA, CORONÍMIA Y ETNONÍMIA


Los nombres de las regiones y etnias vascas se han modificado durante el paso de la historia, siendo actualmente varios de ellos controvertidos. Esta es una relación de topónimos, sociónimos, corónimos y etnónimos que se han utilizado en el pasado o se siguen utilizando en la actualidad, incluidos algunas terminaciones en euskera que se emplean en la lengua castellana. Existen cuatro términos que se han utilizado para denominar al territorio geográfico que ha sido morada histórica de los vascos a ambos lados del Vasconia, País Vasco, Euskadi y Euskal Herria. Etnónimos no equivalentes y cargados de connotaciones políticas de diverso tipo.

1. VASCONIA - GUASCONIA

2. VASCONES

3. BASQUES - VASCOS

4. VIZCAÍNOS

5. PAÍS VASCO - PAYS BASQUE

6. PAÍS VASCO FRANCÉS

7. VASCONGADOS - PROVINCIAS VASCONGADAS

8. EUSKAL HERRIA - EUSKALHERRIA - EUSKAL

9. EUSKADI - LAPURDI
10. EUZKO - EUSKARO

11. ÁLAVA - ARABA, GUIPÚZCOA - GIPUZKOA, VIZCAYA - BIZKAIA

12. REINO DE PAMPLONA - REY DE LOS PAMPLONESES - REY DE NAVARRA

13. PAMPLONESES - NAVARROS

14. HISPANIA - ESPAÑA


MAPA HISTÓRICO DE EUSKAL HERRIA



1. VASCONIA - GUASCONIA

Vasconia es un término geográfico de raíz étnica, como muchos otros de origen latino: Hispania, Lusitania, Aquitania, Britania, Franconia o Sajonia; por tanto posee mayor antigüedad que muchos otros topónimos vasco surgidos en el Medievo (Guipúzcoa, Vizcaya, Álava, Navarra), en la Modernidad (Euskal Herria), y en la Contemporaneidad (Euskadi).

El nombre de Wasconia aparece ya en el siglo VI en las crónicas de Gregorio de Tours y Fredegario. Es en la obra del anónimo cosmógrafo de Rávena (un recuperador de Ptolomeo) donde se intenta delimitar por primera vez su territorio, pero con la grafía Guasconia, referida además a una región que solo en una pequeña parte corresponde a la que en la actualidad se identifica como Vasconia. Aunque el texto del cosmógrafo es confuso, su Guasconia parece designar a la totalidad de Aquitania y a otras tierras al norte de esta, que incluirían la Gironda. La franja meridional de la región, entre el río Garona y los montes Pirineos, es denominada por el mismo autor Spanoguasconia, es decir, Hispanovasconia, pero no se refiere a tierras hispanas, sino a lo que en la actualidad y en la antigüedad se conoce como Aquitania.

Wasconia aparece en el mapamundi de Saint Sever del siglo XI y realizado por el monje Estéfano García. Se ha encontrado en escritos en latín hacia el año 394. Este nombre también remite al histórico Ducado de Vasconia, que se extendía por la actual Gascuña (Gascogne), cuyo nombre deriva de Vasconia, y al menos parte de los territorios vascos franceses contemporáneos.

El topónimo Vasconia ha sido utilizado tanto por nacionalistas vascos como por nacionalistas españoles. Entre los vascos españolistas hay que destacar al eclesiástico vizcaíno Zacarías Vizcarra Arana, uno de los principales impulsores del movimiento cultural de la Hispanidad, que publicó en San Sebastián en 1939 un apasionado elogio a favor de la tradicional españolidad de los vascos llamado Vasconia españolísima. Por la otra parte, el vizcaíno Federico Krutwig Sagredo publicó en París en 1963 un ensayo llamado Vasconia. Análisis dialéctico de una nacionalidad, que constituye una de las principales fuentes de la ideología del nacionalismo revolucionario vasco.

Ante todo el topónimo Vasconia es un cultismo, más utilizado por clérigos e intelectuales como Vizcarra o Krutwig que por el pueblo. Durante el siglo XX fue utilizado como nombre para empresas industriales y publicaciones periódicas, pero no ha arraigado en el discurso político o en el habla popular.

En la actualidad se utiliza fundamentalmente en el ámbito académico, para evitar las connotaciones políticas del término Euskal Herria.


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2. VASCONES

Los geógrafos e historiadores helénico-romanos, como Plinio el Joven y Estrabón, desde el siglo I a.C. aplicaron a las gentes que habitaban aproximadamente el actual territorio navarro un nombre de cuño indígena, sentido étnico y contenido difuso, el de vascones. Llegaron incluso a distinguir a los grupos humanos por sus principales centros de radicación socio-económica y cultural: Aracelli (Araquil), Pompaelo (Pamplona), Andelos (Andión), etc. Los etnónimos bascunes y barscunes aparecen también en monedas ibéricas.

Este etnónimo aparece latinizado en los textos antiguos como un sustantivo masculino imparisílabo de la tercera declinación (vasco-vasconis), aunque a veces puede aparecer como adjetivo. Así, por ejemplo, en el escritor Prudencio (Peristephanon, II): "Nos vasco hiberus dividit" (Nos divide el Ebro vasco).

En cuanto a su origen, se le ha relacionado con Ausci, nombre de una gens aquitana mencionada por César, a la que sitúa en la comarca de Auch, ciudad que habría recibido su denominación de dicha gens.

Los escritores hispano-godos continuaron referenciando a este grupo humano con el etnónimo de vascones, pero sin mantener una circunscripción territorial de perfiles precisos. Los cronistas galo-francos se apropiaron del etnónimo vascones para referirse exclusivamente a los pobladores de los territorios suroccidentales del Reino Merovingio, desde la cordillera de los Pirineos hasta el curso del río Garona. Esta región terminó llamándose Vasconia, de donde derivaría Gascogne, Gascuña.

Durante la Monarquía galo-franca e hispano-goda, las demarcaciones territoriales periféricas a su control, los condados, tomaron el nombre de las sedes episcopales, levantadas a su vez sobre anteriores municipios romanos, civitates, centros urbanos con importantes áreas de influencia a su alrededor: Pamplona (Pompaelo, Pamplilona) y en los bordes meridionales Calahorra (Calagurris) y Tarazona (Turiaso).

Los tratadistas árabes recurrieron con frecuencia al arcaísmo Baskhunish, para designar a los habitantes de Pamplona. En el siglo X, llamaban Yabal al-Baskuni, "monte de los Vascones" a los Pirineos, y la región pamplonesa consta en frecuentes textos árabes como Bilad al-Baskunas "país de los vascones".

Los círculos cultos de Al-Ándalus describían Pamplona, Banbaluna, como el centro del territorio que había dado nombre, aislado y escaso de medios de subsistencia, habitados por gentes, Baskhunish, avezadas de pobreza a las acciones depredadoras, que se expresaban en Al-Bashkinya, y los consideraba infieles y paganos por su profundo cristianismo, como certifica San Eulogio a mediados del siglo IX.

Los cronistas del Reino de Asturias, a finales del siglo IX, reservaron el etnónimo vascones para los súbditos de la Monarquía asturiana en los confines alaveses, Alaba, e incluso aplicaban los arcaicos corónimos de Vardulia (provincia Varduliensis) y Vasconia (provincia Vasconiae).

Durante la fundación del Condado de Castilla dentro del Reino de Asturias, se repoblaron numerosos enclaves castellanos con población vascona, como prueban los siguientes topónimos: Báscones del Aguas, Basconcillos del Tozo y Bascuñana, en Burgos; Báscones de Ojeda, Báscones de Ebro y Báscones de Valdivia, en Palencia; e incluso Báscones de Grado, en Asturias.

MONEDA ROMANA WASCONES



3. BASQUES - VASCOS

A finales de la Edad Media, vizcaínos, navarros y vascos eran términos que se referían a tres poblaciones distintas: vascongados, navarros y aquitanos, respectivamente.

El etnónimo vascos se empleaba desde el siglo XI y hasta entrado el siglo XIX, únicamente para designar a las gentes de Ultrapuertos, a los basques, es decir, a los vasco-franceses de lado norte de los Pirineos. Por vascos hay que entender a los naturales de la región de Aquitania, tanto a los de los actuales territorios vascofranceses, como a los de Bearn, las Landas, Bigorre y el valle del Garona. En las diferentes variedades del gascón, dialecto occidental de la lengua occitana, sus hablantes se siguieron denominando a sí mismos vascos (gascou, bascou) como lo hacía Michel de Montaigne, que se definía (en latín) como Gallus Basco (galo vasco, forma retórica de decir vascofrancés).

Por tanto, desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, era muy raro que un guipuzcoano o un vizcaíno fuera llamado vasco en el Medievo o en la Modernidad.

Los naturales de los territorios vascofranceses propiamente dichos se llamaban a sí mismos vascos tanto cuando se expresaban en patois como cuando lo hacían en eusquera: bascoac; etnónimo comprobado ya en las Linguae Vasconum Primitiae, de Bernard Dechepere (1545). No así los de la Navarra española y las Vascongadas, que comenzaron a hacerlo mucho más tarde.  
En el siglo XVII todavía se entendía por vasco solamente lo vascofrancés. Fueron Johann Gottifried Herder Wilhem von Humbolt quienes, a finales del siglo XVIII, comenzaron a usar el término vascos (en su equivalente alemán baskischen) en un sentido nuevo, inclusivo, para referirse a los vascos de España y Francia.

En 1818, y en Auch (la antigua ciudad de los Ausci), se publicó la Historia de las naciones vascas, de Juan Antonio de Zamácola, un afrancesado vizcaíno. La literatura romántica, unida al interés que despertó en Europa la Guerra Carlista de 1833-1839, contribuyó a difundir la idea de una identidad vasca única a ambos lados del Pirineo.

Resultó en tal sentido decisivo la obra de Joseph-Augustin Chaho, una figura menor del romanticismo francés, sulentino de origen que publicó en 1836 una relación de su visita al campo carlista titulado Voyage et navarre pendant l´insurrection des Basques. A partir de Chaho se fue generalizando el uso del término vasco con su nueva acepción entre los escritores españoles. En 1879 se publicó Amaya o los vascos en el siglo VIII, de Francisco Navarro Villoslada (que, en cierto sentido, constituía una réplica al libro de Chaho). Los escritores vascos de la generación de fin de siglo habían leído la novela de Navarro Villoslada en su adolescencia, y utilizaban ya la nueva terminología como algo muy natural. Tanto Baroja como Unamuno recurrieron al vocablo vasco cuando no era necesario especificar el origen local de sus personajes, sean estos vascongados, navarros o vascofranceses.

En el siglo XX, vascos, comprendiendo tanto a los vascos de Francia como a los de España, era ya de uso común en español por gentes de todas las tendencias políticas. Y lo mismo puede decirse de sus términos equivalentes en todas las lenguas modernas.

Además de designar a los antiguos pobladores de Vasconia hasta entrada la Edad Media, vascón se ha utilizado con frecuencia como forma literaria o poética de vasco.


AURRESKU, POR JOSÉ ARRUE



4. VIZCAÍNOS

Durante la Baja Edad Media, a los vascos de España no se les englobaban con un término común. Los de las Vascongadas se dividían en vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses (bizkaitarrak, gipuzkoarrak y arabarrak). En euskera estos términos tenían grafía diferente: vizcaitarrac, bizcaitarrak, guipuzcoarrac, etc. Los guipuzcoanos recibían también otros apelativos, como lepuzcoanos, lepucesguipuces en romance, y lepuzkoarrak y giputzak en eusquera (lepuzcoarrak y guipuçac, según la grafía al uso).

Desde el siglo XVI, se denominaban como vizcaínos a los guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos, posiblemente, porque en el viejo castellano la lengua vizcaína era una forma de denominar el vascuence o euskara. No significaba tan sólo natural de Vizcaya, sino euskaldun.

Todavía en la segunda mitad del siglo XV, el cronista Lope García de Salazar reservaba el nombre de vizcaínos para los hidalgos y se refería a la mayoría de la población del Señorío como simples “moradores”. De manera que vizcaíno, durante los siglos finales de la Edad Media, valía por hidalgo, es decir, por hidalgo natural del Señorío de Vizcaya. Por otra parte, la nobleza vizcaína negaba la condición de vizcainía a los plebeyos.

Al resolverse la crisis social de la Baja Edad Media en las Vascongadas con la derrota de los linajes nobles por las villas, que contaron con el apoyo de la Corona de Castilla, una de las imposiciones de los vencedores fue la nivelación estamental de la totalidad hidalga y convirtiendo, de hecho, las provincias en una behetría cuyos naturales se proclamaban todos nobles.

Como el término vizcaíno reunía los significados de "natural del Señorío de Vizcaya" e "hidalgo", la segunda acepción se independizó de la primera y se hizo extensiva a todos los guipuzcoanos y alaveses. De modo que en la España de los siglos XV al XVIII se consideraba vizcaínos a todos los vascongados, no solo a los de Vizcaya.

La "linda vizcaína" de la serranilla del marqués de Santillana era una alavesa, y el "gallardo vizcaíno" de El Quijote, era un guipuzcoano.

Más rara es la aplicación del apelativo vizcaíno a los naturales de Navarra, aunque alguna vez sucedió así, como en el caso del corsario Pedro Bereterra (1460-1528), roncalés de Garde, que fue conocido por los sobrenombres de Pedro Navarro y de Pedro Vizcaíno. Como la hidalguía étnica de los vizcaínos no se sustentaba en la grandeza del linaje, sino en la pureza racial, vizcaíno pasó a ser también sinónimo de cristiano viejo, y en este sentido restringido emplearon el término los jóvenes que, en vida de Ignacio de Loyola, pretendieron imponer los estatutos de limpieza de sangre. Según el padre Antonio de Araoz, la Compañía solo debería admitir vizcaínos, rechazando a las jente berriac (gentes nuevas, que son conversos y descendientes de conversos).

A finales del siglo XIX, Sabino Arana Goiri se propuso en un principio impulsar un nacionalismo exclusivamente vizcaíno. Bizkaitarra (El Vizcaíno) fue el título de uno de sus periódicos de esa época inicial, y de ahí sacaron sus adversarios políticos el significado peyorativo bizcaitarra, que siguieron aplicando a los nacionalistas vascos hasta la llegada de la Segunda República.


CANTABRIA, VIZCAYA Y GUIPÚZCOA EN LA EDAD MEDIA



5. PAÍS VASCO – PAYS BASQUE

El topónimo País Vasco sería la traducción al castellano de Euskal Herria, y por tanto equivalente a ésta en referirse a los siete territorios. Se trata de una derivación de la denominación francesa Pays Basque, difundida sobre todo en el siglo XIX, y que anteriormente se constata la forma Basque sola, funcionando como sustantivo; por ejemplo, en el famoso mapa de Jean Baptiste Nolin (París, 1704), se lee Mer de Basque.

Este término fue utilizado por primera vez Juan Antonio Zamacola en 1818, pero tendría poca proyección hasta que se empezó a utilizar el de Euskadi. Se popularizó durante todo el siglo XIX, cuando la costa del Labort se convirtió en la zona de veraneo preferida de la burguesía parisina. De hecho, se sabe que fueron Louis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador, y la emperatriz Eugenia de Montijo quienes pusieron de moda las playas de Hendaya y Biarritz entra las clases altas del segundo imperio. Lo de Pays Basque fue una ampulosa forma cortesana de referirse a los Pirineos atlánticos antes de convertirse en reclamo turístico.

Su traducción española no se conserva del todo el sentido original, pero arrastra aún resonancias del pintoresquismo. En España, difundieron su uso los escritores de la Generación del 98, sobre todo Pío Baroja, que publicó en 1953 una vasta descripción geográfica y monumental de la región, tanto de la parte española como de la francesa, con ese título: El País Vasco. Pese a que se halla en la actualidad bastante difundido, se advierte reticencias a emplearlo con la misma amplitud semántica que la atribuyó Baroja, especialmente entre sectores del navarrismo político, opuestos a incluir bajo tal epígrafe al viejo reino.

Por tanto, País Vasco es un galicismo (Pays Basque) introducido en la lengua española a finales del siglo XIX. Integra bajo un mismo territorio político a las tres provincias históricas de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya desde el siglo XIX. Por otra parte, el denominado País Vasco francés engloba a los tres territorios al norte de los Pirineos fronterizos con Navarra: Larpudi, Benavarra y Zuberoa.



6. PAÍS VASCO FRANCÉS

El País Vasco francés es físicamente mucho más suave y dulce que del otro lado de los Pirineos, salvo las cumbres y estribaciones de la gran cadena montañosa. La identidad se manifiesta mucho más en la población, en los tipos, en las costumbres y en el uso del euskera, más extendido en el campo que en la parte española, si bien en perfecta armonía con la utilización del francés, ya que desde el siglo XVI el euskaldún de Iparralde ha demostrado siempre ser un patriota de Francia.

Navarra extendió su dominio en varios reinados a parte del territorio vasco francés y algún rey navarro-aragonés como Alfonso I el Batallador llegó hasta Bayona, puerto ideal para Navarra. La influencia Navarra siempre estuvo presente en las "tierras de ultrapuertos" aún en la larga etapa en la que toda Aquitania estuvo bajo el dominio inglés de los Platagenet.

El territorio del País Vasco francés no está reconocido en la actualidad en Francia como entidad política diferenciada estando englobados en el departamento de los Pirineos Atlánticos, aunque constituyen una región histórico-cultural reconocida. Contiene a tres territorios, que eran provincias políticas existentes antes de la división departamental de Francia durante la Revolución en 1789.

Esta se divide en tres territorios:

Baja Navarra (Nafarroa Beherea, Behenafarroa; Basse Navarre). Esta comarca estuvo vinculada progresivamente a la Corona francesa. Constituye la porción de Navarra que no logró anexionar la Corona de Castilla, manteniéndose bajo la dinastía Foix. Esta casa entroncaría con la de Borbón. Enrique III de Navarra, encabezó el bando hugonote (protestante) en las guerras religiosas francesas, llegando a heredar el trono de Francia con la condición de hacerse católico pronunciando la frase: "París bien vale una misa" y siendo conocido como Enrique IV; la Navarra continental mantuvo aún formalmente la independencia bajo su reinado pero fue incorporada a Francia por su hijo en 1620.

Labort (Lapurdi, Labourd). El nombre de este territorio deriva de la localidad romana de Lapurdum (actual Bayona). Constituyó brevemente uno de los feudos del rey Navarra, como vizcondado pero fue ocupado por los ingleses durante la Guerra de los Cien Años, pasando tras ésta a Francia.

Sola (Zuberoa, Soule). Este pequeño vizcondado pirenaico tuvo también cierta relación de dependencia feudal con el rey de Navarra.


TERRITORIOS HISTÓRICOS DE EUSKAL HERRIA



7. VASCONGADOS - PROVINCIAS VASCONGADAS

Vascongado era el término castellano ya en uso en la Edad Media cuyo significado era entonces el de vascohablante o euskaldun, con independencia de nacimiento o arraigo en las provincias occidentes o en Navarra.

Otras veces se llamaban vascongados a los vizcaínos nacidos en el Señorío de Vizcaya, sin que hubiera tampoco inconveniente. Por ejemplo, se denominaron vascongados, a los vizcaínos que fundaron la Hermandad Vascongada de Lima, en 1612, junto a guipuzcoanos, alaveses, vizcaínos y montañeses de las Cuatro Villas (Castro-Urdiales, San Vicente de la Barquera, Laredo y Santander).

En el siglo XVIII, sin embargo, el término Provincias Vascongadas comenzó a aplicarse a las tres provincias occidentales (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya), y el de vascongados a sus habitantes. Tal uso alcanzó su consagración definitiva con la creación por los ilustrados de la Sociedad Bascongada de Amigos del País. Por tanto, el término vascongado desplazó al de vizcaíno en su extensión más amplia, restringiendo al ámbito referencial de este último solo a los naturales del Señorío de Vizcaya.

En el proyecto de ley de Segismundo Moret de 6 de enero de 1884, se denomina Vascongadas a la región administrativa y política formada por las provincias de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya.

Pero siempre, vascongado ha significado euskaldun o vascoparlante, y es significativo que en 1883, en el periódico catalán El obrero católico, publicado en Manresa, hallasen una carta de Pamplona donde se refieran al dialecto vascongado, hablando inequívocamente el euskera navarro.

Entonces se podía añadir, para mayor confusión, que existía desde la Edad Moderna, la denominación lingüística de por la que titulaban nación navarra. Por lo tanto, dependiendo de dónde estuvieran y con quienes se relacionara, se consideraban simultáneamente, de nación española, de nación vizcaína o vascongada y de nación navarra, todo en una misma persona si fuese necesario.

En los siglos XVIII y XIX vascongado, sinónimo estricto del vizcaíno de los siglos anteriores, conservó todas las resonancias prestigiosas de este, pero, ya en el XX, el nacionalismo vasco lo cargó de connotaciones negativas, hasta el punto de someterlo a un curioso tabú lingüístico. Para los nacionalistas, el uso de dicho término constituye un índice seguro no ya solamente de españolismo, sino de franquismo. 

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8. EUSKAL HERRIA – EUSKALHERRIA - EUSKAL

La expresión Euskal Herria apareció por primera vez en la literatura eusquérica del siglo XVII, y en plural: euskal herriak. En el sentido originario, se denomina euskal herria a cualquier territorio donde el eusquera es la lengua hablada por la mayoría de la población.

Esta denominación procede de la palabra euskara cuando antecede a un sustantivo o a un sufijo: euskal jaiak (las fiestas del eusquera) o euskaldun (hablante del eusquera). Puede reconocerse la forma euskal, que es un derivado de una composición: aizkora "hacha", aizkol apustu "apuesta de hachas", etc.

El significado de herri es el de territorio, comarca, pueblo o aldea; así existe Txorierri (un comarca de pájaros, al este de Bilbao) o Goierri y Beterri (comarca alta y comarca baja, en Guipúzcoa). Herrialde es el equivalente de provincia, o territorio administrativo.

Por lo tanto, euskal + erri, literalmente es "el país del vascuence", donde su uso en plural, euskalerriak, tiene un sentido primigenio "las tierras del vascuence". Euskaldunak es el etnónimo referido a los euskaldunes o grupo de gente que habla el euskera. En la actualidad Euskal Herria significa más bien País Vasco.

Se empezó a aplicar la denominación de Euskal Herria al conjunto de la región vasca en el siglo XIX, por la propaganda carlista durante la primera guerra y por los fueristas durante la Restauración.

En el siglo XX, el término Euskalerria fue el nombre que propugnaron los tradicionalistas y la derecha española frente al Euzkadi o Euskadi de los nacionalistas y la izquierda española. Los carlistas reivindicaban Euskaherria como un topónimo auténtico, frente al artificio desnaturalizado que suponía Euzkadi.

Fue durante la transición a la democracia cuando la izquierda nacionalista vasca, partidaria de la lucha armada de ETA, se apropió del término Euskal Herria (y escrito así) para distinguir su proyecto político, independentista y revolucionario, de la Euskadi burguesa del PNV y la izquierda autonomista. Como consecuencia, la derecha antinacionalista autonomista no ha aceptado esta expresión en su ideario político, topónimo que durante buena parte de los siglos XIX y XX fue la seña de identidad de los sectores más conservadores y opuestos al nacionalismo vasco.

Nombres como Euskaria y Euskeria, creados por los literatos románticos del siglo XIX y apoyados por los fueristas, nunca consiguieron una aceptación social significativa. Eskual-Herría es la forma adoptada en el País Vasco francés debido a su propio dialecto del eusquera, que no fue unificado en el actual y oficial euskera batua del País Vasco español.

El territorio en la actualidad referido como Euskal Herria está dividido en dos partes: Iparralde (lado norte) y Hegoalde (lado sur).

Iparralde es la región vasca continental, formada por Lapurdi, Benavarra y Zuberoa, también llamada País Vasco francés e integrada en el departamento de los Pirineos Occidentales.

Hegoalde está formada por las dos regiones peninsulares de España conocidas oficialmente como: Comunidad foral de Navarra y Comunidad autónoma del País Vasco o Euskadi.

Los topónimos de los 7 territorios o herrialdes que forman Euskal Herria (Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra, Larpudi, Benavarra y Zuberoa) aparecieron durante la Baja Edad Media, sin que significasen lo que hoy significan, ya que los territorios originarios y primordiales no coincidían enteramente con los actuales. Algunos historiadores y lingüistas extendieron este territorio al sur hasta los montes de Oca, la Bureba, parte del Pirineo aragonés y La Rioja inclusive, y al norte incluyendo al Bearn y parte de las Landas francesas.

Su concepción es cultural o lingüística, pues abarca un grupo de territorios históricos en los cuales sus moradores han hablado el euskera en alguna de sus variedades dialectales. Este topónimo designa a un territorio con rasgos culturales bien definidos, por encima de fronteras político-administrativas y por encima también de las diferencias históricas. Su uso ha quedado reflejado durante siglos.


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9. EUSKADI - LAPURDI

Euskadi es la forma actual de un neologismo inventado por Sabino Arana a finales del siglo XIX: Euzkadi. Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco, inventó este topónimo para desterrar el de Euskalerria. En 1895 se produce la ruptura entre el Carlismo defendido por los euskalerriakos, dinásticos y tradicionalistas, que por siempre sólo reconocerán España y Euskalerria, y el Nacionalismo, los anti-forales que sólo reconocen Euzkadi.

El neologismo Euzkadi consta de una absurda raíz, euzko, que el propio Arana extrajo de la palabra euskera, a la que Arana atribuyó con el significado "vasco". Arana interpretó esta invención léxica como una reconstrucción fidedigna del antiguo y genuino nombre de los vascos: euskos. Esta raíz la combinó con el sufijo -ti/-di, aplicado solo a agrupaciones de vegetales, como el caso de pagadi (hayedo), urkidi (bosquecillo de tilos), sagardi (manzanal), etc., por lo tanto, Euzkadi significaría literalmente por "bosque de euzkos".

El idioma materno de Arana, como de la mayoría de los vascos a finales del siglo XIX, era el castellano, el cual, lo escribía con elegancia, sin duda mejor que el vascuence, pero renegaba de él. Pretendía dotar a la nación vasca por él soñada de un nombre vernáculo, darle el sentido de "conjunto de vascos" o algo parecido.

El término de Euzkadi fue un término usado únicamente por los nacionalistas vascos, por lo menos hasta el advenimiento de la II República, y lo entendían como el conjunto de las Provincias Vascongadas, Navarra y los territorios vascofranceses. Fue establecida por primera vez de forma oficial ya iniciada la Guerra Civil, el 1 de octubre de 1936, con el primer Gobierno Vasco de la historia, que, aunque legalmente abarcaba solo las tres provincias que actualmente configuran la comunidad autónoma del País Vasco (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya), solo fue aplicable dicho Estatuto en Vizcaya y la franja occidental de Guipúzcoa, ya que el resto de Guipúzcoa y Álava estaban en manos de los sublevados. Más tarde, fueron los comunistas los que adoptaron este neologismo, debido a la influencia de la doctrina leninista de la autodeterminación de los pueblos, y denominaron a su sección vasca Partido Comunista de Euzkadi.

Durante la dictadura franquista, en la década de los 60, los derrotados en el exilio transformaron Euzkadi en Euskadi. Mientras los partidarios del régimen dictatorial rechazaban este término, los nacionalistas y comunistas lo defendían, y fueron estos últimos durante su refugio y la prensa francesa de izquierdas quienes llevaron el uso de Euzkadi a la zona vascofrancesa, cobrando significado como equivalente estricto de Pays Basque o País Vasco. De esta forma se empezó a asociar Euskadi con País Vasco español y excluyendo a Navarra, y Pays Basque con País Vasco francés.

En la actualidad, según su Estatuto de Autonomía, es uno de los nombres de la comunidad autónoma del País Vasco desde 1979. Por ello su término, desde entonces, de forma generalizada se circunscribe a los tres territorios de esta comunidad que tienen la consideración constitucional de "comunidad histórica".

El término Euskadi es asumido por los constitucionalistas vascos, y por la práctica del lenguaje administrativo común en España, siempre como equivalente a comunidad autónoma del País Vasco. En cualquier caso la mayor parte de los nacionalistas vascos siguen considerando Euskadi como equivalente a Euskal Herria, y siguiendo ese criterio, la dividen en: Euskadi Norte, para referirse a los territorios ya descritos del País Vasco francés, que forman parte de Francia; y Euskadi Sur, para referirse a los cuatro territorios que forman parte de España.

De igual manera que Euskadi, la región del País Vasco francés denominada Larpudi también termina con el sufijo -di. Por tanto, para Arana, Lapurdi significaría "bosque de lapures" o de "lapurdios".

BANDERA CON ARRANO BELTZA Y LAUBURU


10. EUZKO - EUSKARO

Tanto el fuerismo de finales del siglo XIX como el nacionalismo de principios del XX crearon sus propios etnónimos, que gozaron de cierto favor entre los seguidores de uno y otro movimiento. A los fueristas se debe euskaro o éuskaro, muy probablemente inspirado en ibero o íbero. Su vigencia literaria no rebasó los años de la alta Restauración. Como observó Unamuno, se había convertido, ya en la última década del siglo, en sinónimo de "fuerista".

A los nacionalistas no solo se les debe el origen artificial del término euzko, extraído de la palabra euskara o euskera, también el de euzkotar. Al añadir el sufijo -(t)ar a la raíz euzko, crearon dicho término que denota origen o pertenencia a un colectivo familiar o a una determinada población (de ámbito local, regional, nacional o continental).

Con euzkotar (euzkotarra, euskotarra) terminó pasando algo parecido a los que años antes había sucedido con éuskaro: devino un sinónimo exacto de "nacionalismo vasco".



COMARCAS DE EUSKADI


11. ÁLAVA - ARABA, GUIPÚZCOA - GIPUZKOA, VIZCAYA - BIZKAIA

Los nombres de los territorios de ÁlavaVizcaya y Guipúzcoa aparecieron durante la Baja Edad Media, sin que significasen lo que hoy significan, ya que los territorios originarios y primordiales no coincidían enteramente con los actuales. Fueron nombres que aparecieron junto a otros nombres, sin que se sepa cuándo ni quienes idearon esos nombres. Solo se recoge la existencia de esos topónimos a partir de una determinada fecha. Se ignora cómo se constituyeron las cuatro comunidades de Vizcaya, Orduña, Guipúzcoa y Álava, por tanto se desconoce cuándo tuvieron personalidad jurídica propia, y más aún sobre su personalidad política, y mucho más acerca de cómo se concretó o se impuso esa personalidad política, si con "pacto originario" o sin él.

Durante los siglos del Medievo, los tres espacios denominados como Vizcaya, Guipúzcoa y Álava habían comenzado sus propias andaduras políticas y sus respectivos procesos de ensanchamientos, con una historia distinta, cambiando periódicamente de autoridad.

El territorio de Orduña aparece mencionado hacia el año 900, al lado de Vizcaya, a la que hoy pertenece, por lo tanto, se deduce que la actual Euskadi se trató de 4 espacios más o menos pequeños, que posteriormente fueron ampliándose con otros territorios adyacentes.


El topónimo de Álava es conocido desde el siglo VII, pues se trata de un nombre derivado del éuscaro araiiar, que significaba "país entre montañas". Pero la primera referencia escrita como provincia, data de fines del siglo IX, en las Crónica de Alfonso III el Magno, rey de Asturias, refiriéndose a las Tierras Llanas, al norte y este de Vitoria, en el extremo oriental de sus dominios del Reino de Asturias.

Durante los siglos VIII y IX las tierras alavesas, junto a las del norte de Burgos, constituyeron la frontera oriental del Reino asturiano frente a los ataques musulmanes del valle del Ebro. A esta Álava nuclear se sumará otra periférica, integrada por la tierra de Ayala, Treviño, la Rioja Alavesa y la zona al este del río Bayas.

Álava había estado sometida por el príncipe astur Fruela en el siglo VIII, y perteneció al Condado de Castilla en los siglos X-XI. Tras una época fluctuante, por las disputas entre sus reyes cristianos, fue conquistada por el rey de Castilla, Alfonso VIII, en 1199-1200.

Para asegurar el respeto de los fueros, se recurrió al juramento de un pacto originario, llamado Privilegio de Contrato de 1332. Este pacto no fue un compromiso con el rey de Castilla, de quienes ya eran vasallos, sino un concierto entre los propios alaveses divididos en dos facciones: el concejo de Vitoria, un realengo que dependía del rey; y la Cofradía de Arriaga, un señorío, donde el rey tenía delegada su autoridad.

Los de Vitoria y los de Arriaga se disputaban la posesión de cuarenta y cinco pueblos; el rey Alfonso XI medió en el acuerdo por el cual, todas las tierras de Álava se convirtieran en realengo. Álava no se incorporó a Castilla, que ya lo estaba, sino que el rey de Castilla dejaba de delegar su autoridad en la corporación de los Arriaga.




El texto más antiguo conocido que menciona el nombre de Vizcaya se encuentra, como en el caso alavés, en la Crónica de Alfonso III, redactado en el año 883, situada en el extremo oriental de los dominios del Reino de Asturias. Más tarde, a fines del siglo X, aparece en el Códice de Roda el nombre de Munio, conde vizcaíno casado con una hija de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y a partir del XI comenzaron a ser más frecuentes los datos documentales sobre este territorio, observándose su vinculación a la Monarquía pamplonesa, primero, y castellana después.

El topónimo Vizcaya tiene una etimología discutida. La más consensuada es el significado de "cima" o "loma", aunque también se han propuesto otras etimologías, como bits-kaia cuyo significado es "puerto de espuma" o bizi-kaia "puerto vivo".

Vizcaya debió estar unida, en los siglos X-XI, al Condado de Castilla, a cuya corona quedó incorporado, después de un breve paréntesis pamplonés, en 1076. Pero sus señores siguieron actuando con gran autoridad, hasta 1379, en que el Señor de Vizcaya, el príncipe Juan, se convirtió en rey de Castilla.

Antes de que acabara esta centuria, ya se había hecho habitual que, cuando un nuevo señor debía tomar posesión del señorío, se formulara un juramento de homenaje por parte de los principales vizcaínos y de guarda de fueros por parte del señor.



El de topónimo de Guipúzcoa aparece en un documento de del siglo XI, desde tiempos del rey navarro Sancho III el Mayor y el señor de Ipuscua, García Acenáriz. Este territorio se encuentra en el entorno y vasallaje del Reino de Pamplona, tal y como hicieron del testamento que Acenáriz y doña Galga, su esposa, habían otorgado en el año 1025 a favor del monasterio de San Juan de la Peña.

Esta integración, resultante de la actividad política de Sancho III, duró hasta 1076, año de la muerte de Sancho IV el de Peñalén. Durante ese período los reyes pamploneses tuvieron cuidado de reforzar la relación de las tierras guipuzcoanas con las navarras, pero aparecen indicios de que las vinculaciones políticas de Guipúzcoa irían a modificarse: a través de ciertas donaciones de bienes parece existir un cambio de orientación en la relación política del área occidental guipuzcoana, no ya hacia Navarra sino hacia el oeste, hacia Vizcaya, acabando en la autoridad de Alfonso VIII de Castilla en 1200.




ArabaBizkaia y Gipuzkoa son las denominaciones en euskera recomendada por la Real Academia de la Lengua Vasca, usada en documentos oficiales en este idioma, en documentos en castellano, y es la más empleada por los medios de comunicación en español del País Vasco. Es también la denominación utilizada en la versión en euskera de la Constitución española y en la versión en euskera del Estatuto de Autonomía para el País Vasco. Actualmente son las denominaciones oficiales de las tres provincias.

Álava, Vizcaya y Guipúzcoa son las denominaciones en castellano recomendada por la Real Academia Española, usada en documentos oficiales de la Administración central, en documentos no oficiales y, en general, en el ámbito oral y escrito hispanohablante. Es también la denominación utilizada en la versión en castellano de la Constitución española y en la versión en castellano del Estatuto de Autonomía del País Vasco.





12. REINO DE PAMPLONA - REY DE LOS PAMPLONESES - REY DE NAVARRA

El origen de la ciudad de Pamplona fue ajeno a los vascones. El topónimo Pamplona es el resultado del nombre de Pompeyo, emperador romano, Pompaelo escrito en latín, y la palabra iruña, proveniente de ilun, iluna, y que significa "ciudad" en vascuence antiguo.

Por lo tanto, los vascones se referían a esta ciudad como Pamplilona, derivado de Pompael + ilona, y que significaba "la ciudad de Pompeyo", y no como Iruña, que significaba "la ciudad".

Antes de que mediara el siglo IX, Iñigo Arista, de origen godo, aunque cristiano, se convirtió en el señor feudal con autoridad sobre Pamplona y las tierras aledañas. Estaba emparentado con los Banu-Qasi, los caudillos musulmanes de la Ribera, negándose a obedecer al emir de Córdoba, emprendió la Reconquista de España por estas tierras.

A principios del siglo X, Sancho Garcés se alzó como primer Rey de Pamplona. En esta época, no se puede hablar de unidades políticas definidas por un territorio o por una población, sino más bien por unos magnates que dominaban a unas gentes, asentadas sobre un territorio, y que obedecían a un príncipe, princeps, en el sentido latino denominado "principal".

La monarquía instaurada a comienzos del siglo X se denominó Regnum Pampilonae, Reino de Pamplona, y sus reyes fueron reges Pampilonenses, reyes Pamploneses hasta 1076, año tras el cual, los monarcas se titularon reges Pampilonensium, reyes de los Pamploneses.

El término de Navarra aparece en un documento que data de 1087. Tiene que ver con la denominación de navarrus, que debía darse a los campesinos de la tierra sujetos a determinado tipo de servidumbre. Por lo tanto, no se trataba de un etnónimo que refiera a un pueblo, sino de una condición social.

Este corónimo, originado de navarrus, como una acepción franco-carolíngia, derivó en Navarra que significaba "tierra", corónimo acuñado seguramente en Francia, de donde constan las más antiguas referencias literarias. De hecho, la primera referencia escrita del término Navarra data del siglo IX, en la obra Vita Karoli Magni, escrita por Eginardo, en la cual se describen las intrusiones de Carlomagno hasta el río Ebro.

El corónimo Navarra fue adoptado para denominar a las tierras pamplonesas, con la intención de reforzar las diferencias entre éstas y la Vasconia o Gascuña siempre inscrita en la Monarquía francesa. Un cronista francés llegó a calificar a Sancho Garcés III el Mayor de Pamplona en sus relaciones de amistad con Roberto II de Francia, como rex Navarrae Hispaniarum.

Sancho III el Mayor fue rey de Nájera, Pamplona y Aragón, pero que además, en unos casos por relaciones familiares y en otros por mera influencia, tuvo la hegemonía sobre toda la España cristiana, de este a oeste, hasta el punto de que algunos le denominaron Hispaniarum rex, una denominación que no asumirían definitivamente los reyes de España hasta que lo hiciera el emperador Carlos V.

No debe confundirse su hegemonía con su soberanía propiamente regia. Su soberanía se circunscribía a los tres territorios de Nájera, Pamplona y Aragón, como rey. Por tanto, no puede asegurarse que Sancho Garcés III el Mayor fuera soberano de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, ni que diera unidad política a todo este conjunto territorial.

Desde Francia pasaría el conónimo Navarra a tierras peninsulares junto con otros términos importados a la vez por el creciente flujo de peregrinaciones jacobeas y la apertura de mayores relaciones de los monarcas castellanos y pamploneses con magnates laicos y eclesiásticos ultra-pirenaicos.

La Baja Navarra se presenta como tierra de Cisa en 1189 y como tierra de Ultrapuertos antes de acabar el siglo XII. Y es considerada como una prolongación tardía de espacio situado al sur, Navarra.

Por voluntad de Sancho VI el Sabio, el Reino de Pamplona pasó a llamarse Reino de Navarra, en 1162. El rey Sancho dejó de llamarse rex Pampilonensium, rey de los pamploneses, por rex Navarrae, rey de Navarra, probablemente porque cambió la concepción política de la monarquía y pasó a primar lo espacial sobre lo personal. Dentro del reino intentó reforzar su autoridad regia, basando su dominio territorial por encima de la condición social de sus habitantes.

Todos serían ahora navarros, incluidos los nobles o señores Pamploneses, seniores Pampilonenses. Este tipo de alzamiento como rey se había introducido por virtud de la primacía que, desde el regicidio de Sancho IV de Peñalén, atribuyó a los vínculos de índole feudo-vasallática como fundamentación de la realeza, en detrimento de la anterior sacralidad tradición hispano-goda. Para resaltar este nuevo tipo de coronación regia, se creyó necesario cambiar el nombre tradicional del reino de Pamplona por el de Navarra.

Tras la muerte sin descendencia directa de Sancho IV de Peñalén, el reino de Pamplona estaba convirtiéndose en una monarquía dinástica hereditaria, Sancho V, Pedro I y Alfonso I el Batallador, fueron reyes de Aragón alzados como monarcas pamploneses.

Por otra parte, este cambio fue una proclamación de la cancelación del homenaje vasallático prestado por los monarcas pamploneses desde Sancho Ramírez a los soberanos castellano-leoneses Alfonso VI y luego Alfonso VII.

Sin embargo, no llegó a consolidarse en Navarra este crecimiento de poder público encarnado en la figura del rey, intentando ejercer su autoridad directa en los territorios fronterizos que controlaba desde San Sebastián y Vitoria.

En las provincias de Guipúzcoa y Álava no tardó en prevalecer el poder tradicional basado en la nobleza local. Esta nobleza volvió a optar por la soberanía más distante y ventajosa de Castilla, primero en Vizcaya (1175/1179) con Sancho VI, y bajo Sancho VII, en Álava, Duranguesado y Guipúzcoa (1199/1200).

Al término del reinado de Sancho VI el Fuerte, dejando el trono sin sucesión directa, se volvería a las raíces y naturaleza misma del poder público con el pacto ofrecido por la nobleza navarra a Teobaldo I de Champagne.

ESCUDO DE BAJA NAVARRA EN IGLESIA DE SAINT JEAN DE PIED DE PORT

13. PAMPLONESES – NAVARROS

Los cronistas del Reino de Asturias registraron para las tierras navarras el nombre de Pamplona y su región (arva Pampilonensis). Para los analistas carolingios, en torno al año 800, las gentes del Reino pamplonés habitaban en Hispania y son, por tanto, Hispani, y sólo en una ocasión los califican como Hispani Wascones, sin duda por su afinidad lingüística con las poblaciones al norte de los Pirineos.

Estos habitantes de las tierras septentrionales del Pirineos Occidental eran súbditos de la Monarquía francesa y auténticos vascones para los autores francos. Prevaleciendo para los habitantes de las tierras meridionales de aquel tramo pirenaico el término Nabarri o Navarri, acompañado con frecuencia por el de Pampilonenses.

Pero más que simples etnónimos equivalentes, los términos Navarri et Pampilonenses serían probablemente sociónimos, traducciones de la dicotomía funcional propia de las sociedades occidentales de la época. El primer etnónimo asigna las masas campesinas, el segundo asigna la alta nobleza, los seniones Pamplilonenses.

Como la terminación hispano-goda seniores Gothorum, la aristocracia política y militar de la región pamplonesa habría enarbolado, como símbolo de su poderío y fortaleza, el indicador del antiguo municipio romano, temprana sede episcopal, posterior distrito o condado de la Monarquía hispano-goda y primigenia designación para el reino posteriormente instaurado allí. Así lo relatan los cronistas áulicos de Carlomagno y Ludovico Pío.

Estos mismos recogen el significado de Navarri-Nabarri para referirse a la población campesina que trabajaba los pastos y tierra de labor. Y no parece aventurada la hipótesis de relacionar la acepción de nabar con "reja de arado", pues en la religión pamplonesa y en los tiempos de Carlomagno es admisible que se conociera como nabarrus o navarrus al uso habitual del arado para labrar la tierra. La acepción de navarro equivaldría al de arator, y relacionaría el etnónimo de navarro al de la clase social campesina que vive y trabaja de la agricultura.

En ciertos textos forales navarros de la primera mitad del siglo XII aparece el término navarrus como sinónimo de arator, rusticus, "villano" o "labrador", es decir miembro de la masa de población campesina de condición servil.

MAPA HISTÓRICO DE NAVARRA


14. HISPANIA - ESPAÑA

Según Samuel Bochart, el origen del nombre de Hispania, que le dieron los romanos a la península Ibérica, proviene de su anterior denominación fenicia. Es decir, que fueron los fenicios quienes le dieron tal nombre a la península, llamándola I-shphanim (pronunciado Isfanim), que vendría a significar "tierra abundante en conejos", pues era un animal que abundaba en la península y que los fenicios no acostumbraban a ver por sus tierras y fue lo primero que les llamó la atención.

Hay otra hipótesis más reciente, sostenida por Jesús Luis Cunchillos y José Ángel Zamora, quienes son partidarios del origen en la raíz I-span-ya, que significa "isla o costa de los forjadores de metales" o bien "isla o costa donde se baten o forjan metales" motivado dicho nombre por la abundancia de minas en la zona del antiguo Reino de Tartessos. El comercio de los metales, además, era un factor que atraía a los fenicios hacia estas costas, fundando colonias como Gadir o Malaka.

Las sucesivas traducciones latinas de esta I-shphanim derivaron a la Hispania romana. Tras la caída del Imperio romano de occidente y la llegada de los visigodos al territorio hispano, la antigua provincia romana de Hispania pasó a llamarse Reino Hispanovisigodo.

La marca Hispánica fue un conjunto de condados fronterizos establecidos en los Pirineos tras la invasión islámica en la península, denominados por el Imperio carolingio como marcas defensivas.